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Internacional

Turquía se ofrece a pagar a Bangladesh todos los gastos de los refugiados rohinyá

02-09-2017 - 00:00 CET | Hispanatolia

El gobierno turco ha pedido a Bangladesh que abra sus fronteras a los miles de refugiados de la minoría musulmana rohinyá, que tratan de huir de las nuevas matanzas en Myanmar a manos del ejército y de la mayoría budista.

El ministro de exteriores turco Mevlüt Çavuşoğlu pidió el viernes a Bangladesh que abra sus fronteras a los refugiados rohinyá que huyen de la violencia de las fuerzas de seguridad de Myanmar en el estado de Rakáin, situado al oeste del país y fronterizo con Bangladesh.

En declaraciones realizadas el viernes desde la provincia turca de Antalya, durante un evento con motivo de la festividad musulmana del Sacrificio, Çavuşoğlu volvió a pedir al gobierno de Bangladesh que abra sus puertas a los refugiados rohinyá, una minoría que profesa el Islam pero que desde hace años sufre persecución y matanzas en Myanmar, añadiendo que si Bangladesh accede a ello Turquía correrá con todos los gastos de los refugiados.

Hemos movilizado también a la Organización para la Cooperación Islámica. Vamos a celebrar una cumbre este año sobre el Estado de Rakáin. Necesitamos encontrar una solución firme y permanente a este problema”, subrayó Çavuşoğlu, asegurando que ningún otro país como Turquía ha denunciado las masacres en Myanmar contra esta minoría.

El canciller turco recordó también que en términos de ayuda humanitaria, Turquía se sitúa en el segundo puesto mundial con 6.000 millones de dólares, sólo por detrás de Estados Unidos con un gasto de 6.300 millones de dólares.

Estas declaraciones de Çavuşoğlu se producen después de que el presidente turco Tayyip Erdoğan afirmara el miércoles que Turquía no piensa dejar solos a los rohinyá y urgiera a la comunidad internacional a frenar las matanzas y a aumentar la presión sobre el gobierno de Myanmar, la antigua Birmania. Según informó la prensa turca, en las últimas horas Erdoğan ha hablado por teléfono con al menos 13 jefes de Estado para expresarles su preocupación por la situación que se vive en el sureste asiático y los asesinatos contra esta minoría musulmana.

Desde que el pasado 25 de agosto las fuerzas de seguridad de Myanmar pusieran en marcha una operación en el Estado de Rakáin tras un ataque de insurgentes musulmanes, la violencia contra los rohinyá se ha recrudecido y se estima que al menos 20.000 de ellos han huido de sus hogares intentando cruzar la frontera con el vecino Bangladesh, pese a que éste país mantiene sus puertas cerradas a los refugiados.

Las informaciones que llegan desde la zona apuntan a que el ejército de Myanmar estaría empleando un uso desproporcionado y deliberado de la fuerza contra los rohinyá, destruyendo sus hogares y matando a cientos de ellos. Un informe presentado por Naciones Unidas ha documentado violaciones masivas, matanzas que han incluido a niños y jóvenes, palizas brutales y desapariciones forzosas, acciones que según la ONU podrían ser constitutivas de crímenes contra la Humanidad.

Los rohinyá son un pueblo que profesa el Islam y que desde hace siglos ha habitado el Estado de Rakáin en Myammar, donde en los últimos años conflictos interétnicos y ataques de la mayoría budista del país han llevado a decenas de miles de rohinyá -especialmente desde un brote de violencia en junio de 2012 instigado por el llamado movimiento 969, liderado por el monje budista Ashin Wirathu- a huir de sus casas hacia campos de refugiados o hacia países vecinos, en medio de acusaciones de limpieza étnica contra el gobierno del país.

El trato dispensado por el gobierno de Myanmar hacia la minoría rohinyá –estimada en 1,1 millones de personas- ha cuestionado ante los ojos del mundo el papel de la premio Nobel de la paz Aung San Suu Kyi, antigua activista por la democracia en Birmania que actualmente ocupa simultáneamente los cuatro ministerios más importantes del gobierno, por lo que muchos consideran que gobierna en la sombra Myanmar.

Muchos acusan a Suu Kyi de haber mirado para otro lado ante la persecución y las masacres en su país a manos de la mayoría budista contra los rohinyá, a quienes el gobierno de Myanmar se niega a reconocer como ciudadanos y les sigue considerando como inmigrantes ilegales: y es que pese a que está documentada al menos desde el siglo VII su presencia en Rakáin (el antiguo Arakán), la mayoría budista sostiene que fueron inmigrantes traídos por los británicos y les acusa de querer imponer su religión para crear un Estado islámico.

Muchas organizaciones consideran las prácticas antimusulmanas que sigue el gobierno de Myanmar, que ha recluido a más de 140.000 rohinyá en guetos y estudia una ley propuesta por el 969 para prohibir los matrimonios mixtos con rohinyá, como un régimen de apartheid en el sureste de Asia.

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