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Opinión

Pablo Gómez

Pablo Gómez

Crónicas de Oriente

¿Qué ha sido del viejo AKP?

08-10-2013 - 00:00 CET

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"Echo de menos al viejo AKP, al partido que ganó las elecciones en 2002", confesaba recientemente a un periodista una ciudadana turca, que admitía que seguía votando al partido de Erdoğan pese a las decepciones de los últimos años simplemente porque el resto de partidos no ofrecían ninguna alternativa convincente.

El perfil de esta mujer podría ser el de muchos votantes del AKP, que siguen dando su voto al partido -y ahí están las encuestas para comprobarlo- porque entre las opciones que ofrece la complicada maraña que representa la política turca el AKP, con sus virtudes y sus defectos y al margen de ideologías, representa para muchos turcos no la mejor opción... pero sí la menos mala, dadas las circunstancias y viendo el resto de platos del menú, si se me permite la metáfora gastronómica.

Esa mujer respondía así cuando se le preguntaba por su opinión sobre el último paquete de reformas anunciado el último lunes de septiembre por Erdoğan, y sus palabras pueden ser todo un ejemplo del extraño sabor de boca que han dejado unas enmiendas presentadas a bombo y platillo sobre las que se habían ido soltando pequeñas "pistas" en la prensa desde semanas antes, y que han dejado a casi todo el mundo con una sensación, como dirían los franceses, de "Tout ça... ¿pour ça?": Todo esto... ¿para esto?.

Sin entrar en detalles -ya se han dado muchos- podemos decir que las reformas propuestas por el primer ministro turco abordan tres grandes campos que a su vez representan problemas políticos y sociales de calado en Turquía durante muchos años: libertad para el uso del velo, demandas de la población kurda, y problemas con la ley electoral y la falta de representatividad en el parlamento turco. Y es precisamente al detallar estos tres ámbitos cuando advertimos ya que hay carencias importantes o, por usar una expresión coloquial, que son todos los que están… pero no están todos los que son.

Vemos en primer lugar que no se aborda algo fundamental en cualquier reforma democratizadora: ¿dónde están los cambios en las leyes antiterroristas que eviten que cientos de personas y decenas de periodistas estén en la cárcel o siendo investigados, acusados de "terrorismo" por vínculos y relaciones que a menudo no pasan de la mera sospecha o de tener cierta información de tal o cual grupo?. Desde el ejecutivo a menudo se ha tratado de justificar estas detenciones culpando a unas leyes obsoletas e irracionales sobre esta cuestión... Bien, pues éste era el momento perfecto para enmendar el error, y se ha dejado pasar de nuevo. Tampoco vemos ningún cambio encaminado a abordar todos los problemas y denuncias que salieron a la luz a raíz de las protestas por el Gezi Park de este verano y de la criticada intervención de las fuerzas del orden, pese a que el gobierno aseguró haber aprendido lecciones de lo ocurrido.

Por otro lado y en lo que respecta a las minorías étnicas y religiosas, observamos cambios y avances positivos especialmente en el endurecimiento de las penas por delitos de discriminación por razón de etnia o religión, si bien en este punto creo que Erdoğan puede haber escogido una carta con la que defender también a sus votantes más beatos -algo por otra parte que tiene todo el derecho a hacer. Hay también otros aspectos positivos como la creación de varios organismos destinados al pueblo Roma (la comunidad gitana); sin embargo aparte de eso los gestos hacia las minorías cristianas de Turquía se quedan en la resolución a favor de la exigua comunidad siriaca sobre la disputa por el monasterio de Mor Gabriel, dejando aparcada por contra la esperada y ansiada durante años devolución del seminario greco-ortodoxo de Heybeliada en Estambul.

No son los cristianos sin embargo los que salen más decepcionados con las nuevas reformas, sino irónicamente los musulmanes... Me estoy refiriendo obviamente a la comunidad aleví, una corriente minoritaria del Islam chií que no obstante en Turquía se estima tiene entre 10 y 12 millones de fieles: como minoría -siendo de hecho la principal minoría religiosa del país- siguen sin reconocerse sus instituciones ni sus "cemevi" ("casas de oración"); los proyectos puestos en marcha estos meses para la construcción conjunta de mezquitas y cemevis parecen más un intento de asimilación religiosa y cultural que una solución a los problemas de discriminación que sufre esta "gran minoría" -y así lo han denunciado varias organizaciones alevíes- en un país donde muchos siguen viendo el alevismo por encima del hombro e incluso como una turba de excéntricos e infieles, como viene ocurriendo desde tiempos otomanos cuando los alevíes eran vistos como una “quinta columna” en Turquía de los persas safávidas. La única medida en su favor que se anuncia con las nuevas reformas es la de dar el nombre de un destacado místico aleví del Medievo a la Universidad de Nevşehir... Después del mal gusto con el nombre elegido para el tercer puente de Estambul, y de todas las demandas que los alevíes mantienen desde hace décadas para que se reconozcan sus derechos, el gesto con la universidad parece más que un pobre consuelo una broma... y bastante pesada, por cierto.

Pero incluso si nos fijamos en los tres grandes ámbitos que mencioné al principio, las reformas anunciadas el 30 de septiembre por Erdoğan se quedan muy por debajo de las expectativas, incluso aunque haya que tener en cuenta que para sacar muchas de estas medidas ha tenido que enfrentarse –no me cabe duda- incluso con la oposición interna de miembros de su propio partido.

Aquí sin duda es donde hay que hablar de la introducción del derecho a la educación en lengua materna en los colegios, una de las principales demandas del nacionalismo kurdo pero que con las reformas presentadas por Erdoğan se queda en un "quiero y no puedo". ¿Por qué? Pues porque al permitirse sólo en la enseñanza privada, su puesta en práctica será muy poco viable; si tenemos en cuenta que los principales demandantes estarán en la región sureste de Turquía -habitada mayoritariamente por kurdos- y que ésta es (por razones que sería largo detallar) la zona más pobremente desarrollada del país, es lógico pensar que la educación privada en kurdo sea un lujo al alcance sólo de una minoría salvo por iniciativas altruistas, y que ésta acabe sufriendo el mismo destino que los cursos privados de kurdo, introducidos mediante otra reforma en 2004 y que tras el "boom" inicial acabaron echando el cierre en el 80% de los casos por falta de alumnos. No obstante, y para no ser negativos, hay que pensar también en esta medida como un primer paso en un camino no exento de obstáculos, y tener en cuenta que aquellos primeros cursos abrieron el camino para la introducción de las lenguas minoritarias -incluyendo el kurdo- como asignatura optativa en el sistema educativo público a partir de 2012... Paradójicamente, en todo el país hubo menos de 20.000 solicitudes de alumnos de la asignatura de lengua kurda durante el curso pasado, la mayoría en la región sureste.

Cuestiones como la abolición de la prohibición que regía desde el golpe de Estado de 1980 para que las mujeres que visten el tradicional "velo" o "türban" -el pañuelo con el que algunas mujeres se cubren la cabeza- no pudieran trabajar en empleos públicos o para el Estado, no por esperadas desde hace años dejan de ser positivas en cuanto que suponen poner fin a una discriminación absurda y normalizar legalmente lo que ya es visto con normalidad y tolerancia por la inmensa mayoría de la sociedad turca; no obstante se mantienen las excepciones en el poder judicial y el ejército, baluartes del kemalismo y el laicismo más puritanos, evidencia de que el primer ministro turco no ha querido quemarse aun sabiendo que ya estaba jugando con fuego.

Otras medidas como la despenalización del uso de las letras Q, X y W -presentes en el alfabeto kurdo pero no en el turco- es otra de esas medidas que deberían haber llegado hace años -si no décadas- y que aunque de apariencia baladí, no lo es tanto si tenemos en cuenta que durante décadas sirvió a los sectores más nacionalistas de la judicatura para perseguir y llevar a la cárcel a quienes empleaban la lengua kurda. Lo mismo podemos decir de la supresión del Andımız, el juramento con el que los alumnos proclamaban cada mañana su "turquicidad": otra reliquia nacionalista y pseudo-militarista de los primeros años de la República que sólo echarán de menos los sectores más intolerantes.

No obstante, y pese a que cuestiones como la prohibición sobre el velo o la enseñanza en kurdo hayan tenido un mayor eco mediático tras el anuncio de Erdoğan, en mi opinión el cambio mayor y verdaderamente revolucionario que se ha presentado en esta nueva “tanda” de reformas no tiene nada que ver con todo esto, sino con la representatividad parlamentaria y el pluralismo político; hablo concretamente de la puerta que abrió el 30 de septiembre el primer ministro turco a reducir la barrera electoral del 10% de los votos nacionales para que un partido político pueda obtener diputados en la Asamblea Nacional Turca, que pasa por ser una de las más elevadas del mundo.

Erdoğan dejó abierta al debate la opción de sustituir el actual sistema por otro en el que la barrera bajaría hasta el 5% y se implementaría un sistema de hasta cinco diputados por circunscripción, aunque la oposición es recelosa porque cree que esto beneficiaría al AKP en la mayoría de circunscripciones; la otra opción, nada desdeñable y a la que partidos como el CHP ya se han mostrado favorables, es acabar por reducir a “cero” la barrera electoral y crear un sistema de candidato por distrito, favoreciendo la máxima representatividad parlamentaria. El cambio en ambos casos sería radical y una sustancial mejora respecto a la situación actual –impuesta también tras el golpe militar de 1980- que supone, no lo olvidemos, que por ejemplo casi la mitad de los 31,5 millones de votos que hubo en las generales de 2002 –las primeras que ganó el AKP- se “desecharon”, literalmente, por ir a partidos que no lograron el ansiado 10% de los sufragios. Todo un sinsentido antidemocrático que hace que muchos turcos desistan incluso de votar.

Si a estos cambios le añadimos otro relacionado con este campo e igualmente importante, anunciado también con las nuevas enmiendas, por el cual se reduce del actual 7% a sólo el 3% el porcentaje de votos necesario para que un partido político pueda optar a financiación pública para sufragar sus gastos, tanto éste como la reducción de la desorbitada barrera electoral para entrar en el parlamento abren sin duda una nueva perspectiva sobre la democracia, la representatividad y el pluralismo político en Turquía, pudiendo servir –de llevarse a cabo- incluso de ejemplo para muchos países… Lo que cabe preguntarse entonces es por qué Erdoğan negó, reiteradamente y durante los meses anteriores, que hubiese ningún plan para reducir la barrera electoral. ¿Fue para crear más expectación? ¿Para buscar esa sensación de “sorpresa” que aseguró causarían las reformas? Francamente, se lo podría haber ahorrado.

Desde el propio partido se apresuraron a decir tras la rueda de prensa donde Erdoğan anunció las reformas que no serían las últimas, conscientes quizás ellos mismos de que la sensación generada con lo ofrecido no era buena y menos aún después de toda la expectación previa creada. Pese a que hay cambios positivos la sensación general es que “falta algo”, que una mayoría de turcos “quieren más” y que al ejecutivo del AKP o –quién sabe- al propio Erdoğan le falta aquel impulso reformista de los primeros años. Es toda una paradoja, teniendo en cuenta que lo peor para su partido –intentos de ilegalización, de golpes de Estado, etc- parece haber pasado, y que apenas le quedan obstáculos si verdaderamente quiere sacar adelante unas reformas que, hoy día, siguen siendo tanto o más necesarias que en 2002.

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1 Comentarios

  • Miguel Angel Otero Soliño el Martes, 8 de Octubre de 2013 a las 22:35:02

    Las medidas a favor de las minorías son anécdotas que no merecen ni ser valoradas, solo parece que en el tema kurdo hay avance, lengua kurda debe ser valorada y aceptada como parte del patrimonio turco, pero parece que es solo por intereses electorales. Ademas da la impresión que se premia a la violencia del PKK y se castiga a otros colectivos como el alevi.

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