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Sociedad

Una nueva réplica en Van siembra la alarma entre los expertos

Varios niños juegan junto a uno de los campamentos para las víctimas del terremoto en Van

Varios niños juegan junto a uno de los campamentos para las víctimas del terremoto en Van

18-11-2011 - 00:20 CET | Hispanatolia

Crece la alarma ante los indicios de que la región pueda volver a sufrir un gran terremoto en poco tiempo, mientras el frío hace cada vez más difícil la vida para los supervivientes.

Un nuevo terremoto de 4,7 grados de magnitud en la escala Richter volvió a hacer temblar la tierra al mediodía del jueves en la provincia suroriental de Van. Se trata de una réplica del gran seísmo de 7,2 que sacudió la provincia el pasado 23 de octubre, y el cuarto temblor de importancia que azota la zona en menos de un mes.

La tierra ya había vuelto a temblar esta misma semana en Van, durante la madrugada del martes, con una magnitud de 5,2 grados menos de una semana después de que otra réplica de 5,6 grados derribara varios edificios que habían quedado dañados en el primer terremoto y causara 40 muertos en la capital.

En esta ocasión según los datos publicados por el observatorio sismológico Kandilli de Estambul en esta ocasión el seísmo tuvo una magnitud de 4,7 grados y se produjo a las 14:38 hora local (12:38 GMT) con su epicentro situado en la localidad de Çolpan, situada a orillas del Lago Van y a unos 20 kilómetros al sureste de la ciudad de Erciş, que fue la más afectada por el primer y gran terremoto de finales de octubre.

Además de en Van, otro seísmo de 4,5 grados sacudió a primera hora del jueves (4:37 de la mañana) la provincia turca de Muş, con epicentro en la localidad de Varto y seguido poco después por otra réplica de magnitud 3,4. Pese a que el temblor causó daños en varios edificios en la zona no hubo que lamentar víctimas.

Estas nuevas réplicas especialmente en Van, donde los temblores han estado ocurriendo a profundidades de sólo unos pocos kilómetros -aumentando notablemente su poder destructivo- y con epicentros relativamente cercanos entre sí, han puesto en alerta a los expertos sembrando dudas sobre si puede esperarse otro gran terremoto en la región.

Hace pocos días un comité de expertos de la Unión Turca de Cámaras de Ingenieros y Arquitectos (TMMOB) encabezados por el profesor Ahmet Ercan visitó la zona y tras examinar varios indicios emitió un informe en el que se señala no sólo que cabe esperar nuevos terremotos en Van, sino que además otro gran seísmo como el que azotó la provincia a finales de octubre podría ocurrir muy pronto.

"Las pesquisas científicas llevadas a cabo en la región hasta ahora son insuficientes. Deberían llevarse a cabo inmediatamente más investigaciones porque los análisis preliminares revelan que la región oriental de Turquía aún está en riesgo de experimentar nuevos terremotos", explicaba el informe emitido por el equipo de expertos turcos, que recomienda además el envío a la zona de un barco equipado con equipos sísmicos para llevar a cabo análisis geofísicos en el Lago Van (en torno al cual se han estado produciendo los últimos seísmos) así como la puesta en marcha de medidas preventivas que impidan la pérdida de más vidas humanas en la región.

Una vida dura para los supervivientes

Mientras tanto Van intenta recuperarse a duras penas del rastro de destrucción que han dejado los sucesivos terremotos. Con muchos de sus residentes marchándose a otras provincias de Turquía ante la llegada del crudo invierno, aquellos supervivientes que no pueden irse y cuyas casas quedaron dañadas tras los temblores deben afrontar unas duras condiciones de vida en las tiendas y casas prefabricadas suministradas por la Media Luna Roja Turca, así como por otros países que han enviado ayuda humanitaria a la zona.

Preocupa especialmente entre los equipos de emergencia que atienden a los supervivientes las bajas temperaturas que se producen en esta región durante el invierno. Las primeras nieves ya han llegado a Van, donde fácilmente los termómetros bajan por debajo de -10ºC durante estos meses. El frío, la humedad, las pobres condiciones de vida en los campamentos y los problemas de distribución de alimentos en una zona donde casi no quedan tiendas en funcionamiento están disparando el riesgo de enfermedades, pero también el peligro de que se produzcan incendios o intoxicaciones por monóxido de carbono debido al uso de estufas para combatir el frío extremo.

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