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Gastronomía

Los restaurantes turcos se plantean dejar de servir comida con sal

Sal

13-02-2016 - 00:00 CET | Hispanatolia

En los últimos años Turquía ha desarrollado varias campañas para combatir el exceso de sal en los alimentos. Los turcos consumen de media 18 gramos diarios, frente a los 5 que recomienda la OMS.

Miles de restaurantes de Turquía podrían dejar de servir comida condimentada con sal si prospera una iniciativa que la Asociación de Suministradores de Restaurantes, que agrupa a 230 empresas y cadenas de restauración de todo el país, discutirá en una reunión a finales de febrero. De llevarse a cabo, será el propio comensal quien decida si añade sal o no, y cuánta cantidad.

La medida, que parte de una serie de recomendaciones y campañas iniciadas hace tiempo por el Ministerio de Salud de Turquía, sería un paso adicional a la que se ha tomado en ciudades como Nueva York, donde muchas cadenas de restaurantes ya muestran un icono de advertencia en aquellos platos que exceden la cantidad de sal diaria recomendada. Pero en Turquía el debate sobre el consumo de sal tiene especialmente connotaciones sanitarias, a causa de los problemas que su exceso provoca en el organismo humano.

Y es que de media los turcos consumen 18 gramos de sal al día, casi cuatro veces más que la cantidad máxima diaria recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que es de cinco gramos por persona; si además nos vamos a algunas regiones del sur del país, su gastronomía y sus hábitos alimenticios hacen que el consumo por persona y día se dispare hasta los 25 gramos diarios, una cifra que los expertos consideran peligrosa para la salud, pese al hecho de que la sal sea un compuesto químico esencial para el cuerpo humano.

De hecho, el cloruro sódico es necesario para la sangre, el sudor, el proceso digestivo o la transmisión nerviosa, entre otras funciones básicas del organismo; animales y humanos consumen a diario sal, un elemento que además es fundamental para la conservación de los alimentos y de muchas comidas preparadas.

Pero la OMS también advierte que el exceso de sodio –y por tanto de sal- está relacionado con varias afecciones, incluyendo un exceso de tensión arterial: un problema que sufren hasta un tercio de los adultos en Turquía, y que puede desembocar en enfermedades cardíacas. Los expertos coinciden en que la mayoría de los turcos consumen sal a través de alimentos como el pan y el queso, pero también de alimentos tanto caseros como procesados.

Precisamente a fin de controlar el exceso de sal en la alimentación, el Ministerio de Salud de Turquía puso en marcha en noviembre de 2011 un plan quinquenal que ha incluido nuevas regulaciones alimentarias. Desde el 1 de enero y por una regulación del Ministerio de Alimentación,  se ha implementado una reducción de entre el 35% y el 61% en el contenido de sal de los quesos; en el pan, otra normativa similar en vigor desde comienzos de 2012 ha reducido su contenido en sal hasta un 2%.

En julio de 2014, una nueva norma redujo el contenido en sal de las salsas de tomate del 14% al 5%, y las autoridades han impulsado la producción por parte de las compañías de alimentación de salsas libres de sal. Otras regulaciones emitidas en los últimos cuatro años han afectado igualmente a otros alimentos tales como los zumos, la carne o las aceitunas.

Junto con cambios en la normativa, desde el Ministerio de Salud de Turquía se han impulsado en los últimos años varias campañas de concienciación entre el público sobre la importancia de reducir el consumo de sal. En 2013 la Lotería Nacional imprimió en sus boletos mensajes acerca de los peligros de consumir demasiada sal; otras campañas de publicidad en prensa y televisión han tratado de concienciar también a los ciudadanos sobre las consecuencias que tiene para la salud.

Estas y otras iniciativas parecen estar teniendo efecto: datos oficiales muestran que desde 2012 el consumo de sal en Turquía ha bajado, pasando de una media de 18 gramos diarios por persona, a 15 gramos. Un cambio que, según estimaciones, ha permitido ahorrar cerca de 900 millones de euros en costes de atención sanitaria por afecciones relacionadas con la hipertensión.

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