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Opinión

Pablo Gómez

Pablo Gómez

Crónicas de Oriente

İyi Parti: ¿Un soplo de aire fresco en la política turca, o más de lo mismo?

31-10-2017 - 00:00 CET

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Hace unos días la diputada y exministra turca del Interior Meral Akşener presentaba su esperado nuevo partido político, el İyi Parti (literalmente “Partido Bueno”), una escisión del nacionalista MHP que aspira a ocupar un nicho en la política turca y que nace con vocación de ser centrista -algo prácticamente desconocido hasta ahora en la política turca- y de desafiar la hegemonía del gobernante Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) -que ha dominado la política nacional durante los últimos 15 años- e incluso al propio Erdoğan, dado que Akşener ya ha anunciado que será candidata en las presidenciales de 2019 para competir con el actual Presidente de la República y hombre fuerte del país.

El nuevo partido presentado el 25 de octubre por la veterana política turca promete ocupar el espectro político del centro o centro-derecha con una serie de medidas que incluyen la despolitización del poder judicial, un retorno al sistema parlamentario –con un fortalecimiento del propio parlamento turco- desechando la idea de un sistema presidencialista, la aplicación de los estándares europeos tanto en la ley de partidos como en las actuaciones de la policía y la justicia, la reducción hasta el 5% de la barrera electoral para que los partidos puedan tener representación parlamentaria, la revocación del estado de emergencia, o un papel preponderante de la policía frente a las fuerzas armadas en la lucha contra organizaciones terroristas como el PKK, entre otras muchas iniciativas.

También habrá una cuota mínima de puestos para mujeres del 30%, en principio para los cargos y posiciones dentro del partido, pero que es de prever que se haga extensible al gobierno en caso de que el partido llegue al poder. Todas estas medidas hablan de un partido con vocación europeísta y reformadora, al estilo de lo que era el AKP en sus primeros años, y que puede despertar ilusión entre el electorado.

Muchas de estas propuestas incluidas en el programa del nuevo partido son un reflejo claro de las discrepancias que llevaron al intento de “destronar” a Devlet Bahçeli como presidente del MHP (principalmente por su apoyo a las políticas del AKP y al sistema presidencial), tras el desplome de votos en las generales del 1 de noviembre de 2015. En otras encontramos sin embargo ideas que ya han sido planteadas por otros partidos: la propia abolición del sistema presidencial (que reclaman los dos principales partidos de la oposición), el fin del estado de emergencia, las cuotas para mujeres, la reducción de la barrera electoral... Incluso el punto más destacable del nuevo İyi Parti, el hecho de que esté liderado por una mujer, no es algo nuevo si tenemos en cuenta que el nacionalista kurdo HDP ofrece una estructura de liderazgo formada por dos copresidentes –siempre un hombre y una mujer- en la que –al menos teóricamente, aunque no siempre sea luego así- ambos comparten por igual decisiones y poderes.

Esta tampoco es la primera vez que en los últimos años un nuevo partido político trata de irrumpir con fuerza en la escena política turca... para acabar luego quedando en el olvido. Hay múltiples ejemplos. Por ejemplo, la diputada díscola del Partido Republicano del Pueblo (CHP) Emine Ülker Tarhan fundó en 2014 tras dimitir del CHP el Partido de Anatolia, que sólo sobrevivió un año. Años antes otra figura más destacada, el ex vice primer ministro y antiguo miembro del AKP Abdullatif Şener, estableció en 2009 el Türkiye Partisi (Partido de Turquía), que finiquitó en 2012 el propio Şener tras intentar integrarse sin éxito en el Partido de la Felicidad (SP). Otro exministro, İsmail Cem, fundó en 2002 tras abandonar el Partido Democrático de la Izquierda (DSP) el Partido de la Nueva Turquía (YTP), que también tuvo una vida corta y tras su fracaso electoral se integró en el CHP.

Un caso curioso es el del diputado del AKP İdris Bal, conocido simpatizante del movimiento Gülen, que fundó a finales de 2014 el Partido del Progreso Democrático (DGP) tras dimitir del AKP en protesta por la decisión del gobierno de Erdoğan de cerrar las dershane (las escuelas de donde Gülen obtenía sus fondos y nuevos miembros). Aunque Bal se fue del AKP acusando a este partido de no ser democrático, sólo 12 horas después de presentarse ante los medios el nuevo DGP su cofundador, Fevzi Bubilik, se daba de baja criticando la falta de democracia interna en el nuevo partido, que además era considerado por todos como un mero instrumento al servicio de Gülen. El partido sobrevivió sólo 5 meses hasta que Bal, prácticamente su único miembro, se dio él mismo de baja arremetiendo públicamente contra Gülen por haberle dejado completamente solo en la aventura.

El İyi Parti parte sin embargo con ciertas ventajas con las que no contaban estos partidos ya difuntos. Además de contar al frente con una figura política veterana y experimentada como Akşener, que además ha estado en primera línea de la actualidad política durante los dos últimos años, tiene también la ventaja de comenzar su andadura política con 5 diputados en el parlamento -gracias a los parlamentarios tránsfugas del MHP y el CHP- que tienen por delante dos años de legislatura, tiempo suficiente para justificar su presencia en la cámara con acciones concretas, si bien esto es también un arma de doble filo que podría volverse en su contra.

Turquía ya tuvo una primera ministra en los años 90, Tansu Çiller, mucho antes que muchas democracias occidentales que incluso hoy día –véase el ejemplo de España- siguen sin haber visto pasar por la jefatura del gobierno a una mujer. Sería muy positivo ver de nuevo a una mujer liderando el gobierno de Turquía en un momento en que el país necesita reflexión y marcar con claridad su rumbo tras unos años más que tormentosos, y con un AKP que parece adolecer de cierto síndrome de fatiga y de falta de ideas. Si el nuevo partido liderado por Akşener consigue superar la barrera electoral del 10% y entrar a partir de 2019 con fuerza en el parlamento, quizás el İyi Parti podría jugar un papel de partido bisagra... aunque siempre teniendo en cuenta el papel limitado que le quedará a la Asamblea Nacional Turca con la entrada en vigor –si nada lo remedia- del sistema presidencialista.

No obstante está por ver si el nuevo partido logrará hacerse un hueco en un escenario político que tradicionalmente ha estado muy polarizado en Turquía, y más aún en los últimos años. A priori, el nuevo İyi Parti en realidad parece más un refrito de ideas a medio camino entre el AKP, el CHP y el MHP que un soplo realmente de aire fresco, salvo sorpresas, y en realidad no deja de mantenerse en el espectro político del centro-derecha. Entre los 12 miembros de la nueva ejecutiva del partido prevalecen nombres procedentes del nacionalista MHP –el antiguo partido de Akşener- o que pertenecieron a partidos o tendencias vinculados con el conservadurismo y el nacionalismo.

Sin embargo el nuevo partido podría también recibir votos de aquellos seguidores del CHP que tienden hacia el nacionalismo, y que no son precisamente pocos. En este sentido, puede que el propio surgimiento del İyi Parti sirva de revulsivo para los viejos partidos como el CHP, haciendo que éste adopte finalmente una ideología más próxima a la verdadera socialdemocracia que al kemalismo-nacionalismo... Aunque he de reconocer que esto a día de hoy es más un deseo del que firma estas líneas que una previsión certera.

En cualquier caso y volviendo al nuevo partido de Akşener, lo importante es que no quede encasillado como el “partido de los disidentes del MHP” y que logre conformar su propia identidad para conseguir sus propios votantes: esto sin dura constituirá la primera y más importante prueba que deberá superar el İyi Parti durante sus dos primeros años de existencia y hasta las elecciones parlamentarias y presidenciales de noviembre de 2019, un período en el que la nueva formación política deberá buscar y encontrar su propio espacio político, y sobre todo alcanzar una coherencia interna que en estos momentos aún puede estar por asentarse.

Los analistas políticos calculan que en torno a un 30% del electorado turco –que está formado en su mayoría por votantes que son predominantemente jóvenes bien formados y que, para bien y para mal, se han criado con el AKP en el poder- lo componen personas de diferentes tendencias ideológicas que no están satisfechas con ninguno de los partidos que actualmente dominan en la política del país.

Aquí es donde el “Partido Bueno” podría recurrir para encontrar una parte importante de sus votantes potenciales: si logra convencer a este segmento de la población sin duda recogería muchos votos, aunque con la dificultad de tener que unir bajo el mismo techo a personas de diferentes tendencias, pese a que esta sea la idea manifestada una y otra vez por la propia Akşener sobre lo que quiere para su partido. No obstante si Akşener consigue esa unión al margen de ideologías en torno a conceptos como el “centro político” o el “patriotismo”, el İyi Parti podría jugar un papel a tener muy en cuenta en la política turca, tal y como lo han hecho en otros países –y volvemos a mirar a España- otros partidos de similar tendencia.

Tampoco es un secreto que el AK Parti de Erdoğan ha sufrido una importante erosión en el voto urbano a raíz del referéndum constitucional del pasado abril (de ahí las purgas entre alcaldes del AKP de estos días...), en el que se votaba el cambio al sistema presidencialista; el İyi Parti podría explotar esto para recoger el voto descontento de los votantes urbanos tanto del AKP como del MHP, dado que al contrario que estos dos partidos la formación liderada por Akşener rechaza la transición a un sistema de tipo presidencial. Si consigue atraer un voto de centro-derecha descontento con los dos grandes partidos conservadores, y contrario al dominio de Erdoğan en la política turca actual, el İyi Parti podría convertirse en un rival muy temible para el actual presidente turco, que se encontraría además impotente para emplear con el nuevo partido la táctica usada por el AKP desde su mismo nacimiento de “fagocitar” a otros partidos conservadores para aglutinar sus votos en torno al AK Parti.

Entre los partidarios del AKP y de Erdoğan existe desde hace tiempo el insistente rumor de que detrás del nuevo partido de Akşener está la secta religiosa de Gülen, a la que se responsabiliza en Turquía del fallido golpe de Estado, y sin duda alguna Erdoğan –como ya hizo Bahçeli en su momento- jugará esta carta electoral contra Akşener si la ve como una amenaza; no obstante esto es algo que podría volverse en contra del propio Erdoğan, en cuanto Akşener le recuerde –como ya ha hecho estos días- que Gülen fue en realidad y durante años uno de los más importantes aliados políticos del presidente turco.

Aún está por ver cuál será el papel del İyi Parti y de la propia Akşener... Pero confiemos en esperar lo mejor y en ver por fin un poco de aire fresco en el tan a menudo desolador panorama político turco. Desde luego habrá que estar a la expectativa, y no hay duda de que será emocionante e ilusionante ver a una mujer competir en 2019 con Erdoğan para intentar convertirse –quién sabe- en la primera presidenta de Turquía.

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