Eurasia

Hispanatolia utiliza cookies propias y de terceros para funcionar correctamente y recopilar estadísticas sobre el tráfico de usuarios, así como para mostrarte contenidos y publicidad personalizados mediante el análisis de tu navegación. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso en esta web. Puedes obtener más información y aprender a gestionarlas en nuestra Política de Cookies.

X

Publicidad

Opinión

Pablo Gómez

Pablo Gómez

Crónicas de Oriente

El gran problema kurdo

25-03-2011 - 02:49 CET

Volver

Hace poco encontraba por casualidad buceando por internet un reportaje realizado en el año 2008 para el programa "En Portada" de TVE, titulado "El sueño kurdo, la pesadilla turca", que precisamente abordaba la cuestión kurda en Turquía.

Quizás esperaba demasiado de aquel reportaje, teniendo en cuenta que tenía detrás a la Radio Televisión Española, pero el caso es que tras concluir los cerca de 50 minutos que duraba el video ya me había oído decir a mí mismo varias exclamaciones, y mi rostro reflejaba una profunda decepción. Hay quien piensa que esto pueden ser palabras "pasadas de moda" en los tiempos que corren, pero soy de los que mantengo que un periodista tiene una responsabilidad a la hora de informar y por tanto debe exigirse a sí mismo un mínimo de rigor y objetividad cuando se dispone a cubrir una noticia o un hecho, y en la medida de lo posible abstraerse a priori de cualquier prejuicio u opinión personal que tenga sobre el tema. Pero como digo, corren otros tiempos y demasiado a menudo nos encontramos con que lo que prima más es vender y atraer al público, aunque sea a costa de repetir ciertos tópicos y de decirle a nuestro público objetivo lo que quiere oír, no vaya a ser que despertar en ellos otra perspectiva de las cosas vaya a obligarles a pensar, les resulte molesto, o incluso me quite protagonismo personal... Quizás la reciente entrevista -también en TVE- al presidente iraní Mahmud Ahmadineyad sea un buen ejemplo de esto, o al menos uno de los más recientes.

Del título del reportaje ("El sueño kurdo, la pesadilla turca") cabría esperar -o eso pensé yo cuando me senté a verlo- un análisis serio y riguroso del conflicto kurdo en Turquía visto desde ambas partes; es decir, analizando el problema kurdo desde todas sus perspectivas, desde aquellos que aún hoy en día defienden la lucha armada que sostiene el PKK contra el estado turco, pasando por la opinión de las víctimas del conflicto -en ambos bandos-, hasta llegar a la de muchos kurdos que creen -aunque tienen problemas en decirlo- que el PKK es el principal obstáculo para que la minoría kurda obtenga más derechos culturales en Turquía, o que no por fuerza todos los kurdos tienen las mismas ideas vinculadas al nacionalismo de izquierdas kurdo en la región sureste del país, representado actualmente por el Barış ve Demokrasi Parti (Partido de la Paz y la Democracia, o BDP), sucesor del ilegalizado -por vínculos con el PKK- Demokratik Toplum Partisi (Partido de la Sociedad Democrática, o DTP).

Lamentablemente no fue nada de eso lo que me encontré. Básicamente desde el principio y a lo largo de los 46 minutos del programa lo que se hacía era describir la situación de los kurdos en Turquía desde una perspectiva completamente sesgada y vinculada al nacionalismo kurdo; el estado turco aparecía como un estado opresor que perseguía y pisoteaba los derechos de los kurdos, y todos los problemas que arrastra la población kurda en Turquía son responsabilidad y consecuencia de esa política: la pobreza, el analfabetismo (especialmente entre las mujeres), la división en clanes, la persistencia de estructuras tribales y fuertemente patriarcales; la violencia que no sólo se da hacia afuera, sino entre los propios kurdos; incluso la propia violencia machista hacia las mujeres en forma de los llamados "crímenes de honor", en los que se las obliga a suicidarse (crímenes que el reportaje atribuye también a la represión del estado)... Todo es justificable: todo es culpa del otro.

Comprobé con sorpresa que prácticamente se hacía una exaltación de la lucha armada del PKK, destacando -de boca de un antiguo jefe del grupo terrorista al que se entrevista- la "presencia de muchas mujeres" entre sus filas, pasando sin embargo de puntillas por la violenta represión que a menudo ejerce la llamada "guerrilla kurda" contra aquellos kurdos que no apoyan sus postulados nacionalistas o que trabajan para el gobierno: kurdos estos últimos que eran "obligados" contra su voluntad, según la "particular" versión dada en el reportaje, donde sin embargo ni siquiera se mencionaba cómo se obliga a familias enteras a votar por determinados partidos afines al PKK en las elecciones.

Opiniones sobre lo bien que viven los kurdos de Irak (con su gobierno "prácticamente independiente") comparados con los de Turquía, afirmándose que los kurdos de Turquía quieren irse allí; entrevistas con ex líderes del PKK, con madres de antiguos miembros, con políticos vinculados al nacionalismo kurdo... En fin, en conjunto a lo largo del reportaje conté poco más de 2 ó 3 minutos dedicados a escuchar la opinión de alguien que no defendiera las tesis o los argumentos vinculados al nacionalismo kurdo, y siempre como base para una posterior crítica. Por supuesto se hablaba del polémico canal "Roj TV" -que afronta serios problemas legales en Europa como instrumento propagandístico del PKK- como "el canal de los kurdos", las medidas aprobadas por el gobierno del AKP no eran más que una "tapadera" de cara a complacer a la Unión Europea... Todo el mundo piensa igual, todos somos muy buenos, y todo es culpa del estado opresor... Durante las largas y repetidas apariciones de políticos vinculados al nacionalismo kurdo se hablaba de "persecución política y judicial", pero en ningún momento se mencionaba que no sólo en Turquía, sino también desde varias organismos -entre ellos la Unión Europea- se ha exigido en repetidas ocasiones al DTP y luego al BDP que se distancie de la violencia y del PKK...

Para alguien como yo, que conoce Turquía y que tiene vínculos familiares en la Anatolia oriental, pero que también ha vivido un tiempo en el País Vasco, la sucesión de disparates y despropósitos, de verdades a medias y de mentiras disfrazadas de verdad, me recordaba demasiado a algunos de los postulados y panfletos abertzales que tantas veces oí y vi hace ya algunos años. Cuando la autora del programa concluía al final hablando de sinsentidos como "política de asimilación" (e irónicamente, lo hacía con una canción en turco...) porque en ciertas provincias del sureste -reivindicadas por el nacionalismo kurdo- la población kurda no constituye una mayoría, temí que de un momento a otro comenzase a hablar ya de paso de la "política de asimilación" de los gobiernos francés y español en Bayona, Vitoria y Navarra... En fin: ver, oír, y callar (a veces no queda más remedio, y muchos sabrán de lo que hablo).

No quisiera culpar enteramente a la autora del reportaje, que quizás con las prisas o los nervios se rodeó de la gente equivocada; o quizás simplemente no pudo sustraerse a la tendencia general a ver el nacionalismo kurdo como un fenómeno distinto al que se vive en otros países, como España, donde luego nos rasgamos las vestiduras cuando algún político o periodista extranjero vuelve a su país diciendo que en España hay represión contra los vascos o los catalanes.

Tampoco quiero que se me entienda mal. No sólo simpatizo -por lazos tanto afectivos como familiares- con los kurdos de Turquía, sino que apoyo varias de las reivindicaciones que sostienen partidos nacionalistas como el BDP (ojo, y no sólo ellos), incluyendo su derecho a aprender su lengua materna, o la reducción de la barrera del 10% para que un partido pueda entrar en la Asamblea Nacional Turca; de todas formas tanto el DTP como su sucesor, el BDP, siempre han obtenido como mucho en torno al 4 ó 5% de los votos a nivel nacional en Turquía, y aproximadamente un 50% entre la población de origen kurdo, lo cual les otorga legitimidad para sus reivindicaciones pero no para erigirse como únicos representantes de los kurdos de Turquía ("los kurdos de los otros partidos no son auténticos", suelen decir), por más que ellos quieran verse así.

En cualquier caso, considero que fue un error ilegalizar en su día (a finales de 2009) el DTP, por mucho que sea consciente de que muchos de sus miembros mantenían algo más que simpatías con el PKK, y que había argumentos jurídicos para la ilegalización; y lamenté profundamente que se apartara de la política a un político de la talla de Ahmet Türk, que siempre fue la voz discordante dentro de su partido en cuanto a distanciarse del terrorismo kurdo y un gran defensor de la paz, aunque finalmente pagó el precio de ser la cabeza visible del DTP y -ya que estamos- de una Ley de Partidos que necesitaba una severa reforma en Turquía.

Pero todo esto no debe distraernos del hecho de que la situación de los kurdos en Turquía durante años -especialmente en los 80 y 90- estuvo ligada a una privación de libertades que afectó a toda Turquía y a todos sus ciudadanos por igual, producto del brutal golpe de estado de 1980 que eliminó muchos derechos fundamentales. Desde aquellos oscuros años, la situación ha mejorado considerablemente y han sido muchos los avances, especialmente en lo que se refiere a los derechos culturales de los kurdos, que ahora pueden estudiar, hablar, leer y ver en la televisión su lengua libremente. Seguramente haya mucho por avanzar, qué duda cabe; pero todo ello resulta inviable mientras grupos como el PKK se obstinen en mantener una lucha armada que en estos momentos no persigue ningún fin más que su propia supervivencia, como ya he denunciado numerosas veces desde estas líneas. Y a ello hay que sumar un nacionalismo kurdo que tiene en el País Vasco y en el PNV una referencia, pero que en estos momentos se asemeja más a la izquierda abertzale por su negativa a condenar la violencia terrorista y sus lazos aún persistentes -y estrechos- con el PKK.

Por eso resulta chocante, al menos para quien conozca un poco la política turca, que esta semana el co-presidente del BDP, Selahatin Demirtaş, anunciase una campaña de "desobediencia civil" para imponer lo que asegura son demandas del pueblo kurdo... Resulta sospechoso que, al igual que hizo recientemente el PKK anunciando por sorpresa el final de la tregua (tal y como deseaba -por cierto- su líder Abdullah Öcalan), el BDP quiera influir en la próxima cita con las urnas volviendo a sembrar tensión a menos de tres meses para unas elecciones generales: una tensión que parece beneficiar al nacionalismo kurdo y que éste suele buscar en estas fechas; y desde luego, llama la atención que un partido que se niega a condenar la violencia recurra a una práctica que se asemeja más a los métodos de Gandhi que a los cócteles molotov y barricadas en las calles, o a los ataques con lanza-morteros de los últimos días contra varias comisarías en Diyarbakır... Al fin y al cabo, puede que esta nueva "ocurrencia" del BDP no sea más que otra de las continuas contradicciones de que adolece el nacionalismo kurdo en Turquía.

En democracia, todas las reivindicaciones son legítimas, y desde luego la minoría kurda de Turquía -que es una más de la treintena de etnias que integran el mosaico de la sociedad turca, no lo olvidemos tampoco- merece muchas de ellas. Queda mucho, eso es cierto, para que sea factible una amnistía general; y desde luego la sociedad turca (entiéndase: la sociedad de toda Turquía, ya que la Constitución del país dice claramente que todos los ciudadanos son iguales sea cual sea su etnia, origen o creencia) no creo que pueda estar preparada jamás para ocurrencias como la que planteaba recientemente el Congreso de la Sociedad Democrática (DTK, paraguas de varios movimientos kurdos), que sugería sacar a Öcalan de la cárcel y que cumpliera su condena en una villa junto al mar.

Pero lo que deberíamos tener claro a estas alturas, lo que tienen claro cada vez más kurdos en Turquía, y lo que desde luego sería deseable que más pronto que tarde tuviesen claro los dirigentes de formaciones nacionalistas como el BDP, es que actualmente el principal problema (origen de todos los demás) que tienen los kurdos no es ni el Estado turco, ni el ejército, ni la policía, ni el idioma, ni la barrera electoral del 10%...

Hoy día, el gran problema kurdo tiene un nombre, y se llama: PKK. Y todo lo demás, es paja. Y mientras el nacionalismo kurdo no resuelva ese dicotomía que mantiene entre la política y la violencia de la que aún es esclavo, nada... Nada de lo que exija tendrá la legitimidad suficiente ante la sociedad turca ni para ser debatido, ni para convertirse algún día en realidad.

Volver

Opina:

  • AVISO
    No se admiten comentarios xenófobos, ofensivos, calumniantes, o que inciten a la violencia. El usuario debe respetar las leyes y las normas de uso de la web.
  • Imagen de seguridad Cargar otra diferente

* Campos obligatorios

1 Comentarios

  • came verduzco el Domingo, 12 de Mayo de 2013 a las 20:09:11

    La otra revolución de la que ni siquiera se sabe que existe

    Denunciar

Mostrando del 1 al 1 de 1 registros.

Conforme con W3C: XHTML 1.0 y CSS 2.1

Diseño web: Redplanet