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Turismo

Darvaza: la puerta al infierno de Turkmenistán

Cráter de Darvaza

Cráter de Darvaza | Fuente: CC

22-06-2014 - 19:00 CET | Hispanatolia

Surgido por accidente hace más de 40 años, este cráter ubicado en medio del desierto de Karakum, en la república de Turkmenistán, no ha dejado de arder desde entonces y aspira a convertirse en un destino turístico.

Corría el año 1971, cuando un grupo de geólogos de la antigua Unión Soviética estaban realizando una serie de prospecciones de gas en el desierto de Karakum, en la actual república de Turkmenistán, un país conocido desde hace décadas por sus vastos yacimientos de hidrocarburos.

Sorprendidos, el equipo de científicos soviéticos comprobó cómo su equipo y sus tiendas se hundían en las profundidades de la tierra y descubrían entonces que se encontraban sobre el techo de una caverna llena de gas natural que se había venido abajo, dejando un enorme agujero de unos 60 metros de diámetros y 20 de profundidad (suficiente para albergar en su interior un edificio de ocho plantas). Tras perder la mayor parte de sus pertrechos y salvarse por los pelos, los expertos soviéticos decidieron prender fuego al gas para evitar emanaciones tóxicas, pensando que se consumiría en unas pocas horas o a lo sumo algunos días.

Más de 40 años después, aquel agujero lleno de gas sigue ardiendo en medio del desierto de Karakum (“Arena Negra”, en turcomano), una vasta región arenosa que cubre el 80% del país con temperaturas que en verano superan fácilmente los 50 ºC pero que durante el invierno pueden descender hasta los 20 ºC bajo cero. Los habitantes de la zona le han dado al lugar, convertido en todo un símbolo de las enormes reservas de gas de Turkmenistán (estimadas en las quintas mayores del mundo), el nombre de “La Puerta del Infierno”, un título que ostentan otros lugares en el planeta, pero pocos tan espectaculares como éste ubicado en el corazón de Asia Central.

Cada año cientos y cientos de turistas extranjeros acuden a contemplar este extraño fenómeno en medio de la nada. La aldea de Darvaza o Derweze (“Puerta”, en turcomano), con poco más de 300 habitantes, fue desmantelada y reubicada una década atrás por orden del gobierno, pero la orden dada en 2010 por el presidente de Turkmenistán, Gurbanguly Berdimuhamedow, de sellar el extraño cráter aludiendo motivos de seguridad finalmente no se llevó a cabo, para disfrute del número creciente de viajeros que atraviesan el desierto y llegan hasta este lugar, ubicado a unos 260 kilómetros al sur de la capital del país, Asjabad.

No hay señales de carretera ni indicaciones para llegar hasta el lugar, pese a que el resplandor del fuego puede verse fácilmente a varios kilómetros de distancia, especialmente de noche. Un guía o un buen GPS –si no nos encontramos con alguien a quien preguntar en un desierto con una densidad de sólo un habitante por cada 6,5 kilómetros cuadrados- sabrán no obstante llevarnos hasta el lugar.

Una vez allí, las sensaciones de quienes lo han visitado son variadas, desde quienes lo consideran una experiencia casi mística hasta quienes se sienten incluso horrorizados por la visión de las llamas ardientes, particularmente durante la noche, y la sensación de intenso calor que desprenden, que llega incluso a cortar la respiración.

Pese al evidente interés que despierta el lugar, no muchos turistas extranjeros han visto este cráter de fuego en medio de uno de los desiertos más grandes del mundo. A ello contribuye no sólo su situación aislada sino la del propio Turkmenistán, que recibe menos de 15.000 turistas al año de medio centenar de países. Conscientes del potencial que el turismo tiene, las autoridades de Turkmenistán están comenzando a intentar cambiar eso y están planeando convertir la Puerta al Infierno –o cráter de Darvaza- en un importante atractivo para el turismo de aventura.

Con este propósito, el presidente del país ordenó en 2013 la creación de un parque nacional en el desierto de Karakum que con 90.000 hectáreas de superficie incluirá el famoso cráter, pero que pretende preservar también la fauna y flora de este ecosistema y fomentar la investigación científica y el eco-turismo. La idea es que los turistas puedan recorrer el desierto y sus dunas a bordo de jeeps, quads, o incluso de camellos. “Nuestro principal objetivo es crear una imagen atractiva de Turkmenistán como destino turístico”, subrayaba hace unos días en declaraciones a agencias un responsable del Instituto Nacional de Desiertos, Flora y Fauna.

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