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Opinión

¿Qué es lo que va a revelar la investigación sobre Khashoggi?

18-10-2018 - 00:00 CET

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Jamal Khashoggi, un periodista saudí y colaborador del Washington Post, entró en el Consulado de Arabia Saudí en Estambul el 2 de octubre y nunca salió. Han pasado (ahora) aproximadamente 13 días desde su desaparición y no hay nada que indique el disidente saudí sigue vivo. Las autoridades turcas concluyeron inmediatamente que Khashoggi había sido asesinado. Aunque Arabia Saudí ha emitido negaciones rotundas, no ha conseguido proporcionar evidencias de que Khashoggi abandonara el consulado.

El asunto de Khashoggi ya ha superado los límites de las relaciones bilaterales de Turquía con Arabia Saudí. Ahora es un tema de análisis internacional. Desde el Reino Unido hasta la Unión Europea, un gran número de personas y grupos ya se han implicado. De hecho, la desaparición de Khashoggi se ha convertido en un asunto prioritario en la agenda de Washington.

Hasta cierto punto, esto es el resultado de la política que Turquía siguió desde que la noticia de la desaparición de Khashoggi saliera a la luz. Ankara evitó convertir el incidente en una crisis con Arabia Saudí, presionar a Riad o iniciar una disputa diplomática que pudiese desestabilizar aún más la región. En su lugar, adoptó una estrategia de mensajes cuidadosamente elaborada diseñada para forzar a Riad a admitir su culpa.

Primero, las fuerzas de seguridad recogieron evidencias para concluir que Khashoggi había sido asesinado en el Consulado de Arabia Saudí. Luego las autoridades comenzaron a revelar esto a los medios de comunicación internacionales y a los gobiernos extranjeros.

Fue la estrategia de comunicación de Turquía lo que transformó el asesinato de Khashoggi en una cuestión internacional, y evitó que se redujera a un asunto bilateral entre Ankara y Riad. Ahora mismo, los saudíes están trabajando muy duro para limpiar su nombre, que el asesinato ha dañado severamente. Mientras los senadores de EE.UU. piden una suspensión de las ventas de armas a Riad, los gigantes empresariales han decidido suspender o cancelar las inversiones previstas en Arabia Saudí.

En otras palabras, el reino –especialmente el Príncipe Heredero Mohammed bin Salman (comúnmente conocido como MBS)- está experimentando una seria crisis de legitimidad. Aunque el presidente estadounidense Donald Trump ha reafirmado su compromiso de enviar equipamiento militar a los saudíes, quienes –ha asegurado- lo comprarían si no a Rusia o China, él entiende que su administración está obligada a tomar acciones contra Arabia Saudí.

En un esfuerzo por desescalar su crisis de legitimidad, Riad acabó por cooperar con la investigación turca sobre el asesinato de Khashoggi. Pero tras haber aceptado permitir a la policía turca registrar su consulado en Estambul, los saudíes pronto dieron marcha atrás a sus promesas. Unos pocos días después, una delegación saudí voló a Ankara y exigió la formación de un grupo de trabajo conjunto. Confiando en descubrir la verdad, Turquía estuvo de acuerdo. Aun así, las autoridades turcas le recordaron a Riad que la investigación oficial en Estambul no se detendrá.

La pregunta del millón de dólares es, ¿saldrá algo de la investigación conjunta? Hay pocas razones para ser optimista. Para ser claros, la policía turca no necesita la ayuda de Arabia Saudí. Han estado investigando el incidente y han encontrado evidencias contundentes en el proceso. Parte de la información de la que disponen ha sido ya publicada en los medios de comunicación internacionales. Puede decirse que la prueba más condenatoria, una grabación de audio del asesinato, fue transmitida la semana pasada al Washington Post por agentes estadounidenses y turcos.

En este sentido, Riad necesita desesperadamente unirse a la investigación para hacer frente a sus crisis de legitimidad. Pero el problema subyacente no desaparecerá incluso aunque los saudíes llegasen ellos mismos a reconocer su implicación en el asesinato de Khashoggi, culpasen de ello a elementos corruptos y expresasen su pesar por ello. Después de todo, no existe forma de saber si MBS, uno de cuyas más recientes violaciones de la legislación internacional fue detener al primer ministro libanés Saad Hariri en Riad durante un largo período de tiempo, no va a tomar en el futuro decisiones desestabilizadoras.

Yendo más allá, Arabia Saudí debe aprender a respetar las leyes internacionales y las expectativas del mundo islámico. Debe dejar de hacer concesiones con respecto al estatus legal de Jerusalén, reparar sus relaciones con Qatar, trabajar más estrechamente con Turquía, y dejar de patrocinar a golpistas en Oriente Medio. Así es como pueden ayudar a la región, y a sí mismos.


 

Artículo traducido del original publicado el 14-10-2018 en el diario turco Sabah.

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