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Opinión

Pablo Gómez

Pablo Gómez

Crónicas de Oriente

El AKP vuelve a romper tabúes en Turquía

30-11-2011 - 00:10 CET

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Nos guste o no, hay que reconocer que desde que el partido AKP del primer ministro Erdoğan llegó al poder hace casi una década en Turquía la magnitud y el número de las transformaciones que ha vivido este país han sido incontables. Sean cuales sean las críticas -que por supuesto las habrá- es innegable que el AKP y el fuerte liderazgo de un hombre con la personalidad de Erdoğan, con todos los defectos que se le quieran atribuir, han logrado romper muchos tabúes que durante décadas fueron impuestos a la sociedad turca. Buena prueba de ese mérito son sin duda las sucesivas mayorías que el partido ha conseguido en las urnas, donde ha demostrado tener un respaldo indiscutible y cada vez mayor a su política de reformas y de apertura democrática; previsiblemente esas reformas desembocarán en esta legislatura en una ansiada nueva constitución que deje atrás la nacida del golpe de estado que dieron los militares en 1980.

Para alguien foráneo ajeno a los entresijos de la nada ortodoxa política turca, a menudo se ha confundido -aún hoy día- el respaldo popular al AKP en las urnas con una supuesta "islamización" de Turquía, que no se corresponde ni con la realidad ni con los hechos. Esto ocurre porque con frecuencia se ignoran tanto el amplio y variado espectro de votantes que tiene la formación que dirige Erdoğan (conservadores, liberales, e incluso votantes de izquierda...) como las razones de este apoyo, que no son sino la apuesta del AKP por introducir unas reformas y una apertura democrática que la mayoría de los turcos ansían desde hace años, y que anteriores gobiernos no quisieron o no pudieron abordar.

Esas mismas razones que explican el triunfo del AKP en Turquía son las que han motivado el auge de formaciones islamistas en países de mayoría musulmana como Túnez, Egipto, Libia o Marruecos (por citar sólo algunos ejemplos), donde estos partidos han sabido alejarse de los habituales clichés apostando por la democracia y el laicismo como forma de convivencia y por la economía liberal de mercado como camino hacia el progreso económico; como en Turquía, su éxito radica en que han sabido canalizar y asumir unas demandas de reformas, libertades y lucha contra la corrupción que los partidos tradicionales pro-sistema, apegados al status-quo y apoyados por Occidente a cualquier precio mientras frenasen la llegada al poder de “la amenaza islámica”, no supieron o más bien no quisieron llevar a cabo durante décadas.

A las investigaciones abiertas contra lo que en Turquía siempre se ha conocido como el "Estado Profundo", se sumaba hace poco más de tres meses el hecho de que el primer ministro turco presidiera por primera vez en solitario la reunión del Consejo Supremo Militar de Turquía (YAŞ), habitualmente copresidido por el jefe del Estado Mayor; a finales de agosto el general Necdet özel (Jefe del Estado Mayor) era recibido por el jefe del Estado (el presidente de la República, Abdullah Gül) con ocasión del Día de la Victoria (Zafer Bayramı, en turco), justo al revés de como había ocurrido hasta ahora (véase mi anterior artículo "El final de toda una época"); también por entonces el ejército retiraba de su página web oficial el famoso "e-memorándum" de 2007 que dio lugar al llamado "golpe de estado virtual" cuando la cúpula militar puso el grito en el cielo por la designación de un presidente de la República cuya esposa se cubría la cabeza con el tradicional velo (o diríamos mejor pañuelo...) islámico, lo que en su día constituyó también una auténtica revolución y una afrenta directa a otro gran tabú en la política turca. A todo esto podríamos sumar diversas investigaciones puestas en marcha contra tramas golpistas más o menos instigadas desde círculos castrenses o nacionalistas, además de los intentos para llevar ante los tribunales a quienes estuvieron detrás de los golpes militares de 1980 y 1998, aunque sería muy largo de explicar.

¿Qué pasó en Dersim?

Pero el último episodio de esta larga cadena de tabúes rotos han sido las declaraciones hechas por el primer ministro y líder del AKP, Recep Tayyip Erdoğan, quien el pasado miércoles 23 de noviembre expuso públicamente durante una reunión de su partido varios documentos oficiales que informaban con detalle acerca de la llamada "Masacre de Dersim".

Dersim era a finales de los años 30 del siglo XX una provincia rebelde en la Anatolia oriental, poblada principalmente por kurdos zazas vinculados religiosamente a la fe aleví, que se oponía a los planes del recién nacido Estado turco para centralizar la administración y "reubicar" a muchas minorías para evitar que quedasen concentradas en ciertas regiones que pudieran despertar sentimientos independentistas en una Turquía que por entonces aún era poco más que un proyecto en ciernes tras la caída del Imperio Otomano y la apurada victoria turca en la Guerra de la Independencia, que evitó el desastre y la "balcanización" de Anatolia que hubiera supuesto el infame Tratado de Sèvres de 1920. Por entonces Dersim era una provincia semi-autónoma que había sido escenario de varias revueltas en décadas anteriores, así que representaba un obstáculo para los planes de Ankara y un peligroso precedente.

Tras varios intentos infructuosos de negociación, Ankara dio la orden de atacar y entre 1936 y 1939 murieron allí exactamente 13.806 personas y otras tantas fueron deportadas a otras provincias del país, según los documentos de la época mostrados por el primer ministro turco, que calificó aquellos hechos como "el suceso más trágico de nuestro pasado reciente". Dersim fue renombrada entonces como "Tunceli", que es el nombre con el que podemos encontrar actualmente a esa provincia en el mapa de Turquía.

Erdoğan hizo dos cosas ese día que representaron una nueva ruptura completa con dos tabúes que han imperado durante años en la sociedad turca y especialmente en su vida política: la primera fue hablar de un hecho del pasado y reconocer públicamente que se había actuado incorrectamente; la segunda, aún más sorprendente, fue ofrecer disculpas públicas en nombre de su gobierno. "Si hay que disculparse en nombre de la República, y hay ocasión de hacerlo, entonces yo estoy dispuesto a decirlo... Yo pido perdón", dijo Erdoğan refiriéndose a lo ocurrido en Dersim, para a continuación ser interrumpido por todo un auditorio que espontáneamente se puso en pie para aplaudirle. Se trataba de la primera disculpa pública en más de 70 años por parte de un gobierno turco por la masacre de Dersim.

Hay quien ha querido ver en las declaraciones de Erdoğan una maniobra política para desacreditar a su principal rival político, el líder del principal partido de la oposición (el Partido Republicano del Pueblo, o CHP) Kemal Kılıçdaroğlu. Durante los años en que tuvo lugar la masacre de Dersim estaba al frente del gobierno turco İsmet İnönü, quien posteriormente sucedería a Mustafa Kemal Atatürk como Presidente de la República tras su fallecimiento el 10 de noviembre de 1938. İnönü, de origen kurdo y nacido en Esmirna (actual İzmir), era también líder del CHP -que fue el único partido autorizado en Turquía hasta 1946- y lo siguió siendo hasta poco antes de su muerte, en 1973; a ojos incluso de muchos historiadores turcos, İnönü ha sido considerado a menudo como un dictador, pero eso es otra historia. Todos los documentos y autorizaciones mostradas por Erdoğan durante su alocución llevaban la firma de İsmet İnönü.

Durante su discurso, el primer ministro turco pretendía lanzar todo un desafío al líder de la oposición. Y lo consiguió. Se da la circunstancia de que Kılıçdaroğlu no sólo es el actual presidente del CHP -que obviamente es sucesor directo del CHP que gobernaba a finales de los años 30-, sino que además es oriundo de Tunceli (Dersim) y tiene familia de origen kurda y aleví. "Yo puedo disculparme, pero quien debería disculparse en nombre del CHP es usted (Kemal Kılıçdaroğlu)... Usted dice que se siente orgulloso de ser de Dersim, haga honor a ello", fue el reto que le lanzó Erdoğan desde la tribuna.

Pero Kılıçdaroğlu no se disculpó. De hecho, poco después de que Erdoğan pronunciara su ya famoso discurso el responsable del CHP en la provincia suroriental de Diyarbakır alababa su gesto y pedía que el CHP hiciera lo que según él debía haber hecho hace tiempo: pedir perdón por lo que sus predecesores en el partido habían hecho en Dersim... Fue destituido fulminantemente. El vice presidente del CHP acusaba después al primer ministro turco de "dinamitar las bases de la nación", y al día siguiente aprovechando una reunión de su partido Kılıçdaroğlu decía que con una disculpa no era suficiente y retaba a Erdoğan a abrir los archivos históricos del país para examinar todos y cada uno de los incidentes desde la fundación de la República... Pero no, no se disculpó.

Erdoğan y la "Caja de Pandora"

Personalmente pienso que lo de menos es si Erdoğan utilizó la cuestión de Dersim como una maniobra política o no; está claro que el líder del AKP y primer ministro turco es un animal político que sabe defenderse muy bien en la arena, y no dudo que pueda haber utilizado un suceso que estaba ahí, en boca de todos, para lanzárselo a su principal -aunque lejano, a tenor de los resultados en las urnas- rival político. Pero eso no es lo importante aquí. Podemos atribuir la misma manipulación maniquea o doble intencionalidad a cualquier otro gesto, tanto de Erdoğan como de Kılıçdaroğlu o de cualquier otro político que nos interese criticar, según como queramos interpretarlo en base a nuestras simpatías políticas... Sería un debate interminable. A mi juicio sin embargo el hecho es que Kılıçdaroğlu no ha estado a la altura y ha representado toda una decepción para muchos de sus electores (por cierto, los alevíes son tradicionalmente votantes del CHP).

Pero por encima de todo, lo más importante es que con su gesto Erdoğan contribuyó a romper un importante tabú y a sentar un nuevo precedente precisamente cuando ya están en marcha los primeros pasos para redactar una nueva constitución para Turquía. Ante un proyecto de la magnitud y dificultad que representa elaborar la que posiblemente podemos considerar como la primera constitución plenamente civil de la historia de la República de Turquía, afrontar abiertamente los errores del pasado y romper los tabúes que hasta ahora pesaban a la hora de hablar con libertad de este y otros temas son pasos más que fundamentales, que el actual primer ministro ha sabido dar y que sin embargo el principal líder de la oposición no ha tenido el coraje de abordar, posiblemente por las tensiones que ello crearía en el seno de un partido que aún lucha por controlar.

Una disculpa pública era y es una antigua demanda de los supervivientes de Dersim y sus descendientes, según confirman las asociaciones que los agrupan. Y por supuesto esperaban lo mismo del actual líder del CHP. Los argumentos esgrimidos en días posteriores tanto por el propio Kılıçdaroğlu como por otros responsables de ese partido o por la prensa afín al CHP, alegando que los actuales líderes del partido no son los que gobernaban entonces, que Erdoğan ha abierto una especie de "Caja de Pandora" poniendo en peligro la unidad del país, o que ha habidos otros sucesos violentos en la historia de la República en la que estuvieron implicados grupos que ahora formarían parte de las bases del AKP... Pueden servir todos ellos (y otros muchos más) quizás como retórica política socorrida con la que apaciguar las conciencias de aquellos seguidores más acérrimos del partido; pero no convencerán ni al gran público ni especialmente a los supervivientes de Dersim.

Erdoğan tampoco había nacido siquiera en aquellos años, en los que ni siquiera existía su partido (el AKP fue fundado en 2001), y en cuanto a otros sucesos como la llamada "masacre de Sivas" (cuando un grupo enfurecido de radicales musulmanes incendió en 1993 un hotel matando a 37 intelectuales alevíes), han sido investigados precisamente bajo el actual gobierno, que convirtió el lugar en un museo para las víctimas. En cualquier caso todo es más sencillo y cabe simplemente preguntarse: ¿tiene algo que ver lo ocurrido en Sivas con el AKP o con Erdoğan? ¿Eran los asesinos miembros o votantes del AKP? ¿Eran amigos de Erdoğan, quizás...? ¿Lo sabe Kılıçdaroğlu...? La respuesta obvia es no, no, no... y está claro que no. De nuevo se trata de retórica fácil y del recurso a "echar balones fuera" de aquel que se sabe acorralado y sin más argumentos que señalar a otro.

Hay quien ha querido ver también en las declaraciones de Erdoğan un pretexto para volver a sacar (para bien o para mal) el eterno debate sobre el reconocimiento del supuesto genocidio cometido contra los armenios a finales de la I Guerra Mundial, llegando algunos periodistas a acusar al primer ministro turco prácticamente de darles alas a quienes apoyan su existencia. A mi juicio sin embargo son cosas totalmente inconexas. Una cosa es reconocer el uso excesivo de la fuerza contra los sublevados en Dersim, y otra muy diferente admitir la existencia de un plan sistemático para exterminar a la población armenia de Anatolia, como proclama el gobierno armenio; aparte del hecho de que ambos acontecimientos tuvieron lugar en épocas y bajo gobiernos y estados muy diferentes (de hecho Turquía ni siquiera existía como país hasta 1923), no podemos olvidar que esta es una cuestión que Armenia se ha empeñado en mantener alejada del debate científico e histórico en favor de un reconocimiento político, en contra de los ofrecimientos de Turquía de crear una comisión de investigación imparcial e internacional que examine todas las evidencias. Es más, con su gesto Erdoğan bien podría haber dejado a las claras ante Armenia -pero sobre todo ante la comunidad internacional- que Turquía no tiene ningún problema en someter a exámen su pasado y mostrar públicamente sus archivos... En todo caso, bienvenido sea un nuevo debate sobre el genocidio armenio, si ello representa romper con otro tabú más.

Tampoco me resultan válidos los argumentos de que con este debate se estén dañando los cimientos de la unidad de Turquía, o sembrando la semilla del odio entre los turcos... Durante años, décadas, se hizo obligado convivir a verdugos y víctimas, a culpables e inocentes, sin permitir que los segundos pudieran recibir una compensación de los primeros (y no hablo aquí sólo de lo ocurrido en Dersim, ni mucho menos) ni tener el simple consuelo de que se hiciera justicia. Todo ello no creó unidad, ni fraternidad, ni convivencia... sino injusticias, impunidad, resentimientos, odios, divisiones... heridas sin cicatrizar y males que a la larga han sido el caldo de cultivo de muchos de los problemas que aún arrastra hoy día Turquía.

El recurso a la "unidad nacional" amparada en el silencio y la impunidad no son más que recursos habituales de un nacionalismo que a estas alturas está trasnochado y caduco, y al que se ha aferrado una vez más el CHP demostrando su falta de ideas pero sobre todo de compromiso real con los profundos avances democráticos que necesita y exige Turquía. Los pueblos, como los matrimonios o las mejores familias, necesitan mucho más que vivir juntos para estar unidos. Necesitan de la confianza mutua y la seguridad que dan el saberse protegidos pero también libres para recordar el pasado, entender el presente, y afrontar juntos el futuro.

Turquía sigue rompiendo tabúes bajo el AKP; pero no es un partido, sino la sociedad que tiene detrás, quien los está logrando realmente. Veremos si todos estos cambios históricos culminan en una nueva constitución civil y democrática para 2012, como ha prometido el gobierno. Mientras tanto aquellos que siguen anquilosados en el pasado y en los viejos "hábitos" seguirán a buen seguro en la oposición mientras no consigan comprender que lo que quiere Turquía es: más democracia, más libertad, y más cambios... Vista su decepcionante actuación ante el nuevo "tabú" que se ha roto al hablar de Dersim, quizás sea mejor que sigan ahí por mucho tiempo.

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