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Cultura

Los beyliks de Anatolia: taifas ‘’alla turca’’

Otomanos batalla

18-12-2014 - 15:00 CET Francisco Olmos | Hispanatolia

Durante más de dos siglos, Anatolia fue el escenario de guerras, intrigas, alianzas y traiciones entre estos pequeños principados que acabaron dando origen a uno de los mayores imperios de la Historia.

Mucha gente conoce a los otomanos, aquellos guerreros venidos de Asia que lograron levantar un poderoso imperio que se extendió por tres continentes y dominó el Mediterráneo oriental. Sin embargo, tal vez menos gente conozca el origen de dicha dinastía, que al principio no fue que otro un beylik, un principado más de los muchos que se repartían a lo largo de Asia Menor durante la Edad Media.

Durante más de dos siglos, Anatolia fue el escenario de guerras, intrigas, alianzas y traiciones entre estos potentados que acabaron alumbrando uno de los mayores imperios de la Historia. Pero, ¿que eran exactamente los beyliks?

Para comprender el fenómeno de los beyliks (proveniente de bey), o beylicatos si queremos traducir el término al español, es útil recordar la situación vivida en el otro extremo del Mediterráneo. Allí, durante el siglo XI la desintegración del califato de Córdoba trajo consigo la creación de los llamados reinos de taifas, territorios gobernados por caudillos locales. En la península Ibérica hubo hasta tres periodos en los que emergieron estos pequeños reinos, mientras que en Anatolia la historia se repitió dos veces.

La derrota de los bizantinos ante los selyúcidas en la batalla de Manzikert (1071) supuso el fin de la hegemonía bizantina en Asia Menor y la entrada en escena de los turcos. Una vez se estableció el Imperio selyúcida, el restante vacío de poder lo ocuparon señores de la guerra  provenientes del Asia Central que establecieron allí sus propias dinastías. Algunas apenas duraron décadas, otras llegaron a pervivir dos siglos. No obstante, el periodo que nos ocupa es el de los segundos beyliks.

Los victoriosos selyúcidas apenas duraron poco más de siglo y medio. Otro pueblo guerrero procedente del corazón de Asia les desbancó y alteró la balanza de poder en Anatolia. Hablamos, como no podría ser de otra manera, de los mongoles. Los descendientes de Gengis Kan derrotaron a los selyúcidas en la batalla de Köse Dağ (1243) y dejaron heridos de muerte a los vencedores de Manzikert. De nuevo, la debilidad del poder central propició la emergencia de numerosos beyliks independientes, muchos de ellos fundados por recién llegados de las interminables estepas asiáticas. Estos territorios solían llamarse en función de su fundador. Así por ejemplo, los otomanos, fundados por Osman, también eran conocidos como los Osmanoğulları, o hijos de Osman, y así sucesivamente.

Más de 20 beyliks ocuparon la península de Anatolia. Algunos apenas alcanzaban a gobernar una ciudad, como fue el caso de Alaiye (1293-1471), en la moderna ciudad mediterránea de Alanya. Otros sin embargo fueron verdaderas potencias regionales, como fue el caso de los Karamanoğulları (1250-1487), que compitieron con los otomanos por la hegemonía en Asia Menor, o los Aydınoğulları (1308-1426), hábiles marinos cuyos servicios fueron requeridos por los bizantinos. Hubo algunos que apenas duraron décadas, como el de Erzincan (1379-1410) pero la gran mayoría duraron siglos, siendo los Ramazanoğulları (1352-1608) el ejemplo más significativo. 

Los beyliks actuaban como reinos a pequeña escala. Formaban alianzas entre ellos, casaban a sus princesas para asegurarse la lealtad de otros beylicatos, conspiraban con potencias extranjeras para derrotar a sus vecinos, tan pronto guerreaban entre ellos como luchaban contra armenios, genoveses, mamelucos, mongoles, bizantinos… En tiempos de paz, los gobernantes de estas verdaderas dinastías se ponían manos a la obra para embellecer sus capitales con mezquitas, caravasares y palacios. Algunas de estas edificaciones han llegado a nuestros días, especialmente los templos, y uno puede ser testigo del arte y la arquitectura durante este periodo visitando, entre otras, las mezquitas de İsa Bey (Selçuk) e İlyas Bey (Mileto) o paseando por las ruinas del castillo de Beçin (cerca de Milas), antigua capital del beylik de Menteşe.

Sólo podía quedar uno

Si uno viese el mapa político de finales del XIII, sería difícil reparar en el germen del Imperio otomano. Los guerreros de Osman, agrupados en el noroeste de la península, formaban uno de los beyliks más insignificantes en términos de tamaño. Sin embargo, contaban con una ventaja: su beylicato lindaba con los territorios desprotegidos del decadente Imperio bizantino.

Así pues, mientras otros beyliks se ocupaban en guerrear entre ellos, los osmanlíes fueron conquistando las tierras y ciudades de los bizantinos, una guerra mucho más atractiva también para los gazi o guerreros santos del Islam. Esta ventaja, junto a su habilidad, fue determinante a la ahora de aupar a los otomanos, que poco a poco fueron acabando con sus rivales. Incluso después de que Constantinopla fuese conquistada, Mehmet el Conquistador tuvo que seguir lidiando con los diversos beyliks que aún existían en la región.

Pese a desparecer, muchos miembros de las dinastías locales hicieron carrera en la administración otomana, algunos como gobernadores locales y otros como ministros. Incluso hoy en día, los descendientes de los beys medievales son miembros destacados de la sociedad turca en la moderna República de Turquía, tal y como es el como es caso de los Ramazanoğulları.

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1 Comentarios

  • Carlos el Viernes, 19 de Diciembre de 2014 a las 09:51:06

    Me ha encantado el artículo. Desconocía totalmente esta fase de la historia de Turquía. Gracias por compartirlo.

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