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Eurasia

Constantin Reliu, el rumano que intenta que su país le reconozca que sigue vivo

06-04-2018 - 17:00 CET | Hispanatolia

El caso de Constantin Reliu, un ciudadano rumano que al regresar a su país tras 20 años viviendo en Turquía se encontró con que estaba muerto, es increíble. Pero lo que Reliu de verdad quiere es poder regresar a Turquía y ser enterrado allí.

Constantin Reliu, un hombre rumano que mantiene desde hace tiempo una lucha con los tribunales de su país natal para que reconozcan que sigue vivo después de que las autoridades de Rumanía le declarasen oficialmente muerto, ha iniciado una nueva demanda ante la justicia para intentar anular su certificado de defunción.

Reliu confirmó este viernes a los medios que su abogado había presentado una demanda ante los tribunales pidiendo que se anule el certificado de fallecimiento que fue emitido en 2016 a instancias de su mujer; en dicha demanda también exige la devolución de varios bienes ahora en posesión de su exmujer, Ioana Constantin, de la que hace años que se separó.

“Después de que mi caso saliera a la luz pública, un abogado me ofreció ayudarme de forma gratuita, dado que yo no tengo dinero”, explicó Reliu, que el pasado marzo perdió una apelación ante los tribunales en la que pedía la anulación de su certificado de defunción. El tribunal decidió rechazar la apelación argumentando que la había presentado fuera de plazo y que carecía de las competencias necesarias.

El caso de este hombre resulta rocambolesco. Reliu se marchó a Turquía en 1992, donde trabajó durante cerca de 20 años, primero en la construcción y luego como cocinero. Al principio regresaba a su casa en Rumanía cada pocos meses, y acostumbraba a enviar dinero a su esposa y a su hija, pero en 1999 tras visitar por última vez su casa, decidió no regresar y cortar los lazos con su familia y amigos tras comprobar que su esposa le era infiel.

En palabras del propio Reliu, se encontró con un hogar roto en el que su esposa –que actualmente vive en Italia- bebía constantemente; ello unido a la idea de tener que seguir soportando un matrimonio infeliz en el que había infidelidades por ambas partes, le llevó a tomar la decisión de no volver.

A partir de entonces, ni sus familiares ni sus amigos volvieron a tener noticias de Reliu, y él tampoco dijo nada ni volvió a enviar dinero a su casa. Todos los esfuerzos por localizarle en Turquía fueron infructuosos, y cuando en 1999 un gran terremoto azotó el país dejando más de 17.000 muertos, muchos en Rumanía pensaron que Reliu podría haber sido una de las víctimas.

Bajo todas estas circunstancias, y a medida que pasaban los años sin noticias de Reliu, fue como en 2013 y tras no tener noticias suyas durante 14 años, su antigua esposa solicitó a un tribunal de Rumanía que declarase a su marido legalmente muerto; tanto la familia como los amigos del hombre testificaron que no sabían nada de Reliu desde 1999, y por su parte el Ministerio del Interior de Turquía confirmó que no tenía información sobre él, por lo que la corte rumana decidió que lo más lógico era pensar que efectivamente había fallecido.

En 2016 un certificado de fallecimiento emitido por las autoridades del país balcánico terminó por hacerlo constar oficialmente: en él constaba 2003 como la fecha de su muerte, teniendo en consideración la fecha en la que había caducado su último pasaporte.

El problema, es que Reliu seguía vivo, viviendo mientras tanto en Estambul y ajeno a todo esto. Su pesadilla comenzó cuando las autoridades turcas, tras descubrir que llevaba casi 20 años viviendo en el país de forma ilegal, le deportaron de vuelta a su Rumanía natal. Fue el pasado enero, tras regresar a su país, cuando Reliu descubrió entonces que su exmujer lo había declarado muerto, y que así constaba para las autoridades rumanas. Lo que en un primer instante se tomó como una broma de los funcionarios que le recogieron en el aeropuerto de Bucarest, acabaría convirtiéndose en su peor pesadilla.

Como tal, Reliu vive en un limbo legal y no puede por ejemplo recibir un sueldo ni una pensión, ni acudir al médico para tratar sus problemas de diabetes. Ahora reside en el que antaño fue su hogar (y que se encontró abandonado al regresar): un ruinoso bloque de apartamentos construidos en la era comunista en la ciudad de Bârlad, situada al este de Rumanía no lejos de la frontera con Moldavia, donde pasa los días acudiendo una y otra vez a agencias gubernamentales, hablando con funcionarios, policías y jueces, e intentando que su país le declara oficialmente vivo.

Su “regreso de la muerte” tampoco ha sido plato de buen gusto ni para sus amigos en Rumanía, ni para su familia. Su propia madre, que le había dado por muerto muchos años atrás, tuvo que ser ingresada en el hospital durante varios días tras el shock del reencuentro. Otros familiares y amigos pensaron al verlo que se trataba de un impostor, o de un fantasma, sin terminar de poder creérselo.

Una de las personas que más agraviada se siente por el aparente “regreso de entre los muertos” de Reliu es su hija, Luiza, que ahora tiene casi 40 años y vive en España. En su día Reliu, cuando se marchó a Turquía para no volver queriendo huir de un hogar roto, tomó la decisión de romper también los lazos con ella. “Sabía que sería difícil para mi hija, pero pensé que era lo mejor para ella”, asegura.

Ella no es de la misma opinión sin embargo, y ahora le reprocha que pretenda volver tras haber estado ausente de su vida durante los últimos 19 años. “¿Tienes idea de por lo que he pasado? Tengo tres hijos”, cuenta Reliu que le ha dicho su hija.

Desde que su caso se hizo famoso, son muchos los periodistas que intentan hablar con Reliu, pero él mismo reconoce que esa atención no le ha servido de gran cosa. No obstante confía en que los tribunales acaben dándole la razón; su anterior apelación fracasó por un fallo en el procedimiento y porque contó con un pésimo asesoramiento legal: de hecho su anterior abogado ni siquiera se presentó ante el tribunal.

Pero lo que resulta paradójico es que incluso aunque su país le acabe finalmente “dando por vivo”, y a pesar de que cuando las autoridades turcas le deportaron le dijeron que no podría regresar jamás a Turquía, Reliu asegura que lo que verdaderamente le gustaría es poder regresar al país en el que ha vivido durante las dos últimas décadas de su vida: “Quiero ser enterrado en Turquía. Mi vida está allí”, ha afirmado.

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