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Opinión

Ariel Gonzalez Levaggi

Ariel Gonzalez Levaggi

Horizontes comunes

Papa Francisco, Turquía y la Alianza de Civilizaciones

14-12-2014 - 12:00 CET

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A mediados de septiembre de 2014, el Papa Francisco habló de la existencia de una Tercera Guerra Mundial combatida por partes, con crímenes, masacres y destrucciones en la cual convergen intereses, estrategias geopolíticas además de la permanente codicia de dinero y poder. Medio Oriente es una de las regiones a las cuales se refería indirectamente el Pontífice. La región se encuentra en un lamentable espiral de violencia luego que la “Primavera Árabe” terminara en un invierno sangriento.

En los últimos dos años, las expectativas democráticas se frustraron y los procesos populares terminaron en Golpe de Estado como en Egipto, congelamiento de las demandas democráticas como en los países del Golfo o directamente con la ruptura de los circuitos tradicionales de legitimidad estatal con una intervención militar extranjera (Libia) o el desarrollo de una guerra civil (Siria) que se suma a la emergencia del autodenominado “Estado Islámico” como un subproducto de la invasión norteamericana a Irak en 2003 y el caos en Siria. Turquía no es un actor secundario en este escenario dada la cercanía geográfica, con su consecuente proyección geopolítica de sus intereses, y su rol como miembro de la Organización del Atlántico Norte (OTAN).

El crecimiento de la violencia y el fundamentalismo en la región han afectado la vida cotidiana de los cristianos de oriente que se han visto obligados a emigrar de sus comunidades. Por esta razón, la región es uno de los epicentros de la Diplomacia Vaticana durante la Era Francisco no solamente por la existencia de los Santos Lugares y la convivencia pacífica en Tierra Santa – tradicional interés de la Santa Sede - y la unidad de Iglesia Católica con la Iglesia Ortodoxa, sino por la situación de extrema fragilidad de las comunidades cristianas. Por lo tanto, la visita del Papa Francisco a Turquía – la segunda a Medio Oriente, luego de visitar Israel y Jordania en mayo de 2014 – tiene un sentido trascendental para conseguir el apoyo político de Turquía para colaborar en la protección de las minorías cristianas además de impulsar el proceso de dialogo y unión con la Iglesia Ortodoxa.

Actualmente hay un consenso en que durante el actual gobierno del Partido Justicia y Desarrollo (AKP), Turquía se ha reencontrado con sus raíces otomanas e islámicas, o bien, ha reconstruido un puente que conecta el legado del Imperio Otomano con las bases de la República. Si bien ciertos analistas internacionales han interpretado esta transformación hacia una “Nueva Turquía” como un retroceso en términos de su identidad secular y su relación con Occidente, otros evalúan que las modificaciones en la arena pública han llevado hacia una mayor liberalización social además de una mayor apertura hacia comunidades no turcas (armenia y kurda) o no sunníes (alevies).

Sobre la base de la herencia otomana, el AKP ha desarrollado una exitosa diplomacia pública mostrando el atractivo cultural e histórico del país. La acertada publicidad de su imagen internacional – con rendimientos crecientes en materia de turismo y comercio – fue acompañada por un activismo en su política exterior centrado en las regiones que anteriormente pertenecieron al Imperio de los Sultanes: Medio Oriente, Balcanes, Magreb y Europa Oriental. Tradicionalmente, Turquía se ha presentado como un puente geográfico entre Asia y Europa; civilizatorio entre Oriente y Occidente; y de un modo cultural entre el mundo islámico y el mundo cristiano. Sin embargo, la actual administración ha tratado de ir más allá de ese “tradicional” rol presentándose como un interlocutor válido del mundo islámico. Un ejemplo patente de ello ha sido su activa participación en la génesis y desarrollo de la Alianza de Civilizaciones.

La Alianza de Civilizaciones fue originalmente establecida en 2005 bajo el impulso de España y Turquía y luego adoptada oficialmente por el Secretariado de las Naciones Unidas, con el fin de incrementar el conocimiento y las relaciones de cooperación entre las naciones y pueblos más allá de culturas y religiones, además de contrarrestar las fuerzas que alimentan la polarización y el extremismo. En el año de su fundación, las consecuencias de la invasión norteamericana de Irak se encontraban en su punto más crítico. Una postura alternativa en favor de la paz era necesaria para neutralizar las fuerzas del radicalismo tanto occidental como islámico. La propuesta, sin embargo, se amplió globalmente perdiendo en cierto sentido su original objetivo de articular posiciones entre el mundo occidental e islámico.

En febrero de 2014, durante una reunión entre el entonces Primer Ministro Recep Tayyip Erdoğan y el Presidente Español Mariano Rajoy, se intentó revivir el proyecto pero el lado español no demostró mayor interés. Las prioridades habían cambiado. De todas maneras, Turquía todavía está interesada en darle un vuelo más relevante a la Alianza de Civilizaciones por la ascendencia de la amenaza radical del “Estado Islámico” y el crecimiento de la Islamofobia en Occidente, dada la percepción de amenaza de los “Luchadores Extranjeros” que han ido a pelear junto al EI y otros grupos radicales y que se encuentran volviendo a sus países de origen.

Turquía necesita buscar un aliado que asegure un canal de diálogo y legitimidad en “Occidente” para construir puentes de diálogo y evitar la creciente brecha con mundo islámico dada la emergencia del EI y su pretensión de representación de la Ummah (comunidad islámica). En este sentido, la visita del Papa Francisco y la correcta relación bilateral entre el Vaticano y Ankara pueden colaborar con la búsqueda de un interlocutor en Occidente. Así como el Papa Francisco provino del “fin del mundo”, el nuevo socio de Turquía en la Alianza de Civilizaciones podría provenir de las periferias existenciales de América Latina, que se caracterizan por una convivencia pacífica entre las diferentes expresiones religiosas y la inexistencia de Islamofobia.
 

Ariel Gonzalez Levaggi

Secretario de la Cátedra de Estudios Turcos, Departamento de Eurasia (IRI/UNLP)

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