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Opinión

Hakkı Öcal

Hakkı Öcal

El nacimiento de la Turquía republicana: el camino de una nación hacia la independencia

30-10-2018 - 00:00 CET

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La era republicana en Turquía comenzó con la culminación de una larga lucha contra los imperialistas británicos y franceses. En 1915 se habían reunido para concluir lo que sería conocido como el Acuerdo de Asia Menor (Acuerdo Sykes-Picot), un pacto secreto sobre el que el Imperio Ruso primero consintió, y luego disintió. De cualquier modo los británicos y los franceses llegaron a un acuerdo sobre cómo desmembrar el Imperio Otomano y sobre la partición de sus territorios entre ellos, ya fuera anexionándoselos o poniéndolos bajo su protección.

El acuerdo fue divulgado a la opinión pública por los revolucionarios rusos el 23 de noviembre de 1917. Mehmed Reşad era el monarca que reinaba en el trono, el penúltimo sultán otomano, y había estado supervisando la cesión de los territorios del Imperio en el norte de África y las Islas del Dodecaneso, incluyendo Rodas, la traumática pérdida de casi todos los territorios europeos del imperio al oeste de Estambul, y la entrada del imperio en la I Guerra Mundial, lo que a la postre llevaría al final del Imperio Otomano.

Según los historiadores, no fue completamente culpa suya; pero el gobierno, erigido por el primer golpe militar (1908) en Turquía, había estado formado por aquellos que se oponían a la forma de actuar equilibrada del anterior sultán, Abdülhamid II, hacia los poderes imperiales de Europa. Ese gobierno estaba formado por miembros del Comité de Unión y el Progreso (CUP), que representaba a la élite principal de educación alemana de la burocracia otomana y a las fuerzas armadas, que se alinearon con Alemania, y que perdieron la guerra con ellos.

En resumidas cuentas, el último sultán otomano Mehmed Vahideddin, que no tenía ninguna esperanza de ascender al trono y se había convertido en heredero tan sólo en el año anterior, se suponía que debía llevar a cabo los rituales funerarios del Imperio Otomano. Sin embargo, él tenía otros planes diferentes. En primer lugar, Şahbaba (Padre Emperador, como era afectuosamente llamado por su familia) despidió al gobierno de la CUP e hizo llamar al único oficial otomano en quien podía confiar.

Cuando era un príncipe lejano sin ninguna esperanza al trono hizo un largo recorrido por Alemania y los países de Europa Central, y un joven coronel, Mustafa Kemal (posteriormente Atatürk) fue su ayudante. Cuando accedió al trono tras la muerte de su tío, hizo llamar a Mustafa Kemal, ahora un general tras su papel en la defensa de los Dardanelos, así como a otros oficiales que no habían jugado ningún papel en el golpe de Estado de 1908, que no tenían ninguna implicación en las masacres armenias, y que no tenían ninguna preferencia por ninguna potencia europea como aliado. Por supuesto, estas condiciones hicieron corta la lista de asesores, o más bien, muy corta. Después de casi nueve meses de detalladas discusiones (Estambul estaba bajo la ocupación británica y el sultán y su cuerpo de consejeros se reunían casi de forma clandestina) y de una meticulosa planificación, el sultán envió a 48 hombres con seis caballos a organizar la defensa de Anatolia contra la ocupación de las Fuerzas Aliadas y con un plan.

Al igual que la lista de asesores imperiales y su selección de oficiales para defender la patria, el plan era también muy corto: el acuerdo franco-británico ya se había aplicado. Fue acrecentado por un acuerdo no tan secreto firmado en Versalles que puso fin a la I Guerra Mundial. Las potencias aliadas ocupaban ahora Alemania y el Imperio Otomano. El sultán creía que los líderes imperialistas europeos tenían ahora otro espectro que temer: la Rusia Roja. No optarían por aniquilar el Imperio Otomano totalmente; habría un Estado turco para detener la expansión de este Estado comunista y su ideología. Además, el sultán otomano era el líder espiritual de muchos súbditos británicos en el sur de Asia. Mustafa Kemal y su grupo serían capaces de reorganizar el ejército otomano y lo que había quedado del aparato burocrático del imperio en Anatolia para proporcionar la columna vertebral de un Estado otomano más pequeño.

El escollo -o en realidad 14 escollos- vino desde el otro lado del Atlántico: el presidente de los Estados Unidos presentó sus términos para el acuerdo de paz. El entonces presidente Woodrow Wilson pidió la ocupación total de Anatolia para crear una Armenia en el este, un Kurdistán en el sur y una extensión de Grecia en Anatolia Occidental como un Imperio Helénico.

Wilson defendía la idea de que los otomanos habían reprimido a los pueblos musulmanes y no musulmanes de modo que no habían tenido la oportunidad de desarrollar su identidad y cultura nacionales; y tras el acuerdo de paz, los Estados Unidos estaban listos para ayudar a las potencias europeas a apoyar a estos pueblos a desarrollar su condición de nación. En otras palabras, Wilson sugería declarar la nueva Armenia, el Kurdistán y la Gran Grecia como protectorados de los EE.UU. Los británicos y franceses habían estado haciendo prácticamente lo mismo en el Medio Oriente otomano, así que ¿por qué no deberían los EE.UU. hacer lo mismo en Asia Menor?

Como primer paso, la Marina estadounidense y barcos mercantes transportaron a soldados griegos y a observadores estadounidenses a lo que había sido llamado por Wilson la zona de Smyrna. Documentos recientemente desclasificados de los archivos británicos y franceses muestran que los gobiernos de Francia e Italia se opusieron al primer ministro británico Lloyd George, quien apoyó la acción de EE.UU. Sin embargo, las potencias europeas se unieron para rechazar la idea de Wilson para Armenia y el Kurdistán, porque sabían que necesitaban a los turcos allí frente a la entidad que se había convertido en la Unión Soviética.

Según Arnold J. Toynbee, el famoso historiador británico, fue la ocupación griega de Smyrna, la contemporánea İzmir, la que creó el movimiento nacional turco. Él argumenta: “La guerra entre Turquía y Grecia que estalló en esta época fue una guerra defensiva para salvaguardar la patria de los turcos en Anatolia”.

¡Sí y no! Las tropas griegas desembarcaron en İzmir el 15 de mayo de 1919. El movimiento nacional turco se había iniciado cuando Mustafa Kemal y su grupo partieron del Estambul ocupado casi el mismo día. Sin embargo, el edicto imperial para unir este gran grupo de oficiales militares, antiguos gobernadores, abogados, responsables de salud, contables, funcionarios civiles de varios rangos y expertos, había sido emitido hacía casi un año. Se habían emitido varias órdenes a las guarniciones del ejército y a los gobernadores para que cumplieran y facilitaran el trabajo de Mustafa Kemal y su grupo, que había visitado muchas provincias desde el frente ruso en el este, a la línea hasta donde el ejército griego había avanzado en el oeste.

Pero es cierto que cuando las fuerzas griegas, a pesar de las protestas del ejército británico, comenzaron a expandir su ocupación y esto fue de alguna forma tolerado por el sultán en Estambul, Mustafa Kemal y su grupo concluyeron que un gobierno en el Estambul ocupado no podría llevar a cabo una lucha que había comenzado a parecerse a una guerra de independencia.

Llegados a este punto, todos los puentes habían sido quemados y el gobierno de Ankara había nacido, y como dice Toynbee, el movimiento nacional turco había comenzado. El gobierno de Ankara convirtió la campaña de Wilson y de los griegos en Asia Menor en una catástrofe en Asia Menor, llevando a cabo negociaciones exitosas con británicos e italianos para poner fin a su ocupación en Anatolia, y obtuvo el apoyo francés en el ámbito internacional.

Ese nuevo régimen declaró la muerte del imperio y anunció la creación de la nueva República, que envió al último sultán otomano y a todos los miembros varones de la histórica Casa de Osman –la dinastía otomana- al exilio. Los ideólogos del nuevo régimen han desacreditado y distorsionado el verdadero significado de lo que representó la Nueva República a la par que han impedido que los científicos corrigieran sus errores. Hasta hace muy poco, mencionar el papel del Sultán Vahideddin en la organización de la Lucha Nacional era un tabú en círculos académicos y en medios de comunicación. Mucho antes de la declaración de la nueva República Turca en 1923, los intelectuales otomanos habían debatido la cuestión de la soberanía nacional en una monarquía constitucional.

Namık Kemal (escritor, periodista y activista otomano) y su grupo de Jóvenes Otomanos vio que las auténticas raíces islámicas de los otomanos impidieron que los sultanes se convirtiesen en autócratas con un poder absoluto; por el contrario, el monarca otomano estaba sujeto a una constitución, una divina: la declaración de lealtad del pueblo hacia él le hacía declarar nuevas leyes, promulgar leyes e imponer castigos de acuerdo a la ley de la Sharia. Sin embargo, con la necesidad de crear una nueva élite para reemplazar a la antigua élite imperial, y el deseo de establecer una identidad de la nueva nación para reemplazar al “otomanismo”, los ideólogos del nuevo régimen convirtieron la palabra Sharia en algo tan sucio que incluso hoy día los académicos la emplean con muchas reservas y adjetivos. Aun así, el simple hecho de que la llegada de la Republica fuese tan fácil y entusiastamente aceptada por el pueblo turco, y su adopción de la democracia multipartidista de forma tan apasionada, demuestran al mundo que la caracterización que Wilson hizo de los turcos como un pueblo reprimido que necesitaba la guía y la educación de Occidente era totalmente incorrecta.

Los turcos son republicanos de corazón: y celebramos el Día de la República con sentida sinceridad.


 

Artículo traducido del original publicado el 28-10-2018 en el diario turco Sabah.

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1 Comentarios

  • jole el Martes, 30 de Octubre de 2018 a las 11:00:55

    Es una pena que el nazionalismo turco, indisolublemente ligado a la moderna Turquía,, nunca haya sido nada tolerante con la antigua diversidad cultural que la eterna Anatolia. Basar la identidad de Turquía en sólo uno de sus componentes, por muy mayoritario que sea el componente turco, es, precisamente, su debilidad; ya que no se acepta como un todo.

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