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Opinión

Pablo Gómez

Pablo Gómez

Crónicas de Oriente

Egemen Bağış y la estupidez humana

28-06-2013 - 00:00 CET

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No hace mucho que dedicaba uno de mis artículos de opinión al polémico ministro de Turquía para asuntos de la Unión Europea, Egemen Bağış, en el que mostraba mi sorpresa por que un cargo de tal responsabilidad y un puesto de semejante trascendencia para Turquía –el encargado de representar al país euroasiático ante las instituciones de la Unión Europea y negociar con ellas- siguiese estando ocupado por una personalidad como la de Bağış, hombre ajeno casi siempre tanto en sus gestos como en sus declaraciones a la moderación y la autocrítica, carente además del talante necesario para el diálogo, la diplomacia y para saber responder a las críticas –justas e injustas- que llegan desde la UE.

Confieso que ya entonces, acabado mi artículo y publicado, pensé que quizás había sido demasiado duro con el señor Bağış y no había tenido en cuenta su difícil posición haciendo frente a los embates que llegan desde los 27, no siempre fáciles de soportar... Bueno, hete aquí que mientras le daba vueltas a esta y otras ideas en la cabeza un día de finales de mayo decidí acercarme por el Gezi Park de la Plaza Taksim de Estambul... Esa misma tarde la policía turca intervino contra los manifestantes allí concentrados, y luego todos sabemos más o menos lo que ocurrió.

Y claro está, hubo reacciones, y el ministro turco para la Unión Europea habló... Y al hacerlo no sólo zanjó de golpe todas las dudas que me quedaban sobre mi artículo sino que además me trajo a la mente esa conocida frase atribuida al genial científico judío-alemán Albert Einstein: “Sólo hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y no estoy tan seguro de la primera”.

Uno de los grandes problemas que tiene un ministro como Bağış a la hora de ocupar una cartera tan delicada como la destinada a las relaciones con la UE es que, sencillamente, es incapaz de callarse. Entiéndanme bien, cualquiera es libre de decir lo que quiera mientras no lo haga faltando al respeto -y quédense un segundo con este importante matiz- y no seré yo quien le ponga trabas a ningún ciudadano por hacerlo; la cuestión se produce cuando quien habla es una persona con una responsabilidad política, y no digamos ya todo un ministro encargado de la imagen exterior de Turquía ante la UE: en ese caso –como en el de cualquiera que ostente un cargo diplomático o representativo- la reflexión y la medición de las palabras se debe imponer a la pasión y el propio ego... Y es precisamente en este punto, además de en el del respeto, donde el ministro en cuestión es incapaz de contenerse... pese a que lamentablemente, son otros quienes tienen que lidiar con las consecuencias de sus actos.

Analicemos algunas de las reacciones del señor Bağış durante las protestas por el Gezi Park. Cuando el gobierno con el primer ministro Recep Tayyip Erdoğan a la cabeza reaccionó ante las protestas con mano dura, soltando a los antidisturbios para intentar contener las manifestaciones y despejar Taksim, menospreciando a los manifestantes y sus demandas y tildándolos de “vándalos”, hubo obviamente reacciones en la comunidad internacional ante las imágenes preocupantes que transmitieron muchos medios de comunicación y agencias tanto turcas como extranjeras.

El ministro Bağış se sumó entonces al discurso de muchos miembros del ejecutivo turco y arremetió contra un artículo de la revista The Economist que entre otras cosas representó en su portada a Erdoğan ataviado como un sultán -y con una máscara de gas en la mano- haciendo precisamente esa pregunta: “¿Demócrata o sultán?”; no fue una portada insultante, ni se trató de una caricatura o un dibujo grotesco, sino que la portada y el retrato del primer ministro turco como un “Sultán otomano” estuvo hecha con clase y en mi opinión el suficiente respeto, y se enmarca dentro de la libertad que cualquier medio tiene a la hora de seleccionar sus titulares y sus imágenes para sus lectores; pese a ello el ministro arremetió contra ella y contra todo el artículo de The Economist, calificándola de “patética e ignorante” en todo un comunicado oficial de su ministerio en el que concluía expresando su esperanza de que “la elección de The Economist de la portada haya sido el simple reflejo de su habitual ignorancia sobre Turquía, sino del mal gusto”.

Hasta aquí nada grave, salvando el hecho de que la reacción del ministro turco para la UE pareció más un “calentón” y una rabieta por que el famoso semanario británico haya tocado un tema sensible para el gobierno del partido AKP y se haya hecho eco –aunque sea planteándolo como una pregunta- de las acusaciones lanzadas por los manifestantes contra Erdoğan. No podemos obviar claro el hecho de que la web de un ministerio no sea quizás el lugar más idóneo para publicar un texto con un lenguaje como el descrito... Pero dado que quien encabeza esa cartera es precisamente Egemen Bağış, creo que podemos asumirlo como algo “normal” por razones que serían muy largas de explicar y que seguramente ustedes ya han entendido.

Donde ya me cuesta –y estoy seguro que a ustedes también- asimilar que estemos hablando de todo un ministro de Turquía para asuntos europeos, y de un comunicado oficial colgado en una web ministerial de un gobierno, es cuando aproximadamente en las mismas fechas el señor Bağış difundía otro comunicado en respuesta a la resolución aprobada en el Parlamento Europeo el 13 de junio sobre las protestas en Turquía, y a las críticas de varios eurodiputados.

Si comienzan a leer el texto, encontrarán cosas como que los europarlamentarios están haciendo discursos “irresponsables” y “declaraciones absurdas” y que se pide a las autoridades de la UE que les pongan fin; poco más adelante encontramos frases llamativas como que “ciertos miembros del Parlamento Europeo necesitan entender que hacer comentarios tan atrevidos e irresponsables sobre los asuntos internos de Turquía tendrá un precio”, y Bağış les acusa de participar en conspiraciones “nacionales e internacionales” contra Turquía.

Sigamos... si podemos. “Turquía no es una república bananera” puede leerse a continuación al principio de otro párrafo, para después volver a insistir el ministro en que “conocemos los agentes nacionales e internacionales en este complot (contra Turquía)”. Pero les pido sobre todo que lean con detenimiento el siguiente párrafo (traducido también literalmente del texto oficial): “Turquía tiene el gobierno más reformista y fuerte en Europa y al líder más carismático y fuerte del mundo. Si hay alguien que tiene un problema con esto, lo siento de veras. Sólo para aquellos que se sienten abrumados, el liderazgo del primer ministro Erdoğan representa un problema”.

Les voy a confesar que cuando leí por primera vez estas declaraciones, de las que se hicieron eco muchos turcos en las redes sociales, en un primer momento pensé que se trataba de una broma o incluso una manipulación de algún manifestante del Gezi Park. Tuve que ir a la web oficial del Ministerio para Asuntos de la UE de Turquía para comprobar, completamente boquiabierto, que no se trataba ni de una broma, ni de un bulo, ni de un mensaje de la mafia, ni de un comunicado sectario... sino de Egemen Bağış desatado.

Alguien en el gobierno turco debió pensar sin embargo que no era suficiente y que el fuego se apaga no con agua, sino con más fuego; quizás eso explique que se dejara vía libre al señor Bağış para hablar... como sólo él sabe hacerlo. El remate final llegaba cuando en una entrevista televisada poco antes del desalojo de la Plaza Taksim, el ministro Bağış afirmaba sin pestañear que el gobierno tendría que considerar a partir de entonces a cualquiera que permaneciera en Taksim “un simpatizante o un miembro de una organización terrorista”... Una persona que conozco, a la que apenas veo un par de veces al año y que nunca sigue la actualidad de Turquía, llegó para mi sonrojo incluso a mencionarme con preocupación esas palabras textuales de “un ministro turco” cuyo nombre por supuesto desconocía (gracias a Dios, me atrevo a decir). Tal es la repercusión –y la vergüenza- que han supuesto las palabras del señor Bağış, quien curiosamente habla de la mala imagen y el daño que hacen otros a Turquía cuando él es precisamente uno de los que más han estado contribuyendo –y de qué forma- a ello.

El pasado 25 de junio Bağış celebraba una comida de trabajo con embajadores de la UE en Ankara para transmitirles una vez más la versión del gobierno sobre las protestas (con dossier y video incluidos) y justificar de paso su actitud y su respuesta a los manifestantes, repitiendo una vez más esa teoría de la conspiración “nacional e internacional” tras las manifestaciones... Esa que según el primer ministro Erdoğan está también detrás de las nuevas protestas contra el gobierno en Brasil (y supongo que también de las protestas en Egipto, Costa Rica, Grecia, España, China, Irán...). Por lo que ha trascendido a la prensa, los diplomáticos salieron de la reunión diciendo que no les habían mostrado nada nuevo que no supieran ya, ni nada que justificara lo ocurrido y la actitud del gobierno. Quién sabe, puede que ellos formen también parte de la conspiración.

No quisiera tampoco cargar todas las culpas sobre el ministro turco para la Unión Europea. En el fondo la actitud de Bağış –o el mero hecho de que siga ocupando su cargo- no es más que el reflejo de la actitud de un gobierno que en mi opinión ha terminado por perder totalmente el rumbo y al que le han sobrepasado claramente los acontecimientos. La actitud o las palabras de Bağış no difieren mucho de las que ha sostenido una y otra vez en las últimas semanas el propio primer ministro turco–que ha avivado el fuego como pocos- y un ejecutivo en el que el carácter de Erdoğan ha terminado por acallar cualquier atisbo de disidencia dentro y fuera del gobierno, de forma que a menudo da la sensación –y no hay que hacer mucha memoria para corroborarlo- que leyes, proyectos y políticas se dictan y ordenan a golpe de la voluntad personal del primer ministro. En este contexto, personajes y caracteres como el de Bağış se convierten no en anécdota o rareza, sino en la norma e identidad de un gobierno... Aunque a otros nos parezca todo un sinsentido vergonzante.

La semana pasada el famoso pianista y compositor turco Fazıl Say publicaba en la prensa turca una carta abierta a la canciller alemana Angela Merkel –a la que Erdoğan y Bağış le han puesto en bandeja la campaña electoral alemana- en la que le pedía que reconsiderase su postura en contra de la entrada de Turquía en la Unión Europea, afirmando que al adoptar esa postura no sólo estaba siendo injusta con millones de ciudadanos turcos que merecen y aspiran a integrarse en la UE, sino que además con su gesto sólo contribuye a seguirle el juego al primer ministro Erdoğan y sus seguidores. Pero además en su escrito, Say se refería especialmente al ministro turco para la UE criticándolo duramente. “Creo que su nivel cultural es insuficiente (para ser ministro), y que es incapaz de comprender a Occidente”, afirmó el compositor turco en referencia a Bağış, cuyas declaraciones calificó de “nulas”.

No soy precisamente ningún defensor ni fan de Say. Creo que su labor y su talento como artista y músico son innegables, pero jamás subscribiría muchas de las declaraciones que ha hecho sobre otros temas, y sobre todo la forma que tiene de expresar sus opiniones (sin que ello merezca por supuesto una absurda condena a prisión). Por eso mismo, que hayamos llegado al punto en que puedo decir sin atisbo de duda que estoy de acuerdo completamente con las palabras de Say sobre Bağış... puede darnos quizás una idea de dónde nos encontramos, e invitar a la reflexión –espero- y sobre todo a la acción a quienes tienen la tarea de impulsar las relaciones entre Turquía la UE.

De la misma forma que los políticos europeos en Bruselas deben asumir su responsabilidad y cumplir sus compromisos con Turquía, por el bien de la propia UE y de su credibilidad, el gobierno del AKP debería sopesar muy seriamente tomarse en serio las críticas que llegan desde la Unión Europea y el camino hacia ella cuyo inicio marcó en 2005. Y no lo hará, desde luego, con un ministro responsable de las negociaciones de adhesión... que hace una semana afirmaba en rueda de prensa que su país no necesitaba a la UE y que Turquía estaba en posición de poder “mandar a paseo” a los 27.

Einstein tenía razón: es la estupidez humana...

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