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LA HORA DE TURQUÍA
   
21 Septiembre 2009, lunes - 16:45:15 . Pablo GÓMEZ
Confieso que llevo tiempo queriendo escribir unas líneas sobre la llamada "iniciativa kurda" puesta en marcha por el gobierno turco del partido AKP, que pretende acabar con un conflicto que ha desangrado el país durante décadas y de paso llevar prosperidad y mayores derechos culturales a la minoría étnica kurda que puebla mayoritariamente el sureste de Anatolia. Antes, sin embargo, de lanzarme a opinar, he preferido esperar a que las distintas fuerzas políticas se fuesen posicionando y a que el tiempo fuese colocando a cada uno en su sitio... y para conseguir eso, el tiempo suele ser bastante sabio.

El pasado sábado 15 de agosto se cumplía el 25º aniversario del primer ataque armado del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), una organización que en 1984 decidió imponer por la fuerza de las armas su ideología “revolucionaria” y su concepto de un estado kurdo que abarcase los territorios de mayoría kurda que incluyen Siria, Irak, Irán y –sobre todo- Turquía. Desde entonces y hasta hoy, hay al menos 40.000 personas –la mayoría de ellos civiles- que han perdido la vida en un conflicto que por desgracia a los españoles no nos es ajeno, pues sabemos bien lo que significa tener que convivir con un grupo de personas –afortunadamente cada vez más pequeño y aislado- que creen que todo está justificado para alcanzar su idea de cómo debe ser su pueblo, su país, su cultura, etc etc etc… y que justifican todos sus actos en virtud de la “represión” del estado, aunque ellos mismos acaben utilizando una violencia igual o mayor que ese estado opresor que denuncian para acallar a todo aquel que no piense como ellos.

No voy aquí a descubrir nada sobre las bases ideológicas y fundacionales de los diferentes movimientos revolucionarios o terroristas –no en España o en Turquía, sino en todo el mundo-, como tampoco quiero establecer un paralelismo entre las situaciones vividas en España y en Turquía con sus respectivos problemas –llamémoslos “étnicos”- y los movimientos armados que han surgido en sus respectivos territorios, pues hay diferencias importantes; no obstante, si sería bueno analizar como ambos procesos han desencadenado en situaciones que actualmente sí son comparables, o que al menos presentan notables paralelismos. Es lo que en biología se llama “convergencia evolutiva”, cuando se acaban desarrollando las mismas adaptaciones a partir de inicios distintos. Es por ello que desde que el gobierno del AKP anunciara su “iniciativa kurda” o “democratizadora” –como han querido resaltar muchos miembros del gobierno turco- España, su transición y su forma de lidiar con los nacionalismos y con el terrorismo a lo largo de estos años haya estado presente en numerosos debates en Turquía sobre la cuestión kurda y sus posibles soluciones. Si bien parece más que improbable que Turquía vaya a adoptar el modelo de organización territorial español –basado en la división en regiones autonómicas con gran independencia del poder central-, es muy probable que la experiencia española le sirva al país euroasiático a la hora de abordar posibles soluciones a ciertas reivindicaciones culturales –y las miradas en Turquía se dirigen especialmente al nacionalismo vasco.

La implementación en Turquía desde hace años de viejas reivindicaciones kurdas, como el derecho a expresarse públicamente en kurdo (que estuvo prohibido desde el golpe de estado de 1980 y hasta el año 1991) o la posibilidad de asistir a cursos de lengua kurda; y más recientemente la apertura de facultades de lengua y literatura kurdas en distintas universidades del país y la puesta en marcha de una radio y una televisión públicas que emiten 24 horas de programación en kurdo, son algunas de las razones que han ido minando con los años las antiguas reivindicaciones del PKK y su apoyo entre la propia población kurda, cansada de un conflicto que sólo ha traído al sureste de Turquía –de mayoría kurda- pobreza, muertes y demasiados asesinatos nunca del todo esclarecidos, o de ver cómo morían sus hijos bien fuera reclutados por el PKK para “luchar” en las montañas, bien alistados por el ejército para luchar contra ese mismo PKK. Todo ello ha causado un hastío entre kurdos y turcos por igual, que mayoritariamente se consideran dos “pueblos hermanos” que sólo buscan convivir en paz y con un futuro mejor para sus hijos que no pase por más derramamiento de sangre inútil. Ese hartazgo no es nuevo en la sociedad turca –que aunque a veces se olvide se compone de 30 etnias distintas, no sólo de kurdos y turcos…-, y nadie puede pensar que la iniciativa del gobierno del AKP es una ocurrencia de última hora si ha seguido la política turca de los últimos años. Hay una reivindicación evidente entre la sociedad de Turquía por poner fin a años de un conflicto que ha desangrado el país y ha lastrado su progreso democrático, social y económico, y por supuesto su ingreso en la Unión Europea.

Como no podía ser menos, ese proceso “democratizador” abierto por el AKP no está exento de obstáculos. A pesar de ese hastío social, es bien conocida la importancia del nacionalismo en Turquía, no sólo a nivel político, y era de esperar que ese nacionalismo reaccionara a un proyecto para solucionar un conflicto que en muchos despierta el miedo al separatismo o la disolución del concepto de nación-estado que surgió tras la I Guerra Mundial y la posterior Guerra de la Independencia Turca. Para aquellos que aún conservan ese concepto trasnochado de nación basada en una etnia y una cultura única, la posibilidad de reconocer otras etnias u otras culturas conviviendo en igualdad suscita miedos y temores que no son fáciles de acallar, aunque su “solución” pase por no hacer nada y mantener un status-quo que sólo prolonga el conflicto y el sufrimiento. Las duras críticas lanzadas por el nacionalista MHP –tercera fuerza política en la Asamblea Nacional Turca-, incluídas las acusaciones de traición y de querer dividir el país lanzadas por su líder Devlet Bahçeli, deben entenderse en ese contexto y por supuesto en clave política de cara a movilizar un electorado nacionalista, especialmente tras los buenos resultados cosechados por el MHP en las recientes elecciones municipales.

Sí resulta más difícil de entender la postura del CHP, segunda fuerza política en el parlamento turco y teóricamente partido socialdemócrata –aun a pesar de su creciente aislamiento entre los socialdemócratas europeos, que le critican que de socialdemócrata no tenga ya ni el nombre- pero que especialmente en los dos últimos años ha iniciado una peligrosa deriva hacia un nacionalismo teñido de patriotismo liderado por su líder, Deniz Baykal, quien a pesar de sus repetidos fracasos sigue tratando de movilizar al electorado recurriendo al miedo a las raíces islamistas del AKP (aun cuando actualmente esas raíces estén ya bastante enterradas...). Hace poco un buen amigo de Ankara -casado por cierto con una kurda, como millones de turcos y kurdos están casados entre ellos en Turquía- no dudaba en calificar de "fascista" a Baykal, y no le faltaban argumentos ni razones aunque yo no quiera llegar a tanto. La evolución experimentada por el CHP sobre este asunto es digna de ser estudiada -diría yo que hasta desde un punto de vista psicológico- y no es más que el reflejo de la deriva ideológica del propio Baykal, quien se debate desde hace tiempo entre lo que realmente piensa y lo que pretende aparentar. Si bien las primeras declaraciones del CHP tras hacer público el gobierno su proyecto apuntaban responsabilidad y buenas maneras, y se mostraba a favor de buscar una solución al problema kurdo, Baykal se ha ido encargado de ir diciendo "no" a cualquier sugerencia que se ha puesto sobre la mesa e irónicamente cuando se le ha preguntado qué estaría dispuesto a hacer su partido ha mencionado iniciativas que llevan ya tiempo en marcha (como los cursos privados de lengua kurda o las emisiones de radio y televisión en kurdo).

Ante tamaño disparate, la única salida del líder del CHP ha sido una vez más recurrir al miedo y presentar en este caso la "iniciativa kurda" del gobierno como un proyecto que pretende acabar con la integridad territorial de Turquía y disgregar el país. De poco sirve que el AKP haya dicho hasta la saciedad que no tocará el carácter de lengua oficial del turco o la organización territorial del estado. Ni tampoco parece sonrojar al señor Baykal el hecho de que el ejecutivo del primer ministro Erdoğan aún esté realizando consultas y no se conozcan los puntos exactos de su plan. La negativa de Baykal a reunirse con el gobierno para tratar este asunto no es sino otra muestra más de empecinamiento antes que de responsabilidad ante un asunto que está entre las primeras preocupaciones de la sociedad turca, según las encuestas.

Pese a semejante sin sentido, soy de la opinión de que el AKP debe seguir buscando -como ya ha estado haciendo- el máximo consenso posible entre los distintos actores de la sociedad turca, aun a sabiendas de que será imposible lograr una unanimidad sin que eso deba frenar las necesarias reformas no sólo sobre el problema kurdo, sino sobre otras muchas cuestiones de actualidad. Aunque podemos dar al nacionalista MHP por perdido -y basta remitirse a sus radicales posicionamientos y a las durísimas declaraciones de su líder, Devlet Bahçeli-, soy de los que creo (quizás ingenuamente...) que aún es posible llegar a algún tipo de acuerdo con el CHP, dejando a un lado a Baykal, y que si no se ha logrado un acercamiento es en parte responsabilidad del gobierno... Llegado este punto me explicaré, porque estas tres últimas frases seguro pueden haber dejado perplejo a más de uno.

Uno de los graves defectos de que sufre este gobierno es que no sabe promocionar bien sus iniciativas, y a menudo comete errores de principiante. Además, en muchos casos hemos visto como pregonaba a bombo y platillo otras iniciativas que luego se han quedado en humo por los obstáculos puestos por la oposición, sin que el ejecutivo de Erdoğan haya sabido reaccionar ni darles un nuevo impulso y optando en cambio por dejarlas aparcadas como si esperara que el tiempo acabase solucionándolas mágicamente u olvidándolas. Me viene a la memoria la prometida reforma constitucional que se iba a emprender tras las elecciones municipales, por citar un ejemplo. Esta falta de respuesta hace que se transmita una imagen de falta de constancia o de inconsistencia de los proyectos, y da pie a que la oposición se envalentone creyendo que puede no sólo boicotear cualquier proyecto político del partido más votado, sino que hasta puede sacar réditos políticos de ello. Es por eso que uno de los errores que en mi opinión cometió el AKP al anunciar la iniciativa pro-kurda fue dejar claro desde el principio que no habría tabúes a la hora de proponer ideas, algo que muchos seguramente consideramos positivo para el debate y la democracia, pero que asustó a muchos poco acostumbrados al debate libre en Turquía y que provocó casi una reacción inmediata entre la oposición nacionalista -y aquí incluyo al MHP y al CHP.

Aunque ese planteamiento pueda ser positivo, el AKP debería haber tenido en cuenta con qué tipo de oposición cuenta en la Asamblea Nacional Turca y utilizar cierta sutilidad para manejar cuestiones que es sabido levantan resquemores en Turquía, lo que habría evitado posicionamientos rápidos como los que hemos visto; además, el gobierno turco no sólo no ha sabido contrarrestar las acusaciones de querer dividir el país y dialogar con los terroristas lanzadas por la oposición una y otra vez, sino que ha dejado que ésta le arrastre a su juego obligando al AKP a estar a la defensiva, cuando debería ser el partido gobernante quien llevase la batuta y plantease al MHP y sobre todo al CHP preguntas clave: ¿no quieren solucionar el problema? ¿qué proponen entonces?... Son cuestiones que podrían poner al partido de Baykal contra las cuerdas, y que deberían protagonizar el discurso político del AKP en estos momentos.

Además de este cambio de perspectiva que dé al gobierno de nuevo la iniciativa, creo que algunas declaraciones hechas desde las filas del CHP apuntan a la posibilidad de hallar puntos en común si el AKP sabe -ahora sí- actuar con tacto y lograr que el principal partido de la oposición salve la cara sin temer perder sus votos más orientados hacia el nacionalismo. Ello implicaría rebajar la tensión política y hacer público de una vez los puntos definitivos del plan del gobierno para solucionar el problema kurdo en Turquía, y seguramente significaría numerosas reuniones -no siempre públicas- en las que Baykal no podría aparecer hasta mucho más adelante, una vez se hubiesen limado asperezas entre las dos formaciones políticas y el líder del CHP pudiese aparecer ante su electorado esgrimiendo ciertas victorias, aunque estas sólo fuesen mínimas y aparentes.

Otro delicado paso que tampoco ha sabido explicar bien el AKP es la decisión de su líder y primer ministro, Recep Tayyip Erdoğan, de reunirse con el líder del partido nacionalista kurdo DTP, a quien muchos consideran la rama política del grupo terrorista PKK. El argumento del partido de que Erdoğan se reunió "en calidad de presidente del AKP, y no de primer ministro" parece bastante flojo si se tiene en cuenta la trascendencia del hecho y las consecuencias del mismo. Teniendo en cuenta que Erdoğan llevaba años negándose a reunirse con el DTP mientras no condenase los atentados y calificase al PKK como un grupo terrorista (cosa que el DTP sigue sin hacer a día de hoy...), no le resultó nada difícil a Deniz Baykal, presidente del CHP, utilizar esa reunión para acusar al primer ministro turco de traicionar sus propios ideales y de querer dialogar con los terroristas en un momento en que la principal preocupación de Erdoğan debería haber sido buscar apoyos entre el principal partido de la oposición. Sea o no la rama política del PKK, lo que está claro es que hay vínculos emocionales -y no sólo emocionales- entre muchos miembros del DTP y la organización terrorista, y que una decisión así ha de ser convenientemente preparada y explicada.

A pesar de ello, entiendo que esa reunión era necesaria -quizás en otro momento y otro contexto más adecuado- para que el único partido kurdo (el único partido de inspiración étnica, de hecho) con representación en el parlamento turco pudiera sentirse protagonista, dado el protagonismo que está cobrando en los últimos años en el sureste de Turquía, una posición que se vino a afianzar aún más en las pasadas municipales. El problema al que se enfrenta ahora mismo el gobierno -y seguramente sea consciente de ello- es que conforme pasa el tiempo y no se terminan de perfilar los contenidos concretos que tendrá su llamada "iniciativa kurda" más incertidumbre se genera; y en el caso del DTP, esa incertidumbre está siendo utilizada ya por la rama más dura del partido, que quiere hacer valer sus posiciones frente a las de su líder moderado, Ahmet Türk; algunas de esas exigencias incluyen que el gobierno se siente a dialogar con el PKK o que se promueva una amnistía general que incluya al mismisimo Abdullah Öcalan, condenado a cadena perpétua... Y eso es algo que ni el gobierno del AKP ni la sociedad turca podrían tolerar.

El ejecutivo de Erdoğan debe saber manejar bien sus cartas y mantener la iniciativa en todo momento, si no quiere que este proyecto tambien se le vaya de las manos y acabe enconando posiciones inamovibles y dando voz a los más radicales e intransigentes en la vida política y social de Turquía. Quizás la experiencia española pueda serle muy útil al país eurosiático, si bien como ya apuntó el propio primer ministro turco la solución será "a la turca", adaptada a las circunstancias, las características y la historia del país... Como no podía ser de otro modo, de todas formas. El debate, en realidad, no ha hecho más que empezar, y no será esta ni la primera ni la última vez que hablemos de este asunto. Por delante le quedan al gobierno casi dos años sin elecciones a la vista, en los que puede arriesgar sin temor a sufrir castigos inmediatos en las urnas y durante los cuales habrá de aprender a lidiar con numerosos obstáculos. No será nada fácil, y para ello habrá de apelar también repetidas veces a la responsabilidad de todos sin excepción, porque es mucho lo que está en juego y de ello dependerá no sólo la solución al conflicto kurdo, sino la evolución de Turquía como nación y su papel en toda la región. Ha llegado la hora de Turquía, de que crezca y madure como nación, de que avance y de un paso adelante en su historia... ¿Cómo acabará todo esto? El tiempo, como siempre, nos dará la respuesta.


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