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Sociedad

El aeropuerto Atatürk comienza a aplicar las restricciones de Trump para viajar a EE.UU.

30-01-2017 - 13:00h. | Hispanatolia

La prohibición decretada el viernes por Donald Trump, que veta la entrada a EE.UU. a refugiados y a ciudadanos de Irán, Irak, Siria, Libia, Somalia, Sudán y Yemen, ha sembrado el caos en aeropuertos de todo el mundo.

El aeropuerto internacional Atatürk de Estambul, el más importante de Turquía, comenzó a aplicar el domingo las restricciones de entrada a Estados Unidos anunciadas por el nuevo presidente del país, Donald Trump, que afectan a refugiados sirios así como a ciudadanos de varios países de África y Oriente Medio de mayoría musulmana.

La entrada en vigor de la nueva normativa obligó al personal del aeropuerto a impedir el acceso a los vuelos con destino a EE.UU. a los pasajeros que no cumplían los requisitos necesarios exigidos por las autoridades estadounidenses, a pesar de que sólo unas horas antes un portavoz de la aerolínea nacional turca Turkish Airlines aseguraba que sus vuelos con destino a los Estados Unidos estaban procediendo sin ningún inconveniente. “Turkish Airlines no ha experimentando ningún problema con respecto a la nueva implementación (normativa) en los EE.UU. Nuestros vuelos continúan según lo programado”, dijo Yahya Üstün, portavoz de la compañía aérea, el domingo.

El pasado viernes Trump ratificó una orden ejecutiva que establecía la entrada en vigor con efecto inmediato de una prohibición –inicialmente durante 90 días- de viajar a los Estados Unidos a los ciudadanos de países en conflicto o que se considera apoyan al terrorismo, incluyendo Irán, Irak, Siria, Libia, Somalia, Sudán y Yemen. Dicha prohibición supone para los ciudadanos de esos países –salvo en el caso excepcional de que posean una tarjeta verde de residencia permanente en EE.UU.- que se les negará la entrada a la llegada al aeropuerto de destino, por lo que cientos o miles de personas podrían quedarse varados en “tierra de nadie”.

La decisión del nuevo inquilino de la Casa Blanca ha creado en cualquier caso un caos equiparable sólo a la indignación que ha despertado la medida, obligando a las compañías aéreas de todo el mundo –incluyendo Turkish Airlines- a aplicar la normativa que prohíbe la entrada a Estados Unidos a los ciudadanos extranjeros que no cumplan los requisitos establecidos por Washington.

El domingo, varios pasajeros en el aeropuerto Atatürk descubrieron de repente y a punto de embarcar en sus vuelos que los billetes que habían comprado para volar a EE.UU. no les servían y que sus documentos y permisos ya no eran válidos; varios de ellos rompieron a llorar de impotencia ante una medida que dejó a muchos extranjeros con visado para entrar en territorio estadounidense, o con residencia temporal y legal en EE.UU., sin poder viajar al país -a pesar de que tuvieran todos sus papeles en regla- por el simple hecho de haber nacido en alguno de los países afectados por la medida.

Tal es el caso de Nail Zaion, un ciudadano sirio de 32 años cuya familia vive en Estados Unidos. “Tengo un pasaporte sirio. Vine aquí (a Estambul) para coger el vuelo, tras reunir todos los requisitos necesarios, pero ahora acabo de saber que mi visado ha sido cancelado. Mi esposa y mi hijo han estado viviendo en los Estados Unidos durante dos años”, dijo Zaion, después de que se le negara el embarque a un avión de Turkish Airlines con destino a Los Ángeles.

Confusión y caos en los aeropuertos de todo el mundo

Y es que la normativa implementada por Trump, una de las más polémicas medidas anunciadas durante su campaña electoral, ha sembrado el caos en aeropuertos de todo el mundo mientras autoridades y funcionarios de aduanas e inmigración trataban de interpretar la nueva ley, a lo que hay que sumar que viajeros con visado para entrar en EE.UU. o con residencia legal –pero no permanente- en el país y que volaban cuando la normativa entró en vigor, se toparon con que al llegar a su destino eran detenidos y se les negaba la entrada en territorio norteamericano.

Para añadir más confusión, una jueza federal emitía el sábado por la noche, apenas 24 horas después de la firma del decreto por parte de Trump, una orden de emergencia prohibiendo temporalmente las deportaciones de personas incluidas en la lista de países “sospechosos” de Trump; la orden, emitida por la jueza de distrito de Nueva York Ann Donnelly tras una demanda presentada por abogados de la Unión Americana de Libertades Civiles a raíz de las primeras detenciones en los aeropuertos, señalaba que se habían violado los derechos legales de los extranjeros detenidos al intentar entrar en el país.

En respuesta, el domingo el Departamento de Seguridad Nacional emitía un comunicado en el que aseguraba que la orden judicial no se aplicaba a la inmensa mayoría de los afectados por la orden emitida por la Casa Blanca, sino únicamente a un número relativamente pequeño de viajeros que denunciaron los procedimientos de seguridad a los que se vieron sometidos al llegar a EE.UU.

Trump por su parte mantiene que su veto a la entrada de refugiados sirios y ciudadanos de los países citados –todos ellos de mayoría musulmana- “no es una prohibición contra los musulmanes”. Sin embargo el programa de acogida de refugiados de Estados Unidos ha sido suspendido inicialmente durante 120 días, y la orden de Trump se dirige especialmente a los sirios, cerrándoles indefinidamente las puertas de EE.UU. a los ciudadanos de ese país, incluyendo a aquellos que huyan de la guerra o por persecuciones políticas.

Precisamente Howard Schultz, presidente y director ejecutivo de Starbucks, anunciaba el domingo en respuesta al decreto de Trump que la conocida compañía de venta de café contratará a 10.000 refugiados durante los próximos cinco años: una contratación que se aplicará en los establecimientos de la cadena de todo el mundo y que empezará por Estados Unidos, donde Schultz explicó que los esfuerzos se centrarán en contratar a inmigrantes de los países afectados por el decreto de Trump “que hayan servido con las tropas estadounidenses como intérpretes y personal de apoyo”. Schultz también defendió la posición de México frente al “muro de Trump” y apostó por “construir puentes, no muros, con México”.

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