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Política

El jefe del ejército turco afirma que intentó disuadir a los golpistas durante su secuestro

Hulusi akar general ejercito

25-07-2016 - 16:30 CET | Hispanatolia

El general Hulusi Akar, que calificó de ‘’locura’’ los planes de los golpistas, asegura que durante su cautiverio intentaron convencerle para unirse al golpe y le propusieron hablar con el clérigo Fethullah Gülen.

El general Hulusi Akar, Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas Turcas (TSK, por sus siglas en turco), ha asegurado durante el testimonio prestado a la fiscalía encargada de investigar el fallido golpe de Estado del pasado 15 de julio que los golpistas intentaron convencerlo poniéndole en contacto con el clérigo musulmán Fethullah Gülen y que trató de disuadirlos de una acción que desde el principio consideró “una locura”.

“Intenté convencer a los organizadores del golpe de que no derramaran sangre, pero no tuve éxito”, dijo Akar en su testimonio, añadiendo que el general mayor Mehmet Dişli, uno de los principales implicados en el alzamiento castrense del 15-J, le aseguró que el golpe de Estado era imparable.

“Dişli se sentó en una silla junto a mi mesa y me dijo nerviosamente ‘Señor, la operación se ha iniciado, vamos a reunir a la gente, los batallones y brigadas están en marcha, no hay vuelta atrás, lo verá dentro de poco’. Al principio lo que decía no tenía sentido para mí, quizás habló de aviones, pero concluí finalmente que hablaba de algo que podía calificar como un intento de golpe de Estado”, explicó Akar al fiscal.

“Me enfurecí y grité: ‘¿Qué demonios está diciendo, qué operación, está loco?’ No me fijé si la puerta estaba abierta o no porque yo estaba de espaldas. Pregunté donde estaban el vice jefe del Estado Mayor y otros comandantes, y él (Dişli) me contestó: ‘No se preocupe, cálmese, vendrán’. Yo seguí diciendo cosas como ‘No tendré nada que ver con usted, ni con nadie implicado en algo semejante, ¿cómo puede hablarme así, quiénes son estas personas, quién es usted?’. Estaba realmente enfurecido”, aseguró el general en su testimonio.

Akar, que junto con todos los comandantes de las fuerzas armadas fueron secuestrados por sus ayudantes y guardaespaldas en la noche del golpe de Estado, intentó entonces disuadirles de su intento advirtiéndoles que afrontarían las consecuencias de sus acciones. “Les dije que estaban en el camino equivocado, que estaban en un gran lodazal y que pagarían con la cárcel. Les dije también que demostraran su hombría y pusieran fin a aquello sin implicar a más gente”, declaró el jefe del ejército, añadiendo que el general de brigada Hakan Evrim –otro de los golpistas presentes en la habitación junto a él- intentó que hablara con el líder religioso Fethullah Gülen, al que el gobierno turco acusa de estar detrás del golpe.

“El general de brigada Hakan Evrim dijo que podía ponerme en contacto con Fethullah Gülen si yo quisiera. Yo le respondí que no hablaría con nadie”, dijo Akar, que permaneció secuestrado varias horas en una base aérea a las afueras de Ankara que los golpistas utilizaron como centro de mando, y donde intentaron obligarle a la fuerza a firmar un manifiesto autorizando el golpe de Estado. “Creo que estos golpistas eran miembros de esta organización (la secta religiosa dirigida por Gülen)”, insistió el general.

“Cuando me leyeron el manifiesto, yo escuché cínicamente y sin ningún interés”, afirmó Akar, quien aseguró además que “jamás llegué siquiera a tocar” el documento, con el que los golpistas pretendían sellar el derrocamiento por el ejército del gobierno democráticamente electo. “Aquellos traidores incluso llamaban a su junta militar el ‘Consejo de la Paz en Casa’... No dijeron nada sobre quiénes eran los miembros de ese consejo”, añadió.

Akar también recuerda que cuando los golpistas vieron al presidente turco Recep Tayyip Erdoğan –al que previamente habían intentado asesinar en el hotel donde pasaba sus vacaciones en la costa turca del Egeo- llegar al aeropuerto Atatürk de Estambul, y pronunciar allí un discurso arengando a hacer frente al golpe de Estado y defender el orden democrático, sus esperanzas de triunfo se vinieron abajo.

“Les dije: ‘Habéis deshonrado la historia de las Fuerzas Armadas Turcas. El único lugar al que vais a ir es a la oficina del fiscal. Lo que habéis hecho es peor que una guerra. Rendíos’. A medida que el tiempo pasaba, fueron desmoralizándose. Les dije que dejaran de engañar a la gente. Al final me dijeron: ‘De acuerdo comandante. Nos rendimos’ “.

Al menos 246 personas –sin incluir a los militares que participaron en el golpe de Estado- fallecieron en la noche del golpe y otras 2.200 resultaron heridas, la gran mayoría de ellos civiles que cayeron por disparos de los soldados y en ataques aéreos de los golpistas.

Turquía cerrará más de 2.000 empresas e instituciones vinculadas a Gülen

El gobierno turco anunció el domingo que investigará y clausurará todas las empresas, asociaciones e instituciones privadas vinculadas a la secta religiosa dirigida por el clérigo Fethullah Gülen, al que Ankara acusa de crear un Estado paralelo infiltrando durante décadas a sus miembros en puestos clave de la Administración del país.

La medida, según datos oficiales, afectará a 1.043 instituciones educativas privadas, 1.229 fundaciones y asociaciones, 19 agrupaciones sindicales, 15 colegios privados, y 35 instituciones médicas, todas ellas sospechas de estar vinculadas o al servicio del movimiento Gülen, cuyos miembros le consideran un “Mahdi” (una especie de enviado o guía en el Islam). Así mismo el gobierno turco planea contratar más de 20.000 nuevos profesores después de que al menos 21.738 maestros de todo el país fueran suspendidos por su posible vinculación con Gülen.

Un total de 13.165 personas han sido detenidas hasta la fecha en relación con el intento de golpe de Estado del 15 de julio, la mayoría por sus relaciones con el movimiento religioso (al que el gobierno turco considera una organización terrorista), incluyendo 8.838 militares, 2.101 jueces y fiscales, 1.485 policías, 52 gobernadores locales y 689 civiles. El sábado no obstante la fiscalía de Ankara anunciaba la puesta en libertad de 1.200 de los militares detenidos tras las primeras investigaciones sobre su implicación en el golpe.

Estas detenciones, que han sido calificadas en medios y occidentales como un intento de represión del gobierno turco y del presidente del país contra los golpistas, son defendidas sin embargo por las autoridades turcas, que aseguran mantener su compromiso con la democracia y el Estado de derecho y las consideras fundamentales como parte de los esfuerzos para erradicar la presencia de miembros de la secta de Gülen en las instituciones del país.

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