artículo de opinión

OPINIÓN: ¿El principio del fin del AKP?

Puede ser que la pregunta que da título a este artículo pueda sonar exagerada, y tal vez lo sea. Pero los últimos acontecimientos y reacciones del Partido de la Justicia y Desarrollo (AKP) están sacando a la luz el cansancio político de muchos de sus miembros y un cambio en la forma de afrontar ciertos asuntos que en el largo plazo, y esto no es más que una mera suposición, podrían ser la tumba del partido del Primer Ministro Recep Tayyip Erdoğan.

El Partido de la Justicia y el Desarrollo ha jugado con la baza, en las dos elecciones en las que se ha presentado, de ser un partido puro, no contaminado por la corrupción. Como prueba de ello están sus dos primeras siglas, ak, que forman una palabra que en turco significa blancura, limpieza. Sin embargo, este pilar del AKP parece haberse venido a bajo. El caso de Deniz Feneri, una organización caritativa de la que fueron desviados millones de dólares a empresas conservadoras, del entorno del partido gobernante, con supuestos vínculos con el AKP, ha sacado a la luz que el partido gobernante no es tan puro como antes. A esto hay que añadir las reiteradas acusaciones de corrupción que día sí día no hace el diputado del Partido Republicano del Pueblo (CHP) Kılıçdaroğlu. Aunque muchas de estas acusaciones tengan poco fundamento, en algunas tendrá razón. El AKP parece no ser una excepción, y como a todo partido político turco que ha estado en el poder, ya comienza a verse involucrado en escándalos de corrupción.

Relacionado con el caso de Deniz Feneri está la disputa entre Tayyip Erdoğan y Aydın Doğan, dueño del Doğan Media Group. En este grupo se encuentran un gran número de periódicos y canales de televisión como Hürriyet, Radikal, Milliyet, Kanal D y Star TV entre otros. Fue a través de estos medios que el escándalo de Deniz Feneri se dio a conocer. En represalia a ello, Erdoğan dirigió duras palabras al Doğan Media Group en general y a Aydın Doğan en particular. El Primer Ministro intentó interferir en los medios propiedad de Doğan, pero el grupo fue demasiado poderoso para Erdoğan. Muchos vieron en la reacción del Primer Ministro un peligro para la libertad de expresión, algo que va en contra de los discursos del AKP en los que se defienden las libertades, pero parece que tales libertades están resultando incómodas para Erdoğan y sus compañeros.

¿Qué fue de aquel partido reformista cuyo principal objetivo era pasar a formar parte de la Unión Europea? Durante sus primeros años en el gobierno, el AKP comenzó a introducir varias reformas que, pese a no ser implementadas al ritmo que quería la UE, parecía diferenciarles de los anteriores gobiernos turcos. Daba la sensación de que el Partido AK era el reformista que pregonaba. Sin embargo, sobre todo tras ganar las últimas elecciones el 22 de julio del 2007, las reformas se han paralizado prácticamente. El tristemente célebre Artículo 301 del Código Penal Turco no fue eliminado, sino solamente enmendado y todavía los intelectuales pueden ser juzgados por insultar la turquicidad. Un poco de maquillaje y fuera. Turquía necesita más reformas, pero parece ser que el gobierno de Erdoğan no piensa más en acometerlas. Puede ser que el Partido de la Justicia y el Desarrollo nunca haya sido reformista, que solamente haya llevado a cabo ciertos cambios para ganarse el apoyo del electorado y no paralizar las negociaciones con la UE. También es posible que el AKP fuese en su origen reformista y liberal como se autodefinía, pero el partido ha cambiado.

Otro asunto hacia el cual el AKP ha variado su enfoque es el kurdo. Tras hacerse con el poder, el Partido de la Justicia y el Desarrollo decidió tratar al problema kurdo de una forma diferente. Se prometieron más libertades para la cultura kurda, incluyendo el idioma kurdo. Hay que destacar que Erdoğan dijo preferir el eslogan “Dichoso es aquel que vive en Turquía” al “Dichoso es aquel que puede decir que es turco” del mismísimo Atatürk. Parecía pues que Erdoğan iba a ayudar a la gran minoría kurda del país, y así lo hizo aparentemente durante su primer mandato. Los votantes kurdos le recompensaron por ello, y en las últimas elecciones del 2007 el AKP ganó en la mayoría de las provincias del sureste, como en Van, Hakkari y Bitlis, en detrimento de los candidatos independiente del pro-kurdo Partido de la Sociedad Democrática (DTP). Así pues, una parte importante de 47% de los votos que obtuvo el AKP fueron gracias a los votantes kurdos. No obstante, a raíz del ataque de los terroristas del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) en el puesto fronterizo de Aktütün y de la polémica visita, en la que hubo manifestaciones violentas en contra de Erdoğan, del Primer Ministro al sureste del país hace unos días, el enfoque del gobierno hacia los kurdos ha dado un brusco giro.

El Primer Ministro ha pasado de una política de ayuda e integración de los kurdos a una completamente nacionalista y excluyente. Erdoğan dijo durante su visita al sureste que aquellos que se opusiesen a la nación turca estaban invitados a marcharse, diciendo: “ámala o déjala”. Como es normal. Estos comentarios causaron un gran revuelo, sobre todo entre los ciudadanos kurdos. No sé hasta que punto Erdoğan fue consciente del coste político de sus declaraciones. Con toda seguridad, de celebrarse elecciones a día de doy, el AKP perdería el control del sureste del país.

Es posible que este giro nacionalista del AKP haya tenido lugar debido a la proximidad de las elecciones locales, con el que esperan arrebatarle votos al Partido de Acción Nacionalista (MHP) y a otros partidos menores. Pero perderán votos en el sureste. También puede ser que esta nueva cara nacionalista del Partido AK no sea electoralista, sino que sea la verdadera cara de un AKP que ha experimentado un importante cambio.

Todo lo mencionado con anterioridad está relacionado con el hastío de poder y la costumbre a él que han adquirido los políticos del Partido de la Justicia y el Desarrollo. Tras la aplastante victoria de las últimas elecciones, en las que el AKP obtuvo el 47% de los votos, más de 16 millones de votos, los políticos del AKP se relajaron viendo el gran apoyo que tenían de los electores. “¿Para qué esforzarse en aprobar complicadas reformas? ¿Para qué acercarnos a la UE? ¿Para qué trabajar sin descanso? Total, tenemos el apoyo de la gente y parece que seguiremos en el poder pase lo que pase.” Me temo que eso es lo que pueden llegar a pensar algunos miembros del gobierno.

Pese a que esto pueda sonar a tópico, el poder parece haber corrompido a los políticos del AKP como lo hizo con los anteriores gobiernos turcos. Estar en la cima durante tanto tiempo les ha aislado de la gente y dotado de arrogancia, más aún tras la apabullante victoria del año pasado. Puede ser que las elecciones locales de marzo pongan al AKP en su sitio y que éstos se den cuenta de lo erróneo de su comportamiento en los últimos meses. Esperemos que el AKP, con Erdoğan a la cabeza, despierte del letargo en el que el poder le ha sumido y vuelvan a retomar la senda de las reformas y del progreso, que es lo que realmente necesita Turquía.

İnşallah.