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Sociedad

Historias de los mineros de Soma: testimonios de una tragedia

Mineros accidente

20-05-2014 - 00:00 CET | Hispanatolia

Las víctimas del accidente ocurrido la semana pasada en una mina de carbón al oeste de Turquía no sólo números: cada una tiene una historia que contar, muchas de las cuales quedaron enterradas a 2 kilómetros de profundidad.

Tevfik Cücü, de 31 años, trabajaba como supervisor en la mina de Soma y relató cómo escapó milagrosamente vivo mientras decenas de sus compañeros se quedaban atrás. "Unos 5 ó 10 minutos después de que el técnico fuera a comprobar (la explosión), nos dijeron que nos reuniéramos todos y que saliéramos al 'respiradero' (a la zona de aire fresco)... Llamamos a todo el mundo y nos juntamos para salir. Estábamos a 3 ó 4 kilómetros de la entrada (de la mina) y a un kilómetro de distancia del aire fresco", explicó Cücü a la agencia de noticias Anatolia.

"Había humo por todas partes. Nos pusimos nuestras máscaras. La gente no podía verse entre ella mientras caminaba. El humo nos estaba asfixiando. Comenzamos con 25 ó 30 personas... Cuando alcanzamos el 'respiradero' quedaba sólo un compañero inconsciente detrás mío", añadió el minero, quien afirma que jamás podrá olvidar ese kilómetro que recorrió por las galerías y asegura que no volverá a trabajar en la mina.

"Algunas personas me agarraban por detrás. Algunos rezaban y otros gritaban. Decían 'Dios, que alguien me salve, sálvame'. Les dije que no se quitaran las máscaras, pero no me hicieron caso. No puedes ver nada (con la máscara puesta) y por tanto la gente se quitaba sus máscaras. Por eso les afectó el humo. La mayoría de ellos murieron por esta razón", añadió Cücü.

Serkan Şengün, de 32 años, es otro de los supervivientes que puede contarlo pero pasó 10 horas en el interior de la mina hasta que fue rescatado. Estaba con un grupo de 130 mineros que intentaron llegar también hasta la zona de aire fresco cuando fueron alertados de la explosión y el incendio.

"Había un responsable que era amigo nuestro. Le di mi máscara (de oxígeno) porque nosotros no la necesitábamos en el 'respiradero'... En ese momento me acordé de mis hijos, pero tengo muchos amigos que murieron. Me siento muy triste", relató Şengün.

"Vi a un trabajador que había intentado suicidarse"

Otro de los supervivientes del accidente relató cómo vio que uno de los trabajadores atrapados en el interior de la mina que fueron sacados por los equipos de rescate había intentado suicidarse ahorcándose con su cinturón, mientras esperaba desesperadamente a que los rescataran de los túneles situados a varios kilómetros de profundidad. Pero no fue la única escena sobrecogedora que presenció.

"Vi a un trabajador con un cinturón alrededor de su cuello que había intentado suicidarse... Yo me dirigí a una zona unos pocos metros por encima (del nivel) de la explosión, había gas (monóxido de carbono) así que me fui. Me dijeron que algunos de los trabajadores allí habían golpeado sus cabezas contras las paredes (para intentar suicidarse)", contó Hasan Özdil, que salió de la mina sólo unos pocos minutos después del accidente y vio sacar varios cuerpos, al diario turco Hürriyet.

Özdil explicó que se enteró de la explosión estando en el interior de la mina gracias a que su jefe de equipo, que aún estaba en la mina, le telefoneó. "Fue la última vez que hablé con él", añadió, revelando que había fallecido. "La explosión ocurrió alrededor de 2.400 metros por debajo de la superficie... Estaban poniendo a la gente en la cinta transportadora, había en torno a 50 ó 60 personas allí. Mis amigos se subieron a las cintas transportadoras que llevaban a la gente, y murieron allí", relató el superviviente.

Compartieron las mascarillas de oxígeno hasta que se quedaron sin aire

Los más de 500 efectivos de los equipos de rescate que trabajaron durante días sin descanso en la zona del desastre han podido relatar también las historias de aquellos que no vivieron para contarlas por sí mismos. Tal es el caso de 14 mineros que se refugiaron en la única cámara de emergencia que existía en la explotación, de sólo cinco metros cuadrados, y que fueron encontrados todos muertos amontonados unos sobre otros.

En base a lo descrito por los rescatadores, se cree que los 14 mineros entraron en la pequeña cámara tras percatarse de que sería imposible llegar hasta la salida antes de que se les acabara el oxígeno, a medida que la mina se iba llenando del humo y del monóxido de carbono procedente del incendio. En la cámara de seguridad tenían a su disposición algunas botellas de oxígeno, que fueron usando por turnos y pasándose entre ellos a la espera de que les rescataran, hasta que finalmente se quedaron sin aire y murieron.

Otros detalles sobre la tragedia minera de Soma que se han conocido gracias a los rescatadores hablan por ejemplo de los últimos pensamientos que uno de los mineros muertos tuvo antes de morir. "Por favor hijo mío, dame tu bendición", decía la nota escrita que fue encontrada en la mano de uno de los fallecidos en el interior de los túneles, en la que se despedía de su hijo.

Padre e hijo murieron abrazados

Una de las historias que ha salido a los medios estos días y que ha estremecido los corazones de los turcos ha sido la de un padre, Father Hüseyin Avkaş, de 43 años y jubilado de la mina. Aunque estaba retirado, decidió volver al oficio para obtener más ingresos y ofrecer una vida mejor a su familia, así que como muchos otros habitantes de la zona trabajaba en la mina de Soma.

Dada su experiencia le nombraron jefe de equipo. Avkaş era además oriundo de la provincia de Ordu, en el Mar Negro, una región conocida por sus hombres recios pero también por sus buenos mineros, así que cuando en los 90 decidió trasladarse a Soma encontró fácilmente un trabajo en las minas de Soma. Su hijo mayor Fatih fue primero en unírsele, mientras que el más joven, Ferhat, comenzó a trabajar también en la explotación cuando tenía 19 años.

Normalmente es costumbre que los mineros de la misma familia no trabajen en el mismo turno. Es una ley que ni está escrita ni es obligatoria, sino fruto de la prudencia y el temor que siempre hay a que la tierra no devuelva a los mineros que horadan sus entrañas, así que es más aconsejable trabajar en turnos distintos. La familia de Avkaş sin embargo no cumplía con esta ley, como muchas otras tampoco lo hacen por otro lado... Era una cuestión de sentimientos pero también un deseo de no sobrecargar de trabajo a la esposa de Avkaş, Melek (nombre que en turco significa "Ángel"), que entonces tendría que preparar en tres turnos distintos al día la ropa y la comida del padre y sus dos hijos.

El día del accidente, Avkaş y su hijo Ferhat salieron de casa para trabajar en la mina; no así Fatih, que se quedó en cama por estar enfermo. Ferhat formaba parte del grupo de 60 trabajadores liderados por su padre, de quien esperaba aprender la profesión y convertirse él también en jefe de equipo, pese a que apenas contaba con 20 años y no llevaba ni siquiera uno trabajando en la mina. Cuando se produjo la explosión, Avkaş se encontraba varios cientos de metros por encima de Ferhat y el resto de los trabajadores porque había ido a informar por teléfono; llegó entonces el fuego, y en cuestión de pocos minutos toda la mina estaba inundada de humo y monóxido de carbono.

Avkaş era un veterano y supo enseguida que la situación era muy grave; podría haber salido a una zona de aire fresco o a la superficie rápidamente y haberse salvado, pero sus hombres y lo más importante, su joven e inexperto hijo Ferhat, estaba varios cientos de metros por debajo en medio de un grave incendio. Mientras todos corrían en la dirección contraria, Avkaş se apresuró a bajar a salvar a sus compañeros y a su hijo...

Sólo podemos imaginar qué ocurrió a partir de entonces, qué intentaron hacer, o qué se dijeron Avkaş y su hijo. Pero para hacernos una idea contamos con el testimonio de uno de los rescatadores, que relata cómo "estaban abrazándose el uno al otro cuando los encontramos muertos". Y así, juntos, fue como Melek, Fatih, y su pequeño hermano Ferdi, los enterraron en el cementerio de Kırkağaç, en Soma.

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