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Política

Turquía aspira a ser potencia regional y reexamina su cooperación militar con Israel

BABAKAN ERDOGAN

07-06-2010 - 12:00 CET | Agencias/Hispanatolia

Ankara ya no es sólo ese miembro prudente de la OTAN, cercano a Estados Unidos, candidato a ingresar en la Unión Europea y signatario de un acuerdo estratégico con Israel. Ahora aspira a un perfil diplomático como el de las potencias emergentes.

Lo que ocurrió la semana pasada en torno a Gaza confirma un cambio importante en el Medio Oriente: el fin de la relación privilegiada entre Israel y Turquía. Éste es un momento clave que marca la culminación de una evolución iniciada hace algunos años, en la que Ankara toma sus distancias con respecto de su viejo aliado para acercarse al mundo árabe.
 
Turquía se emancipa de su diplomacia tradicional a fin de convertirse en una potencia regional, política y económica. Ya no es sólo ese miembro prudente de la OTAN, cercano a Estados Unidos, candidato a ingresar en la Unión Europea (UE) y signatario de un acuerdo estratégico con Israel. Ahora aspira a un perfil diplomático más complejo: el de una de esas potencias emergentes que, como Brasil, Indonesia y Sudáfrica, están en vías de cambiar la relación internacional de fuerzas.
 
Entre la opinión pública árabe, Turquía sale engrandecida por sus críticas al ataque de comandos israelíes, el 31 de mayo, contra la flotilla humanitaria que quería romper el bloqueo a Gaza.
 
La iniciativa de la operación “Liberen a Gaza” provino de una organización no gubernamental turca, IHH, que no oculta que su objetivo era tanto político como humanitario. Lo más importante, esta organización no pudo pasar a la acción más que con la luz verde implícita del gobierno turco.
 
Ankara mandó llamar a su embajador en Israel y habló de la posibilidad de romper relaciones diplomáticas. El Primer Ministro Recep Tayyip Erdogan, que dirige el Partido Justicia y Desarrollo (AKP), acusó a los israelíes de haber “masacrado inocentes a sangre fría”.
 
Si bien entre los Estados jamás hay nada definitivo, las relaciones turco-israelíes ya no serán lo que fueron por mucho tiempo. Para los israelíes, éste es un trastorno, el fin de una época en la que Turquía era su principal aliada en el mundo musulmán.
 
Ante la hostilidad de sus vecinos inmediatos, los fundadores de Israel quisieron apoyarse en los dos países musulmanes no árabes de la región: Irán y Turquía. Pero la Revolución Islámica de 1979 puso fin a las relaciones de Israel con Teherán. Con Turquía, por el contrario, los lazos se habían estrechado y en 1996 llegaron a firmar un acuerdo de cooperación estratégica.
 
El deterioro se ha producido lentamente, provocado por la ausencia de avances en la negociación palestino-israelí y por el nuevo curso de la política exterior turca que, poco a poco, lleva más la marca del AKP y se libera de sus líneas tradicionales.
 
En una diplomacia que privilegia la buena vecindad con los más cercanos, Turquía mejora las relaciones con Grecia y Armenia, con Irán y con el mundo árabe. Es también una “diplomacia de los negocios”, precisa una especialista en Turquía, Arianne Bourzon: “Erdogan nunca viaja sin un séquito de empresarios”.
 
En Irak, Ankara supo desarrollar sus lazos con Bagdad y, más importante, con la región autónoma kurda iraquí, que alberga también a los kurdos turcos que combaten por su independencia o mayor autonomía.
 
Con Siria, las relaciones no han dejado de mejorar desde que Damasco dejó de apoyar a los independentistas turco-kurdos. A nombre de estas buenas relaciones con Damasco, Turquía pudo servir de mediadora en las negociaciones indirectas entre Siria e Israel.
 
Pero a fines del 2008, la operación Plomo Endurecido librada por el Tsahal en la Franja de Gaza marcó el inicio de las tensiones entre Israel y Turquía.
 
La opinión pública y la mayoría parlamentaria turca quedaron impresionadas por la intensidad de los bombardeos israelíes. A Erdogan no le pareció bien no haber sido advertido de la operación, precisamente cuando trataba de reactivar su mediación entre Israel y Siria.
 

¿Un modelo para el mundo árabe?

¿Podrán pesar las reminiscencias del imperio otomano en la memoria árabe en contra del acercamiento con Ankara? Al parecer no hay nada de eso. La Turquía actual incluso está en vías de convertirse en una especie de “modelo” para los países árabes.
 
Un amplio estudio de opinión pública realizado en enero por la Fundación Económica y Social Turca arrojó resultados muy halagüeños para Turquía.
 
Con 75% de opiniones favorables, Turquía es el país no árabe más apreciado en el mundo árabe; 63% de los encuestados consideró que ha logrado una buena “combinación de Islam y democracia”; otro tanto considera que su ingreso en la Unión Europea no haría más que reforzar su aura en el Medio Oriente.
 
Con el AKP en el poder, en cierto modo Turquía se ha librado de la tutela estadounidense. Erdogan exasperó a Washington al lanzar junto a Brasil una mediación sobre el programa nuclear iraní. Pero tampoco se opuso al ingreso de Israel en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
 
Mantiene una línea delicada y compleja. Lo quiere todo a la vez: ser miembro de la OTAN, ser candidato a la UE, consolidar su posición de “grande” en el Medio Oriente, tener buenas relaciones con Irán y con el mundo árabe, sin romper con Israel. Un cóctel rico pero explosivo.

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