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Opinión

José Luis Roldán

José Luis Roldán

Desde la ventana

Estambul, campo de batalla

05-06-2013 - 12:00 CET

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Viernes. 31 de mayo. Pocos podrían imaginarse que lo que empezó con una simple manifestación en contra de la erradicación de Gezi Park, con medio centenar de personas defendiendo una idea en la mañana del jueves, acabaría en una lucha en defensa de derechos humanos que poco (o nada) tiene que ver con la idea inicial.

Por eso me pregunto... ¿qué relación guarda la idea inicial con la revolucionaria manifestación? ¿Es normal que la situación convierta el centro de la ciudad en un campo de batalla solo por un desacuerdo en relación a la construcción de un nuevo centro comercial? NO. Lo que empezó siendo una protesta en contra de una destrucción de zona verde, se está convirtiendo en una auténtica zona de guerra, al más puro estilo guerra civil.

Para situarnos: Tres razones básicas del porqué de todo esto.

-El gobierno de Erdoğan está llevando a cabo destrucción de zonas públicas y edificios emblemáticos para construcción de centros comerciales o mezquitas. Las protestas en este sentido no son permitidas. En una democracia real, los ciudadanos tienen derecho a cuestionar y criticar las iniciativas del gobierno. El pueblo turco se ha cansado de no tener voz ni voto, y seguir viendo cómo se destruyen keynotes building y espacios públicos para la edificación de símbolos musulmanes.

-El uso de fuerza excesiva. Sin duda, durante estos días se ha estado viendo una brutalidad policial con cargas fuera de justificación alguna, empleando gases lacrimógenos, gas pimienta o pistolas de agua a presión. Los antidisturbios aparecieron incluso antes de que el mismo disturbio llegara a aparecer.

-Censuras en medios de comunicación. No es comprensible cómo en una democracia se puede pretender tener control absoluto sobre los temas y la difusión que los canales televisivos llevan a cabo. Más si cabe, dado la envergadura que ha tomado el asunto, donde medios informativos internacionales se han hecho eco de estas manifestaciones, y donde los canales turcos en ese momento mostraban publicidad o programas de cocina para tapar la verdad.

La gente se lanza a la calle, fruto de más de diez años de privatización de derechos a la sombra de un gobierno extremadamente conservador que se escuda en el fuerte crecimiento del país como argumento en contra de las críticas que recibe por sus medidas políticas. La gota que colmó el vaso, la última decisión en contra del alcohol.

(Palabras de Erdoğan: "Queremos y tenemos la obligación de hacer del Ayran, la bebida referencia en Turquía").

La dureza con la que la policía se enfrentó a los manifestantes, desató aún más rabia entre los mismos, que en lugar de acobardarse en sus casas y huir de los problemas se fueron reagrupando. Un círculo vicioso que cada vez daba lugar a más represiones policiales y por ende, a más unión de un pueblo harto de que el primer ministro use a su antojo su puesto de poder para hacer y deshacer según su criterio.

Para un español que reside actualmente en Estambul, lo más llamativo fue la NULA información que los medios informativos dieron en relación a este suceso. Llama la atención una foto difundida por internet en el que la internacional CNN emitía lo que acontecía en directo en Estambul, mientras que la filial CNN turk ofrecía un programa de pingüinos, la TRT (la televisión turca) un programa de cocina, y la NTV la repetición de un partido de fútbol entre el Fenerbahçe y el Galatasaray. Otra muestra más de la dictadura que por momentos parece vivirse aquí.

Es curioso que, desde el punto de vista del primer ministro, las redes sociales sean el cáncer de la situación actual turca, llegando a decir que: "El problema la sociedad hoy en día tiene nombre, y se llama twitter. La gente comenta mentiras y eso es lo que desencadenan los problemas que hoy en día tenemos en Turquía". Es decir, que cuando ocurra algo de este calibre en Turquía, lo mejor para la sociedad es ofrecer un partido de fútbol, cómo se prepara una çorba, o cómo los pingüinos caminan por el hielo, antes que informar y contar la verdad. Gracias a las redes sociales, el mundo entero pudo llegar a saber lo que estaba ocurriendo en Estambul y en el resto del país.

Gases lacrimógenos, pistolas de agua a presión, brutalidad policial, bloqueos de estaciones de metro rociando con gas lacrimógeno a los manifestantes que se encontraban dentro, o entrar por la fuerza en la universidad de Bahçeşehir para dar caza a protestantes refugiados en su interior. Un total de más de 2.000 detenidos por la manifestación. La cifra que ofrecen los hospitales es de más de 500 heridos (30 de ellos en estado crítico) y se llega a hablar de muertos (recogidos en imágenes como pueden verse en occupygezipics.tumblr.com) sin un número exacto. Las cifras que el estado ofrece son solo 100 heridos, sin muertos ni heridos graves. Claro, estarían pendientes de los pingüinos...

Sorprende sin embargo las palabras del pasado domingo ante el líder de la oposición que exigía que pidiera perdón a la gente, en las que Erdoğan reconocía en tono déspota y posición altiva "quizás la fuerza fue algo excesiva" aunque no pidió disculpas en ningún momento de lo sucedido. Al contrario, se entonó enrabietado cuando el líder de la oposición le pidió que escuchara al pueblo y que se percatara de lo que 100.000 personas estaban reclamando, a lo que el primer ministro respondió con el aire chulesco que le caracteriza: "Si tú puedes reunir a 100.000, yo puedo reunir 1 millón" en un claro intento de amenazar con que él no se rendirá ni dejará que nadie le tosa. Sin embargo, hay algo que ha quedado claro en esta turkish spring y es que el pueblo ha trazado una línea en el suelo y ha dicho "¡basta!, no traspasaremos esta línea".

Barricadas, cortes de calles, destrucción de vehículos, palizas, bloqueos de transportes públicos, pistolas de agua a presión, gas pimienta... Algo impropio de un estado democrático, de una sociedad moderna y de un país que aspira a convertirse en miembro de la Unión Europea.

Aun hoy, en numerosos barrios de Ankara se han construido barricadas y se han realizado vigilias y caceroladas alrededor de hogueras. En Estambul miles de manifestantes siguen ocupando la plaza de Taksim y el adyacente parque de Gezi, mientras varias calles a más de un kilómetro permanecen cortadas por decenas de barricadas.

El alcance que tomará no parece muy claro, más aun cuando por el momento no muestra signos de que vaya a acabar en un horizonte temporal temprano. E incluso aunque así ocurriera, una cosa hay clara. Erdoğan sale muy malparado de esta situación, y la mente del pueblo Estambulita difícilmente pueda olvidar el trato recibido durante esta semana. Turquía ha tomado nota, eso está claro. No todo puede ser crecimiento cuando se están vulnerando derechos humanos tan básicos como el derecho de manifestación o cuando la censura de los canales televisivos escondiendo la verdad ha sido la cara que el primer ministro ha querido transmitir al pueblo turco.

Ya lo decía una pintada en la fachada de una casa por los alrededores de Beyoğlu el viernes por la tarde:

Devrim Televizyonlardan Yayınlanmayacak!

(La revolución no será retransmitida por televisión). Y qué gran verdad…

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1 Comentarios

  • Raul el Domingo, 9 de Junio de 2013 a las 20:11:45

    Muy buen artículo. Es interesante conocer diferentes opiniones de lo que está pasando en Turquía.

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