artículo de opinión

OPINIÓN: »Sí», pero no es suficiente

Turquía es más democrática. La victoria del “sí” en el referéndum del domingo sobre el paquete de enmiendas de la Constitución ha servido para que el país euroasiático dé un paso importante en su camino de democratización, aunque este primer avance no debe ser más que la antesala de una nueva constitución.

La polarizada sociedad turca se citó en las urnas el domingo con motivo del referéndum que iba a decidir si Turquía mantenía el status quo actual o si de lo contrario se decidía por continuar por la senda de la democratización. Desafortunadamente mucha gente ignoraba esta disyuntiva y veía en ello un voto de confianza al Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) del Primer Ministro Recep Tayyip Erdoğan. Millones de turcos ignoraron el hecho de que se estaba votando unas enmiendas a la constitución, sino que vieron la posibilidad de votar en contra del AKP. A ello contribuyó la campaña orquestada por Kemal Kılıçdaroğlu, líder del opositor Partido Republicano del Pueblo (CHP), más centrada en desacreditar al Primer Ministro que en dar razones por las que votar “no.” Algo similar puede decirse también de la gente que apoyó las reformas por el simple hecho de venir del AKP.

Sea como fuere, las enmiendas han salido adelante. Antes de proseguir con el análisis del resultado merece la pena explicar brevemente en qué consisten estos cambios. Los más controvertidos e importantes de ellos son los que afectan al Tribunal Constitucional y al Consejo Supremo de Jueces y Fiscales (HSYK). El Tribunal Constitucional pasará de 11 a 17 miembros, de ellos 14 serán elegidos por el Presidente y 3 por el Parlamento. En cuanto al HSYK, que decide en el nombramiento de los jueces y fiscales, sus miembros se incrementaran de 7 a 22, siendo 4 elegidos por el Presidente y el resto por la judicatura del país. Pese a que desafortunadamente esto supone la mezcla de los tres poderes (legislativo, ejecutivo y judicial), es lo que existe en la mayoría de los países de la Unión Europea. El segundo cambio más relevante es aquel que retira la inmunidad a los militares que participaron en el golpe de Estado del 12 de septiembre de 1980 y que permite que los militares sean juzgados por tribunales civiles. El resto de las enmiendas llevan a la creación de la figura del Defensor del Pueblo, a la discriminación positiva a mujeres, niños, discapacitados y veteranos, y a la ampliación del derecho de huelga.

El temor de los kemalistas tiene que ver con la interferencia de los políticos en el nombramiento de los jueces. No están exentos de razón ya que en un primer momento estos cambios parecen reforzar el poder del gobierno, y más aun teniendo en cuenta que el Presidente Abdullah Gül pertenece al partido del gobierno. Esto ha llevado a varios medios ultranacionalistas y anti-AKP a mostrar a Erdoğan como un sultán. No obstante, pese a que los cambios que afectan a la judicatura no son perfectos, este es un riesgo que hay que correr para que Turquía avance. Una vez más surge la paradoja de que sea un gobierno de raíces islamistas, como es este del AKP, el que haya acercado más a Turquía a la UE y haya democratizado el país. Si estos cambios los hubiese hecho un partido marcadamente laico, seguramente muchas de las voces críticas callarían, pero la sospecha, justificada o no, siempre acompañará a Erdoğan y sus colaboradores.

Hay dos posibles lecturas de este resultado. El primero es que el AKP aún mantiene su tirón electoral pese a los efectos de la crisis y el desgaste de estar ocho años en el poder. El segundo es que la sociedad turca quiere una nueva constitución. Estas enmiendas sólo afectan a 26 artículos de la constitución elaborada tras la asonada militar de 1980. No es la primera vez que se modifica pero sí que se tocan temas tan sensibles como el nombramiento de jueces y la inmunidad de los golpistas.

Durante la campaña previa al referéndum surgió la frase “no es suficiente pero sí” que enarbolaban aquellos que votarían “sí” a los cambios, conscientes de la importancia de la votación pese considerar que dichas enmiendas no son suficientes. El lunes por la mañana el diario Radikal, de tendencia liberal, abrió con el titular “Sí, pero no es suficiente,” aludiendo a la victoria del “evet” y a la necesidad de una nueva constitución.

Turquia se emancipa. La niña que una vez fue ya es una veinteañera que no necesita la supervisión y vigilancia de sus padres uniformados, aunque ellos siempre estarán ahí, por si acaso. Turquía quiere ser libre, deshacerse de toda atadura, quiere independizarse de sus padres sobreprotectores, para lo que necesita una nueva constitución completamente civil. La UE debería ser su meta y para alcanzarla necesita que sus políticos estén a la altura de ello y dejen atrás sus rencillas y diferencias ideológicas, para que juntos puedan elaborar la nueva Carta Magna. Esperemos que unos no caigan en la tentación del poder y la autoridad y que otros no se dejen seducir por la demagogia y la comodidad de la critica.

İnşallah