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Cultura

El Parque Gezi también es cultura

Duran adam taksim protesta

24-06-2013 - 14:00 CET Nino Petracca | Hispanatolia

Erdem Gündüz es coreógrafo y una de sus últimas creaciones es “El árbol de la bruja”; Gündüz caminó un lunes por la tarde hasta Taksim y se paró frente al Centro Cultural Atatürk. Allí se quedó durante 8 horas: ahora es Duran Adam, el “Hombre Parado...

Erdem Gündüz es coreógrafo y una de sus últimas creaciones se llama “El árbol de la bruja”, en donde explora la relación entre la danza y la escultura en un análisis de la dinámica del movimiento y de cómo éste se ve afectado por esa impasible quietud.

Gündüz caminó un lunes por la tarde hasta Taksim, allí se encuentra el Centro Cultural Atatürk, y se paró frente a la fachada del edificio; dejó su mochila en el suelo; miró la imagen del fundador de la moderna República de Turquía y allí se quedó, mirando, durante ocho horas.

Días antes el exagerado celo de las autoridades para “liberar la plaza” dejó una cantidad vergonzosa de heridos, cuatro muertos y miles de detenidos en todo el Estado. Gündüz sólo miraba, con la quietud de una estatua que conocía bien por haberla coreografiado, sus manos en el bolsillo y las preguntas que, en silencio, salían a gritos de su cuerpo. Ahora es Duram Adam, el “Hombre Parado” y cientos de personas se han unido a él en ese grito silencioso.  La cultura también está en peligro.

Fazıl Say es un joven nacido en Ankara en 1970, pianista y compositor de reconocido prestigio a nivel mundial. Es producto de la nueva generación de jóvenes artistas altamente capacitados y formados, en este caso por el Conservatorio Estatal de Ankara. Tocó en las principales Orquestas Sinfónicas del mundo: Nueva York, Israel, la Filarmónica de la BBC, la Orquesta Nacional de Francia, la Orquesta Ciudad de Granada y, además, fundó el Worldjazz Quartet con el que ha destacado dentro del difícil mundo del Jazz. Ha sido condenado por un tribunal a diez meses de prisión por el delito de “insultar los valores religiosos”. Todo aquel que quiera seguir este proceso puede consultar la prensa o Internet, pero de lo que aquí se trata es de la libertad de expresión y la libertad de creencias en la Turquía actual.

El pianista ha sido embajador Cultural de la Unión Europea y, ante las desafortunadas, oportunistas y no exentas de cinismo  palabras de Ángela Merkel de los últimos días declarándose “horrorizada” por la actuación policial en Taksim y en el Parque Gezi -aunque no se horroriza por la misma brutal represión en Grecia o en España- y, a continuación, reclamar la suspensión de la entrada de Turquía a la UE -a esto en mi tierra se le llama oportunismo político- Say envió una carta abierta a la canciller pidiendo que reconsidere su postura porque con ello sólo le estaba haciendo el juego a Erdoğan y darle cancha a su más que calamitoso ministro para la Unión Europea.

“Aquellos que se han visto entristecidos por esto son las personas que resistieron en el Gezi Park y que han defendido la libertad, así como los turcos ecologistas, demócratas, occidentales y laicos de Turquía” en palabras de Fazıl Say.

El pueblo turco tiene ante sí la oportunidad de cambiar el rumbo de esta política retrógrada que afecta a los valores fundacionales de la república edificada por Atatürk, el respeto a la diversidad, la libertad de expresión, la libertad religiosa y la libertad cultural.

Tenía que escribir en esta sección de Cultura sobre otras cuestiones, pero la realidad hace que no pueda abstraerme porque no dejo de estremecerme ante la inquietante sensación de que pretenden, poco a poco y paso a paso, limitar, controlar y dirigir la forma de vida de millones de personas (ese otro cincuenta por ciento que no los ha votado) que han elegido vivir en una sociedad moderna, laica, culturalmente inquieta e impredecible, igualitaria en el trato hacia la mujer, protectora del derecho de las personas a expresar sus opiniones contando con una prensa libre, con unas redes sociales activas que han sido para muchos turcos la única manera de informarse y a la que ahora quieren limitar, controlar y perseguir. El sólo anuncio de un borrador de Ley para cargar contra las personas “que publiquen mensajes falsos o provocativos”  produce espanto y no deja de ser curioso que el Gobernador de Estambul, Hüseyin Avni Mutlu, arremeta contra un diputado opositor a través de Twiter,  una de las redes sociales que quieren controlar.

La Cultura es uno de los pilares básicos de una sociedad moderna y respetuosa con su pasado, intentar ponerle grilletes o dirigirla o criticarla cuando no nos gusta lo que vemos (en todos está el recuerdo de Erdoğan ordenando a la fiscalía investigar  a la popular serie El Siglo Magnífico porque no le gustaba el tratamiento que se le daba a Süleyman Kanuni (Solimán el Magnífico, sultán del imperio entre 1520 y 1566) no deja de ser un estéril intento de ponerle cadenas al campo.

Creemos en el diálogo, en el encuentro, en la discusión de cuáles son los valores que se deben preservar, pero también sabemos que todo intento de suprimir el disenso, reprimir la expresión o imponer costumbres que no se quieren, lleva irremediablemente al choque, al conflicto y siempre, siempre al cambio. La historia está llena de ejemplos de gobiernos que han querido aborregar a su pueblo, pero sólo basta con leer cómo han terminado. Que se apliquen, porque aún no es tarde.

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