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Política

‘’Esta mina nunca debió obtener una licencia’’, admite el ministro turco de trabajo

Mina accidente ermenek

31-10-2014 - 15:00 CET | Hispanatolia

Mientras se desvanecen las esperanzas de pode rescatar con vida a los 18 mineros que siguen atrapados en Ermenek, el gobierno turco busca formar de evitar que vuelvan a repetirse este tipo de accidentes en pequeñas minas sin control.

El ministro de trabajo de Turquía, Faruk Çelik, ha admitido que la administración está teniendo problemas para cerrar las explotaciones mineras que operan sin las medidas de seguridad necesarias, pese a los cambios en la legislación introducidos a raíz del desastre minero que causó en mayo la muerte a 301 trabajadores.

“Este dolor resulta insoportable”, declaró Çelik a los periodistas desde Ermenek, la pequeña localidad de la provincia de Karaman que acapara esta semana la atención de los medios de comunicación del país, donde los equipos de rescate trabajan desesperadamente para sacar a 18 mineros atrapados a 375 metros de profundidad desde el martes. “Es hora de que encontremos una solución a este problema... Donde quiera que intentamos cerrar una mina (por falta de seguridad), el empresario trae a 50 personas para mediar (y evitarlo). Esta es una responsabilidad de todos nosotros”, añadió Çelik, apuntando al nepotismo y la corrupción de algunos funcionarios como la causa tras este tipo de siniestros.

En declaraciones recogidas por el diario turco Vatan, Çelik apuntó al problema que suponen las explotaciones de menor tamaño, donde las medidas de seguridad a menudo se condicionan a la capacidad de producción, que suele ser muy baja. Pese a las nuevas regulaciones introducidas tras el desastre de Soma, muchas minas pequeñas como la de Ermenek acabaron reabriendo tras introducir pequeñas mejoras y obtener licencias de apertura de forma poco clara. Muchos propietarios de estas minas de pequeño tamaño no quieren invertir en ellas por su antigüedad, su baja rentabilidad, o porque están a punto de agotarse, y normalmente buscan recortar gastos habitualmente en seguridad laboral.

“Creo que este tipo de minas deberían ser cerradas”, insistió Çelik, añadiendo que el mismo problema de nepotismo se da también en el sector de la construcción, donde en los últimos meses varios accidentes han puesto en el punto de mira de la prensa turca la seguridad de los trabajadores de este sector. Çelik ha sido además uno de los que en los últimos días ha entrado en el interior de la mina mientras supervisaba las labores de rescate, una experiencia que le ha servido para comprender las deplorables condiciones de la explotación. Algunos mineros han denunciado estos días a los ministros que acudieron al lugar que llevaban meses sin recibir sus salarios, y que los inspectores no habían aparecido por allí.

“Hablaré claro: lo que vi es que esta mina no debería haber obtenido una licencia (de apertura). Fuimos (al interior de la galería) con el primer ministro (Davutoğlu), y antes de eso, fuimos dentro con otros tres ministros. Todas nuestras chaquetas estaban empapadas de sudor cuando salimos. Ahora, intenten imaginar las condiciones dentro (a cientos de metros de profundidad)”, explicó el ministro de trabajo. “La pendiente (de la bajada a la mina) es de 35 grados. El trabajador tiene que bajar hasta los 350 ó 400 metros. No hay sistema de raíles, ni ascensores, van a pie. (Los mineros) dicen que la subida les lleva 45 minutos. Nosotros sólo bajamos 200 metros, y acabamos todos agotados. ¿Cómo pueden trabajar así estos mineros?”, insistió Çelik.

Pocas esperanzas para los mineros atrapados

Mientras el gobierno turco incrementa su retórica contra los propietarios de la mina, el tiempo corre en contra de los 18 trabajadores atrapados a cientos de metros bajo la superficie. Pese a todos los esfuerzos desplegados, el penoso estado de las galerías está complicando seriamente los trabajos y las autoridades admiten que la esperanza de sacar con vida a los mineros casi se ha desvanecido.

Tres ministros han estado coordinando los esfuerzos desde el mismo lugar del accidente, donde la prioridad hasta hace poco había sido reducir el nivel de agua que se filtraba al interior de la mina; sin embargo el viernes el ministro de energía Taner Yıldız informaba a los periodistas que una vez que el nivel ha comenzado a descender, los esfuerzos se están centrando en fortalecer la estructura de los túneles, muy debilitada por la acción del agua, para permitir el acceso de los equipos de rescate.

Nuevos obstáculos aparecen con cada metro que avanzamos”, comentaba el día anterior Yıldız a la prensa, pese a lo cual cientos de personas trabajan sin descanso las 24 horas del día y se están empleando las últimas tecnologías para despejar el camino, según aseguró el ministro. El temor principal ahora son tanto los desprendimientos como los escapes de gas, después de que el miércoles se suspendiera un intento de enviar buzos al interior de las galerías inundadas tras considerarse que era demasiado arriesgado.

“Disculpen, pero esto no es un desastre natural”

Las últimas informaciones publicadas por la prensa turca indican que la última inspección realizada a la mina de Ermenek tuvo lugar en junio, cuando la empresa propietaria recibió entonces una sanción por ocho fallos de seguridad detectados en la explotación; tras esto permaneció cerrada durante tres meses hasta que en septiembre volvió a reabrir, pero las nuevas regulaciones sobre seguridad introducidas por el gobierno obligaron a cerrar de nuevo la mina debido al aumento de los costes. Finalmente a principios de octubre los propietarios reabrieron después de que los trabajadores aceptaran varios recortes para reducir gastos, entre ellos que la empresa no les proporcionaría ni la comida ni el transporte.

La empresa propietaria de la mina, Has Şekerler, rechazó sin embargo cualquier responsabilidad en un comunicado difundido el jueves a la prensa, asegurando que se habían tomado todas las medidas de seguridad que marca la ley y que todo se había debido a un “desastre natural”, en referencia a la inundación que desató el derrumbe y dejó atrapados a los mineros.

Sin embargo ahora se sabe que en los últimos años el Ministerio de Trabajo ha recibido hasta 124 denuncias contra los propietarios de la mina por parte de sus trabajadores en diferentes explotaciones del país. “Disculpen, pero esto no es un desastre natural”, respondía el ministro Yıldız el jueves a los periodistas tras conocer el comunicado. “Podemos llamar a una inundación un desastre natural si ocurre por causas que no podemos controlar, tales como un terremoto; pero esto no es un desastre natural, y donde no existe un desastre natural, existe un fallo”, apuntó Yıldız.

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