Hispanatolia utiliza cookies propias y de terceros para garantizar el buen funcionamiento de la web y mejorar la experiencia del usuario. Al seguir navegando, acepta el uso de cookies en este sitio web.

Puede obtener más información o conocer nuestra Política de Cookies aquí.

Cerrar

Publicidad

Opinión

Pablo Gómez

Crónicas de Oriente

Pablo Gómez

Algo más que torpeza diplomática por parte de Holanda

12-03-2017 - 18:00 CET

Artículos relacionados:

Volver

Los fines de semana y especialmente los sábados suelen ser, informativamente hablando, días habitualmente tranquilos en los que los que nos dedicamos al periodismo habitualmente tenemos que rebuscar noticias entre las secciones de sociedad o cultura. El sábado 11 de marzo sin embargo el gobierno del primer ministro holandés Mark Rutte decidió adoptar una decisión que quedará como una de las mayores torpezas políticas y diplomáticas de los últimos años en la vieja Europa. Un trato que desde Ankara no han dudado en calificar como algo inaudito “en 405 años de relaciones” diplomáticas entre Turquía y Holanda.

La crisis estalló después de que el permiso para aterrizar del vuelo que trasladaba a Holanda al ministro de exteriores turco Mevlüt Çavuşoğlu fuese revocado a última hora por el gobierno holandés alegando “motivos de seguridad”, una razón un tanto ambigua; cabe añadir en este punto que Çavuşoğlu pensaba ofrecer un pequeño mitin ante una limitada audiencia en el consulado de la República Turca en Rotterdam –no más que unos pocos cientos de personas que pudiesen caber en el interior del edificio- después de que previamente Holanda revocase días atrás el permiso para un mitin público en la misma ciudad, también bajo el mismo pretexto de la seguridad.

Lejos de contentarse con esa decisión, la ministra de Familia y Políticas Sociales Betül Sayan Kaya decidió desplazarse por carretera desde Alemania –donde se encontraba haciendo campaña entre la comunidad turco-germana a favor del “Sí” en el referéndum constitucional que celebra Turquía el 16 de abril- para evitar los mismos problemas, pero en su camino se topó con que las autoridades decidieron cerrarle el paso, cortar cualquier entrada o salida al consulado –llegando la policía incluso a enfrentarse al propio cónsul turco en la ciudad, Sadin Ayyildiz, cuando éste quiso salir del consulado para dirigirse a un restaurante- y, tras ponerle todo tipo de trabas e inconvenientes para que continuara su camino, finalmente amenazar a la ministra con encerrarla en la cárcel si decidía dar un paso más y no dar media vuelta hacia Alemania, como finalmente tuvo que hacer.

¿Pero realmente el problema era la seguridad? Los incidentes más graves se desataron en realidad a causa del veto a la entrada en el país de ambos ministros, no antes, y si alguien ejerció la violencia y de manera desmedida fue la policía holandesa, que usó caballos, cañones de agua y perros para dispersar a cientos de manifestantes de la minoría turca residente en Holanda que salieron a protestar a la calle, en su inmensa mayoría de forma pacífica y entre los que había numerosos niños y ancianos.

Las imágenes han sembrado la indignación en Turquía: “¿Es esto un país democrático?”, se preguntaba el conocido periodista y presentador turco de la cadena pública TRT Erhan Çelik, quien gritaba “¡prensa prensa!” mientras él y su cámara trataban de esquivar los golpes que –pese a identificarse claramente como periodistas- los policías les lanzaban una y otra vez; todo ello mientras grababan –o intentaban grabar, ya que la policía trataba de impedirlo- a varios agentes antidisturbios golpeando brutalmente hasta hacer caer a un manifestante que simplemente había alzado los brazos en alto, y contra el que luego, ya en el suelo, azuzaron a un perro para que le mordiera, causándole profundas heridas en un muslo.

Y es que si se analiza sosegadamente la situación, realmente hay que darse cuenta de que no había ningún problema en que, bien Çavuşoğlu o bien Kaya, acudieran al consulado en Rotterdam a ofrecer una conferencia ante unos pocos cientos de seguidores. Hablamos de ministros de un gobierno de un país candidato a la UE (con todos los matices que ustedes quieran), no de alborotadores o de peligrosos terroristas buscados por la policía. De hecho, el propio Çavuşoğlu había tenido que dar el martes un discurso a puerta cerrada en el consulado turco en Hamburgo, después de que las autoridades alemanas le revocasen el día anterior el permiso para dar igualmente un mitin público en la ciudad ante la comunidad turca residente en Alemania.

Claramente Holanda pudo limitarse a tomar la misma decisión que su vecina Alemania (con la que comparte no sólo fronteras, sino muchos valores políticos y culturales), y conformarse con que el ministro diera su discurso en el consulado –en este caso en Rotterdam- y limitar la disputa a una diferencia de opiniones con Ankara sobre si es apropiado que miembros del gobierno turco viajen a países europeos para hacer campaña política entre la minoría turca, como ha ocurrido en el caso de Alemania. Eso ya sería otro tema de debate, que ahora el error cometido por Holanda ha colocado en segundo plano al hacerle gratis a Erdoğan y sus partidarios la campaña electoral.

Otros países europeos como Austria o más recientemente Suecia han tomado medidas similares a las de Alemania para impedir que miembros del gabinete turco del AKP puedan ofrecer mítines públicos en la calle. Pero la tremenda torpeza diplomática de prohibir a un ministro extranjero entrar a un país, y ya no digamos de prohibirle entrar en su propio consulado –que es como si a ustedes o a mí nos prohibieran entrar en nuestra propia casa- tiene claramente otros motivos.

¿Por qué no se limitó el gobierno de Holanda a hacer lo mismo que Alemania? La respuesta hay que encontrarla en la diferencia en la situación política entre ambos países: Alemania no celebrará elecciones hasta finales del próximo mes de septiembre, y en ellas la Unión Cristiano Demócrata (CDU) de Angela Merkel prácticamente está igualada en intención de votos con los socialistas del SPD en torno al 30-34%, mientras que la ultraderecha de Alternativa para Alemania (AfD) ronda apenas el 10% sin por ahora representar un peligro importante para la hegemonía de los dos grandes partidos germanos.

En Holanda, donde sin sumar los más de 3 millones de Alemania la minoría turca la componen alrededor de medio millón de personas (alrededor del 2,3% de la población en Holanda y del 3,7% en Alemania), la situación es bien distinta. Los Países Bajos celebran elecciones generales este próximo miércoles 15 de marzo, y los sondeos dan al Partido Popular por la Libertad y la Democracia (VVD) del actual primer ministro Mark Rutte unos resultados en torno a los 24-27 escaños en los Estados Generales (parlamento), lo que representa una caída de casi 15 con respecto a los comicios de 2012; pero lo que es peor, las encuestas prevén el descalabro de los socialistas del PvdA (que pasarían de 38 escaños en 2012 a 11-12 en estas elecciones) y el ascenso hasta convertirse en segunda fuerza política de la ultraderecha islamófoba y anti-inmigración del Partido por la Libertad (PVV), que prácticamente está empatada en intención de voto con el VVD e incluso, en ciertos sondeos, llega a superar al partido de Rutte de cara a la votación del día 15.

SONDEOS DE CARA A LAS ELECCIONES DEL 15-M EN HOLANDA
(previsión de escaños en el parlamento de 150 diputados)
Fecha Sondeo (empresa) VVD PvdA PVV
12 sep. 2012 ÚLTIMAS ELECCIONES 41 38 15
10 mar. 2017 Peil 24 9 22
9 mar. 2017 Ipsos 26 11 23
9 mar. 2017 TNS NIPO 26 12 24
8 mar. 2017 I&O Research 24 14 20
7 mar. 2017 Peil 25 9 23
6 mar. 2017 De Stemming 24 12 24
5 mar. 2017 Peil 24 10 25
3 mar. 2017 Peil 24 10 25


El líder del PVV, el polémico y xenófobo Geert Wilders, quien quiere que los turcos que tienen también nacionalidad holandesa no puedan votar en las elecciones de ese país, había protagonizado el miércoles en persona una protesta ante la embajada de Turquía en La Haya, donde desplegó una pancarta en turco y holandés en la que podía leerse “¡Largo! Este es nuestro país” como parte de una campaña para impedir que el ministro de exteriores turco Çavuşoğlu o cualquier otro representante turco viajase a Holanda. Fue el primero en aplaudir la decisión de Rutte de impedir aterrizar el sábado al avión de Çavuşoğlu, y tras la orden de expulsión de la ministra Kaya del país le dedicó este mensaje en Twitter: “Vete lejos y no vuelvas nunca @drbetulsayan y llévate contigo a todos tus seguidores turcos de Holanda, por favor”.

Y es que el primer ministro Rutte sabe muy bien que muchos de los votos de su partido han ido a parar a la ultraderecha reaccionaria y populista de Wilders y compañía, como está ocurriendo en otros países de Europa donde la crisis ha propiciado el auge de los movimientos xenófobos y con un discurso contrario a los inmigrantes; sí, esa misma Europa que intenta inculcar un discurso de coherencia y valores democráticos a una Turquía que, por ejemplo, acoge a más de 3 millones de refugiados mientras observa perpleja cómo los 28 intentan mercadear –cuando no simplemente mirar para otro lado- cuando se discute quién acoge a unos pocos miles de refugiados; esa misma Europa que vigila de cerca las actividades de los ministros turcos pero donde el PKK –organización reconocida como grupo terrorista por la propia UE- recauda anualmente con total impunidad 30 millones de euros y recluta a cientos de miembros.

Vistas las cosas, en la propia Holanda el antiguo ministro de exteriores holandés Ben Bot ha sido uno de los primeros en criticar las decisiones adoptadas por el gobierno de Rutte el sábado, calificando de “incomprensibles” los motivos para impedir el aterrizaje del avión de Çavuşoğlu y acusando a Rutte de actuar en contra de los valores democráticos por vetar a la ministra Kaya y expulsarla del país. “Esta medida está estrechamente relacionada con las elecciones”, aseguró el político cristianodemócrata, para quien no hay duda de que a sólo unos días de la cita con las urnas, Rutte ha cometido un “error” en su carrera contrarreloj buscando quitarle protagonismo a Wilders -concretamente haciéndose eco de su petición- y de paso hacer un guiño al electorado más derechista que parece haberse decantado por el PVV en las encuestas. Aun así y viendo el tremendo lío que se había armado el sábado, Rutte apareció el domingo para apresurarse a decir que estaba dispuesto a hacer "todo lo que esté en nuestra mano" para rebajar la tensión diplomática con Turquía: pero el daño ya estaba hecho.

No permitamos que los árboles no nos dejen ver el bosque. El gobierno de Holanda tenía muchas razones para permitir a cualquiera de los dos ministros turcos entrar en el país y dar su discurso en el consulado de Rotterdam, y sólo una para no permitírselo: robar votos a la extrema derecha de Wilders en las elecciones del 15-M. Esa meta les ha cegado y les ha impedido ver las consecuencias de una torpeza diplomática que aún están por ver.

Volver

Opina:

  • Condiciones de uso:

    ·No se admiten comentarios xenófobos, ofensivos o calumniantes
    ·El usuario se compromete a respetar la legislación vigente y las Condiciones de Uso del portal
    ·Hispanatolia no se hace responsable de los comentarios aquí vertidos
    ·Queda reservado el derecho a eliminar los comentarios que incumplan estas normas o se consideren fuera de lugar

  • Imagen de seguridad Cargar otro diferente

* Campos obligatorios

0 Comentarios

No existen comentarios a esta entrada ...¡Sé el primero/a en participar!

Conforme con W3C: XHTML 1.0 y CSS 2.1

Diseño web: Runrún Comunicación