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Opinión

Semih İdiz

Semih İdiz

Turquía tiene que volver a la diplomacia de Atatürk

15-11-2017 - 12:00 CET

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Los últimos acontecimientos en Arabia Saudí han inquietado al Presidente Recep Tayyip Erdoğan y a su Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP). Aunque la crisis siria pueda haber producido cierto terreno común para Turquía y Arabia Saudí, los desacuerdos entre ambos países ya habían surgido en 2013, cuando Riad apoyó un golpe de Estado contra Mohamed Morsi, el primer presidente de Egipto elegido democráticamente, y su gobierno liderado por los Hermanos Musulmanes.

Erdoğan y el AKP no se enojaron únicamente por el derrocamiento del gobierno islamista de Egipto, sino también sobre el hecho de que Riad, junto con El Cairo, clasificara a los Hermanos Musulmanes como una organización terrorista.

El bloqueo y ostracismo diplomático de Qatar en junio por parte de la coalición de Estados árabes liderados por Arabia Saudí, pusieron también en desacuerdo a Ankara y Riad, después de que Erdoğan se pusiera del lado de Doha.

Aun así, Ankara no dejó que sus sentimientos se desbordaran, sino que en su lugar intentó desarrollar lazos estratégicos con Riad tras la muerte en 2015 del Rey Abdulá, confiando en que esto también llevaría a Riad a adoptar un tono más moderado hacia los Hermanos Musulmanes.

Una visita realizada en 2016 a Turquía por el nuevo Rey Salman bin Abdulaziz incrementó también las esperanzas a este respecto. Alimentando estas esperanzas, Turquía incluso cerró los ojos –y aún sigue haciéndolo- hacia lo que muchos califican como crímenes de guerra de Arabia Saudí en Yemen.

Pero Oriente Medio continúa siendo una pendiente resbaladiza donde las expectativas y la realidad a menudo se contradicen. El intento liderado por Arabia Saudí de aislar y castigar a Qatar por su apoyo a los Hermanos Musulmanes y el estrechamiento de sus lazos con Irán, por ejemplo, cogió a Ankara totalmente desprevenida.

Lo mismo ocurrió después de que el heredero al trono Mohammed bin Salman anunciara su intención de llevar a Arabia Saudí hacia un “Islam moderado” -lo que no sentó bien entre Erdoğan y sus seguidores- y desatara seguidamente su campaña dirigida aparentemente a desterrar la corrupción del reino.

Las críticas duras, algunas veces bordeando la denigración, llenan ahora los argumentos sobre Arabia Saudí entre los diputados del AKP, así como entre los analistas islamistas y progubernamentales en los medios de comunicación turcos.

Riad mantiene la cautela sobre responder airadamente a estas críticas, dejando que sean principalmente los Emiratos Árabes los que lo hagan. Aun así, el príncipe heredero Mohammed está sintiendo sin ninguna duda el aumento en los sentimientos anti-saudíes en Turquía; especialmente aquellos alimentados por la creencia de que se ha embarcado en una alianza impía con Estados Unidos e Israel para hacer frente a Irán.

La creciente influencia regional de Irán es una preocupación que Ankara de hecho comparte con Riad. El problema de Turquía, sin embargo, es que no puede permitirse enfrentarse a Irán mientras la situación en Siria sea tan volátil. Los dos países son, después de todo, parte del tripartido liderado por Rusia que puso en marcha el llamado “proceso de Astana”, dirigido a tratar de acabar con la crisis siria.

Todo esto requiere una diplomacia experta por parte de Ankara para superar los problemas que afronta de forma creciente en el Medio Oriente. Esto es incluso más importante ahora, cuando está claro que los esfuerzos de Erdoğan y el AKP para afianzar su visión islamista de la región han conducido a Turquía a una serie de peligrosos callejones sin salida políticos.

En lugar de dirigir los acontecimientos en la región, como una vez confió en poder hacer, Turquía está siendo empujada hacia ellos por sucesos que escapan a su control.

La diplomacia turca antes del AKP estaba basada básicamente en no inmiscuirse en las disputas en la región, permaneciendo por el contrario en una posición neutral desde la que pudiera ofrecer su buen asesoramiento para conseguir la estabilidad regional cuando así se le requiriese.

Dado que Erdoğan y el AKP está actualmente en proceso de redescubrir a Mustafa Kemal Atatürk, el fundador de la moderna Turquía, ambos podrían beneficiarse de intentar también entender cómo el padre fundador de Turquía gestionó las relaciones del país tanto con sus amigos como con sus enemigos, ganándose un respeto internacional que aún continúa creciendo hoy día.


 

Artículo traducido del original publicado el 13-11-2017 en el diario turco Hürriyet.

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