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Opinión

Las mentiras del 11-S (II)

07-10-2012 - 00:00 CET

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Hasta ahora he hablado de qué se escondía detrás de la infame y polémica película "La inocencia de los musulmanes" y el ataque contra el consulado estadounidense en Bengasi el pasado 11 de septiembre que desembocó en la muerte del embajador. Pero falta alguien muy importante, fundamental en este juego. Los medios de comunicación. Sin ellos, cualquier historia, cualquier trama por planificada que esté, no es convincente ni creíble.

Inmediatamente tras el asalto al consulado en Bengasi y en medio de la confusión general por lo ocurrido, la prensa y la televisión se apresuraron a difundir las imágenes de la "ira musulmana" y las "protestas islamistas", con portadas alarmantes y titulares y editoriales incendiarios de algunos diarios -algunos de los cuales rallaban a mi parecer la islamofobia- anunciando el fin de la "Primavera Árabe" y el triunfo del islamismo; algún rotativo conservador español incluso aprovechaba y elogiaba el hecho de que en Arabia Saudí, país aliado de Occidente y donde el régimen dictatorial no acabó cayendo por las revueltas populares, no hubiese protestas contra el controvertido film de Basseley... Obviando claro está el hecho de que el país esté gobernado por una monarquía feudal y personalista, una de las pocas teocracias que persisten en el mundo absolutamente represiva, cuya ideología está basada precisamente en la rama más extremista y radical del Islam: el wahabismo, más comúnmente llamado salafismo, que predica una interpretación literal del Corán y una aplicación tremendamente estricta de la Sharia (ley islámica)... Es gracias a nuestros queridos "aliados saudíes" que en Occidente seguimos teniendo esa visión del Islam como algo represivo, extremista y medieval. Quizás sea por eso que muchos grupos y medios conservadores -y no tan conservadores- lamentablemente siguen pensando que para cualquier país musulmán, cualquier dictadura siempre es mejor que la democracia.

Pero analicemos en perspectiva lo que ocurrido y su difusión mediática: ¿son reales todas esas revueltas? ¿Podemos hablar verdaderamente de un "levantamiento" del mundo musulmán...? Permítanme ponerlo muy en duda. Hay entre 1.500 y 1.700 millones de musulmanes en el mundo, según las últimas estimaciones. Si nos fijamos detalladamente en cuántas personas han participado en las protestas, veremos que salvo en casos aislados como Jartum (capital de Sudán) y Karachi (Pakistán) -ambos con una realidad política marcada por la presencia de grupos islamistas fuertes-, en el resto de manifestaciones violentas tanto contra la película "La inocencia de los musulmanes" como a raíz de las caricaturas obscenas de Mahoma en la revista francesa "Charlie Hebdo" (que no tenía mejor cosa mejor que hacer que publicar una caricatura de Mahoma desnudo y en pose erótica en estos momentos... eso sí, en nombre de la libertad de expresión) los participantes no han sumado más que unos pocos cientos, apenas medio millar en el mejor de los casos. En Irán, país que atrae la atención de los medios como "estado islamista", las primeras protestas concentraron poco más de 500 personas en Teherán que acabaron disolviéndose pacíficamente. El número, incluso en casos aislados como los de Sudán o Pakistán donde han sumado algunos miles, resulta tremendamente ridículo comparando con la inmensísima mayoría de musulmanes que no han salido a la calle ni han actuado de forma violenta, aunque no por ello no se hallan indignado u ofendido por lo ocurrido... tanto o más que por el trato en los medios de comunicación, donde la consigna ha sido generalizar, meter a todos en el mismo saco, y vincular una vez más musulmanes con violencia.

Una foto, una imagen captada con cuidado y repetida hasta la saciedad en los telediarios, o un titular incendiario, pueden hacernos creer casi cualquier cosa. ¿Pero es real? Personalmente el trato que se ha dado a este asunto en los medios de comunicación me ha recordado tristemente a aquellas imágenes de unos palestinos celebrando supuestamente los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York que se encargó de difundir inicialmente aquel mismo día la CNN, y luego en comparsa -en este mundo en que ya casi nadie se cuestiona nada ni comprueba las informaciones- las televisiones y diarios del resto del mundo... Más tarde se supo que aquellas imágenes habían sido tomadas en realidad diez años antes y nada tenían que ver con el 11-S. Pero el daño ya estaba hecho. Mucha gente hoy día sigue -y seguirá- pensando que los musulmanes no sólo estuvieron detrás del 11-S... sino que además, se alegraron.

¿Manipulación? ¿Sensacionalismo? Júzguenlo ustedes mismos. Si comparamos las cifras de manifestantes en la mayoría de las protestas contra el video sobre Mahoma -protagonizadas y convocadas en todos los casos por grupos radicales de islamistas que representan sólo a una minoría en sus respectivos países- con por ejemplo las últimas manifestaciones de grupos fascistas en España, que reunieron a unas 1.000 personas este año en Madrid, nos haremos una idea de hasta qué punto podemos estar hablando de un "levantamiento del mundo musulmán", un "resurgimiento del islamismo", o de que "los islamistas acaban con la Primavera Árabe", como han aventurado muchos medios... No he visto sin embargo titulares ni portadas, ni en España ni en Oriente Medio, hablando de que los grupos franquistas -con mucho más éxito en sus convocatorias, por lo visto- estén a punto de hacerse con el poder y poner fin a la democracia en España...

Mención aparte merece el hecho de que la difusión de las "protestas islamistas" haya superado con creces la de las condenas a la violencia y los llamamientos a la calma de líderes políticos y religiosos musulmanes de todo el mundo, o la de las vigilias y concentraciones totalmente pacíficas de musulmanes en estos mismos países (y con un número similar de participantes) en repulsa por la muerte del embajador de EE.UU. y contra el radicalismo islámico: estas imágenes apenas se han visto en los medios y en el mejor de los casos han tenido un tratamiento anecdótico; prácticamente la misma difusión nula que tienen los numerosos movimientos y grupos a favor de la democracia en países como Libia, con miles de seguidores -especialmente jóvenes- en internet que aspiran a lograr un país libre y moderno, y que están siendo los verdaderos motores del cambio en muchas naciones árabes.

Pero seguramente sea más fácil en estos momentos agitar el fantasma islamista para llenar portadas y atraer a lectores cansados de oír hablar de la crisis, o a cierto tipo de público que se siente reconfortado pensando y diciendo: "¿Veis como los musulmanes son radicales y violentos?"... Más tarde ya tendremos ocasión de preguntarnos estupefactos de dónde salen los tipos como Anders Behring Breivik.

He titulado este artículo las mentiras del 11-S. Y aunque no hable de las mentiras de aquel 11-S que ocurrió hace ahora once años sino del que hemos vivido más recientemente, las mentiras, las manipulaciones, las conspiraciones, los engaños, y las dudas razonables que quedan -y posiblemente quedarán- sin respuesta, siguen siendo las mismas, ahora, antes y en tantos otros momentos de la Historia. Es precisamente a ella, y a nuestro propio criterio e inteligencia más allá del pensamiento dominante o del que nos quieran inculcar, al que debemos recurrir para -como ya sugirió Platón en su "mito de la caverna"- tratar de ver más allá de las imágenes distorsionadas y las falsas apariencias.

La "oportuna" difusión del patético film sobre Mahoma y la muerte del embajador Stevens me recuerdan no obstante también a lo ocurrido el 11 de septiembre de 2001, cuando unos atentados cometidos por un grupo de radicales cuyo jefe -Osama bin Laden- había trabajado durante años para la CIA, desataron una "guerra contra el terrorismo" en la que los musulmanes pasaron a ser vistos como potenciales terroristas y enemigos de nuestro modo de vida, y el terrorismo islamista se convirtió -de nuevo muy oportunamente- en la nueva amenaza a combatir precisamente en un momento en el que la caída del bloque soviético estaba cuestionando el gasto militar e instituciones militares como la OTAN...

Y recurriendo a la Historia, me pregunto yo: ¿...No culpó Nerón a los cristianos del incendio de Roma?

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